La huella de un pionero

R.P.B. / Burgos
-

El historiador Ramón Barnadas recupera la figura del fotógrafo catalán Jaume Calafell, autor de numerosas patentes que tuvo un estudio en la calle Almirante Bonifaz en los primeros años 40

El fotógrafo catalán, en una imagen tomada en 1935, antes de su estancia en Burgos - Foto: Jaume Calafell Pifarré (propiedad de la familia Ca

Jaume Calafell Pifarré, nacido en Sant Guim de Freixent (Lérida) en 1917 y fallecido en la localidad también leridana de Tàrrega en 1986, es considerado un pionero de la fotografía. Un autodidacta que, fruto de su pasión por la imagen, se convirtió en autor y propietario de numerosas patentes, siendo el ingenio más destacado un visor de fotografías estereoscópicas en color, de pago y automático llamado Marte Visión, así como de unos visores estereoscópicos de mano que se distribuyeron por toda España junto con las correspondientes vistas por ser consideradas unas estupendas herramientas de propaganda turística. A este fotógrafo, que desarrolló casi toda su carrera en la localidad leridana de Tàrrega, desde la que comercializó con sus patentes, no le truncó su proyección ni el servicio militar, que tuvo que hacer en Burgos a comienzo de los años 40.
No en vano, tal era su espíritu emprendedor, que llegó a abrir un establecimiento fotográfico en la capital castellana, concretamente en el número 16 de la calle Almirante Bonifaz. «En la planta baja situó el estudio, mientras que el laboratorio quedó instalado en el último piso. En el negocio trabajaron Felisa Martínez Larrañaga (cuya familia, que poseía una vaquería, había acogido a Jaume Calafell durante su estancia en Burgos) y Felisa Izquierdo, burgalesas que se fueron con él a Tàrrega para continuar colaborando como asistentes de laboratorio fotográfico. Una de ellas lo hizo toda su vida, mientras que la otra regresó a Burgos al cabo de unos años», explica Ramón Barnadas, historiador que acaba de recopilar la biografía de este fotógrafo en el trabajo Tàrrega calling Mars.
Durante los dos años del servicio militar, Calafell pudo trabajar y ayudar así a mantener el negocio que había abierto en Tàrrega, capital de la comarca del Urgell. A su regreso, Calafell se asentó como fotógrafo. Trabajó para la Agencia EFE y para el periódico La Vanguardia o el semanarioEl Caso, realizando reportajes y cubriendo todo tipo de eventos y hechos noticiosos, como el regreso a Barcelona de los supervivientes de la División Azul o la visita que Evita Perón realizó la ciudad de Gaudí en junio de 1947.
Fue a mediados de los años 50 cuando Calafell patentó y comercializó algunos visores estereoscópicos de mano, acompañados de vistas en relieve, con el nombre de Marte, que le dieron reconocimiento y prestigio. Ramón Barnardas destaca la longevidad que tuvo este invento de Calafell, que tuvo vigencia a lo largo de tres décadas. No fue el único artilugio que ideó el catalán: le siguieron otras treinta patentes más, casi todas relacionadas con la fotografía.
 
La saga Calafell.
Además de fotoperiodista, Calafell abordó también la fotografía social, recogiendo con su cámara el mundo que le rodeaba y sus imágenes son un magnífico ejemplo del mundo rural leridano de aquellos años. Fedatario del franquismo y de la Transición, el fotógrafo fue incorporando a su familia al negocio, hasta el punto de que sus hijos se convirtieron también el fotógrafos.Y sus nietos. Anna Calafell, nieta del pionero de la familia, es fotógrafa del diario ABC y de la revista Love.