'Impeachment': el primer examen del año

M.R.Y. (SPC)
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Trump se enfrenta a un proceso de destitución del que se antoja que saldrá indemne y cuyo resultado podría darle alas de cara a las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre

'Impeachment': el primer examen del año - Foto: Joshua Roberts

Apenas un día después de celebrar su tercer aniversario como inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump volvió a citarse con la Historia. Alejado de Estados Unidos -participaba en Suiza en el Foro Económico de Davos-, el mandatario se convirtió en el primer presidente republicano en ser sometido a un juicio político en el Senado. Los precedentes, dos en concreto, fueron los demócratas Bill Clinton y Andrew Johnson, y ambos solventaron con éxito el proceso de destitución, algo que también se prevé en el caso de Trump.
Los resortes para enjuiciar políticamente al mandatario saltaron el pasado septiembre, cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció el inicio de una investigación después de la queja de un informante a la Inteligencia de EEUU sobre una llamada telefónica en julio entre el dirigente y su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski. En esa conversación, el norteamericano pedía a su interlocutor que abriera pesquisas contra el que se prevé que sea su rival en las presidenciales de noviembre, el demócrata Joe Biden, y a su hijo Hunter por presunta corrupción en la exrepública soviética. Según la acusación, el republicano condicionó la entrega de una ayuda de 400 millones de dólares al Gobierno de Kiev a esa actuación.
La institución, de mayoría opositora, dio luz verde a que el Senado abriese el proceso con la imputación de dos cargos, obstrucción al Congreso y abuso de poder. La Cámara Alta, con más de la mitad de legisladores republicanos, cogió el testigo el pasado martes e inició un impeachment que se antoja rápido e indoloro para un Trump que saldrá airoso y tendrá una excusa más de cara a la campaña para su reelección, alegando que la «caza de brujas» emprendida por sus detractores no ha acabado con él, sino que le ha fortalecido.
Y es que la verdadera cita con el calendario para la clase política estadounidense no está, a priori, en el Senado. Hay una fecha marcada en rojo: el 3 de noviembre, el día en el que el inquilino de la Casa Blanca se juega su futuro en el cargo.
Los efectos del impeachment sí pueden condicionar las presidenciales. Principalmente en el bando republicano, leales a un Trump que apenas cuenta con rivales en el seno de su partido -hay tres candidatos para unas primarias en las que se prevé un nuevo triunfo arrollador del magnate-. Pero también en el resto de votantes, ya que, según un reciente sondeo, un 47,4 por ciento de los estadounidenses avala la destitución del mandatario, frente a un 46,6 que la rechaza.
la llave demócrata. Sin embargo, buena parte del posible triunfo del multimillonario neoyorquino estaría en manos de unos demócratas que solo han sabido unirse de cara a este juicio político. En las filas liberales, la polarización es uno de sus grandes lastres de cara a las elecciones. Dardos envenenados en cada discurso de los precandidatos contra sus propios compañeros de partido ahondan en una herida abierta en noviembre de 2016, cuando Hillary Clinton protagonizó una -por muchos- inesperada derrota.
Absortos en esa pugna fratricida, el camino hacia la Casa Blanca parece libre para un Trump que no solo saldría indemne del tercer impeachment del país, sino que quedaría reforzado de cara a una opinión pública que apenas entiende a una oposición que se ha olvidado de quién es su verdadero enemigo.