Dos burgalesas, evacuadas en los incendios de California

L.M.
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Junto a otra enóloga manchega fueron evacuadas de la bodega en la que trabajan ante el avance de las llamas. Destacan la amabilidad y la ayuda recibida

Las burgalesas Irene (centro) y María (izquierda), junto a su compañera Elisa. - Foto: DB

Las imágenes que llegan por televisión del incendio en el estado de California ponen los pelos de punta. Las llamas, jaleadas por rachas de viento de 128 kilómetros por hora, que ni los expertos del Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos recuerdan haber visto nunca, cercaban ayer la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan y amenazaba 6.500 casas. Los equipos de bomberos se desviven por detener un fuego, al que han puesto hasta nombre, Kinkade Fire, que ya ha arrasado decenas de miles de hectáreas y continúa sin control.

Aunque el incendio comenzó en las inmediaciones de la ciudad de Gersyerville el pasado día 23, todo arrancó dos semanas antes. «La compañía eléctrica decidió cortar la luz para evitar que se produjesen los incendios que hubo hace dos años en la misma zona», explican Irene Rodríguez, María Bercedo y Elisa Pérez. Las primeras, burgalesas; la última manchega, de Talavera de la Reina. Las tres jóvenes trabajan como enólogas en Seghesio Familia Vineyards, una bodega de la ciudad de Healdsburg, en el condado de Sonoma. Y las tres han vivido -y lo siguen haciendo- en primerísima persona el avance del incendio desde el primer día. «El miércoles (23 de octubre) volvieron a cortar la luz por otra alerta de fuertes vientos, por precaución. Pensábamos que la cosa no iría a más, pero esa misma noche, al volver a casa, nos enteramos del fuego. Al día siguiente, al ir al trabajo, el aire se notaba lleno de humo por lo que los dos días posteriores tuvimos que trabajar con mascarillas de seguridad», relatan.

No fue hasta el sábado pasado cuando las llamas empezaron a descontrolarse; los medios terrestres y aéreos no podían contenerlas, y fue entonces cuando su casera les informó de la orden de desalojo de la ciudad. Tras hacer la maleta rápidamente, se trasladaron no sin problemas por los enormes atascos generados hasta Oakland, al sur de Healdsburg, en principio hasta el domingo. «Tras esas dos noches contactó con nosotras una pequeña fundación de nuestra ciudad, Corazón Healdsburg, para ayudarnos económicamente y ofrecernos una habitación totalmente gratis hasta que pudiésemos regresar», explican las enólogas, que se deshacen en elogios con el trato recibido una vez que ya han vuelto a su hogar.

Cuentan que tanto a ellas como a cerca de veinte familias con las que compartían hotel, y en la misma situación, les llegaron a ofrecer incluso un coche para volver a sus hogares cuando se calmara el incendio y se decretara el fin de la alerta. «En realidad no somos conscientes de todo el impacto que están causando los incendios; han generando la mayor evacuación del condado y han dejado enormes pérdidas en el sector vitivinícola al quemarse numerosos viñedos», lamentan.No obstante, y aunque auguraban que al menos la mitad de la producción de su bodega podría haberse perdido, una vez de nuevo allí han comprobado que se podrá salvar la mayoría.

Pese a que la mucho del esfuerzo que los productores locales han invertido durante el último año haya sido devorado por Kinkade Fire, relatan que ellas han tenido mucha más fortuna que otras empresas cercanas. «La histórica bodega de Soda Rock Winery se ha quemado entera, por lo que temíamos que a la nuestra le pasase lo mismo, o que el fuego llegase a la que ahora es nuestra ciudad», explican preocupadas. Salvando este incidente, que a buen seguro será una historia que se cansen de contar una y mil veces a sus familiares, amigos y allegados cuando vuelvan a España, la experiencia está siendo muy buena. «Teníamos miedo de tener que volvernos de California antes de lo previsto y con un mal recuerdo, que no se corresponde con lo que hasta ahora está siendo», confiesan.

Suele ocurrir que en los malos momentos, cuando las cosas se ponen complicadas, la verdadera esencia del ser humano, la complicidad con el prójimo, sale al exterior.Pese a los destrozos que ha provocado Kinkade Fire, este no romperá la regla. «Nos ha llamado la atención la amabilidad de la gente de la bodega, de la familia de nuestra casera o la fundación; han intentado ayudarnos en todo momento. Estando tan lejos de España es importante sentirnos arropados», admiten.

«Han sido días de incertidumbre, nervios e impotencia de no poder hacer nada, ya que las imágenes y noticias que teníamos no eran las mejores, pero estando juntas hemos intentado sacar la mejor parte de la situación», concluyen.