Y El Espolón resucitó

R. Pérez Barredo
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Se va a cumplir una década desde que este periódico lanzara un S.O.S. por el paseo más hermoso e ilustrado de la ciudad. En un manifiesto firmado por todos sus colaboradores, reclamaba medidas para poner remedio a una decadencia rampante

Y El Espolón resucitó - Foto: Tomás Alonso

Desde finales del siglo XVIII, el Paseo del Espolón ha sido el corazón de Burgos. Una de las imágenes más famosas y bellas de nuestra ciudad es precisamente la fachada urbana que mira al Arlanzón, flanqueada por el Arco de Santa María y el Teatro Principal, con sus arboledas y el perfil de la catedral al fondo. El Espolón es mucho más que un jardín histórico y un conjunto urbanístico ymonumental de valor extraordinario: este paseo simboliza el pulso vital de Burgos, su espíritu ilustrado y cívico. Desde hace un tiempo, la ruina amenaza a alguno de sus edificios y abundan los locales comerciales cerrados. Es necesario terminar con esta imagen de abandono que crece año tras año: el centro de Burgos no puede languidecer ante nuestra pasividad y el Espolón debe recuperar su esplendor. Por ello, exhortamos a las autoridades de nuestra ciudad a que extremen la protección y el cuidado del Paseo. Es preciso que estudien detalladamente las causas de su decadencia y que tomen las medidas necesarias para remediarlas. De ello depende que el Paseo del Espolón vuelva a ser el lugar floreciente y vivo que todos los burgaleses deseamos.
Así rezaba el manifiesto lanzado por este periódico y firmado por los colaboradores de éste hace ahora diez años, cuando el paseo principal de esta ciudad, santo y seña de la cotidianidad de los burgaleses durante más de dos siglos, era acechado por la decadencia y el olvido: establecimientos cerrados, edificios ruinosos y una avenida principal que devenía en desierto y por la que a menudo sólo transitaba, con inclemente desdén, el canalla viento del noroeste. El gran Virgilio Mazuela lo había definido con lucidez y precisión: «El Espolón es un remanso adoquinado, florido y ajardinado pero mortecino y triste, donde ya solo el cierzo campea por sus restos y ahuyenta a los nostálgicos paseantes»; el irrepetible filósofo Luis Martín Santos había hecho lo propio mucho antes, cuando escribió que el Espolón pertenecía ya «a los fantasmas y a la tercera edad». Una década después de aquel S.O.S. en el que se exhortaba a ‘salvar’ el ilustrado y bellísimo paseo, los firmantes de aquel manifiesto analizan el estado actual de la más hermosa avenida de la capital.
Y todos coinciden en el diagnóstico: la situación se ha revertido. Más aún cuando se acaba de anunciar que tanto el número 28, que parecía eternizado en su ruina, y lo que fue el Hotel España, van a cambiar su penoso estado; por fin. Para Juan José Laborda, el Espolón «ha mejorado como espacio clásico de la ciudad en comparación con aquellos años de preocupación. La oferta de establecimientos de hostelería -restaurantes, cafeterías- crece en la medida que Burgos empieza a ser capaz de poner en valor sus riquezas culturales, paisajísticas, monumentales… y gastronómicas». Con todo, el que fuera presidente del Senado considera que aún se ha de procurar una solución adecuada a antiguos locales, como el que ocupó la cafetería Rhin. «Haría falta una actuación conjunta para que aumente el comercio tradicional, defendiéndolo de esa tendencia de los grandes espacios comerciales, que empujan a que la actividad de las ciudades se vaya a las afueras».
Para el arquitecto Pedro del Barrio, que nació en el número 30 delEspolón, éste «empieza a reverdecer».Admite que buena parte del paseo ya ha mudado de aspecto y que «el arreglo de los pisos y locales del número 28 donde estuvieron las Cafeterías Rhin y Espolón, más la restauración para viviendas del antiguo Hotel España, con Mango en sus bajos, rematarán la rehabilitación de nuestro principal paseo». Y añade Del Barrio: «Nunca volverá a ser el Espolón el ‘tontódromo’ de mi niñez y mi juventud, donde todo el Burgos de entonces paseaba y alternaba en sus bares, o compraba en sus tiendas, pero, al menos, se habrá quitado la decadencia en la que se encontraba, resucitando cívicamente y recuperando la importancia de ser uno de los paseos más bonitos y singulares de España». (Más información en edición impresa)