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Cáritas asiste a 143 personas sin hogar en Aranda

I.M.L.
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La delegación arandina de la organización diocesana no ha dejado de atender a este colectivo ni durante el estado de alarma, en el que dentro de su programa facilitó el alojamiento a cinco usuarios que se encontraban en la ciudad

Las personas sin hogar suelen rotar por distintas ciudades donde les ofrecen recursos para cubrir necesidades básicas. - Foto: Valdivielso

Los programas de atención a colectivos desfavorecidos no han dejado de prestar su servicio en todos estos meses, y menos durante el estado de alarma, cuando afloraron mayores necesidades o se agravaron otras ya preexistentes. Es el caso de Cáritas Aranda, en concreto con las personas sin hogar. Hasta septiembre ha atendido a 143 personas pero un total de 753 intervenciones, lo que viene a demostrar que algunos de estos individuos han pasado en varias ocasiones por el Programa de Intervención con Personas sin Hogar. «Muchos ya los conocemos, saben que pueden acceder a nuestra ayuda cada tres meses y tienen una especie de circuito de ciudades donde hay albergues para alojarse», apunta Nelly González, responsable del programa en Aranda.

En la capital ribereña Cáritas cuenta con una habitación concertada en uno de los hostales de la localidad. Quienes acuden a este programa reciben el alojamiento y la manutención para una jornada «y si necesitan algo de farmacia, asearse, un corte de pelo o ropa limpia, también se les ofrece, incluso un billete de autobús si demuestran que tienen que viajar a algún sitio para una cita médica o similar», completa González. 

En estos nueve meses, las cifras de intervenciones siguen la línea de años anteriores. Sin embargo, dadas las especiales circunstancias desde mediados de marzo, las necesidades de muchos de los usuarios de este programa se han visto afectadas. En pleno estado de alarma, cinco personas sin hogar que estaban en Aranda cuando se impidió la libre circulación contaron con el apoyo de Cáritas, que les ofreció alojamiento y la cobertura de sus necesidades básicas.

Esta atención a un colectivo tan particular se ofrece en Aranda gracias a los recursos propios de Cáritas y a la colaboración del Ayuntamiento de la capital ribereña, ya que ambas entidades están en constante coordinación, a través de los Servicios Sociales municipales, y gracias al convenio que se ratifica cada cuatro años.

La gente que entra en este pozo oscuro de no tener un hogar no debemos asimilarlos solo a aquellos que mendigan en la calle. «Están también las personas indomiciliadas, hay muchos problemas asociados a casos de divorcio, que pueden ser muy duros, y muchos casos relacionados con el consumo de drogas o alcohol, o ambas, cuyas familias han intentado varias veces los procesos de desintoxicación pero no han dado resultado y se han cansado ya», explica Nelly González, como forma de ejemplificar que una persona sin hogar puede resultar invisible para la sociedad.

Frenar la espiral. Desde Cáritas, más allá de cubrir necesidades básicas, intentan trabajar con estas personas para que abandonen la calle y en los primeros nueve meses del año han realizado 14 procesos de acompañamiento para buscar este objetivo. «Es complicado porque, una vez que te ves sin hogar, no solo pierdes un techo sino que te quedas sin la red social o familiar que te sostiene, te dejas ir, dejas casi de verte como una persona y ese es uno de los problemas más difíciles de abordar», reconoce González.

Las cifras deshumanizan una situación tan dura pero ayudan a poner en valor sus realidad. De entre todos los atendidos por Cáritas este año, el mayor porcentaje, un 90%, son hombres, y solo 16 mujeres. Por nacionalidad, el mayor número de atendidos eran españoles, un 53%, seguido de otros europeos, el 19%, y un 28% del resto del mundo, proviniendo 36 del norte de África, 8 de Latinoamérica y el Caribe y uno de África. Por edad, diez de estas personas atendidas eran menores de 35 años, un 22% del total, cifra similar a la de otros años.

¿Y qué se puede hacer para colaborar en la erradicación de este problema social y humano? González lo tiene claro, basándose en su experiencia. «La limosna no es ayuda, pero podemos acercarnos a preguntar si necesitan ayuda, si conocen el programa de Cáritas», aconseja para cualquier ciudadano. Unos gestos que sirven para colaborar, pero que no son suficientes y se precisan medidas firmes a nivel nacional, algunas pensadas para estos tiempos actuales. «Pedimos una ley estatal de garantía de acceso a la vivienda, un incremento en el esfuerzo en materia de rehabilitación y mantenimiento del parque de viviendas, y promoción de vivienda en alquiler social de forma preferencial, y que continúe la medida extraordinaria de paralización de desahucios y desalojos sin alojamiento alternativo en vivienda habitual en alquiler», enumera González, a lo que añade también «proyectos reales de inclusión social, tratamientos médicos para los drogodependientes, que abarquen un mayor espectro social y, sobre todo, programas efectivos para dejar de ser nada y formar parte de un todo».