Los resultados del 10-N mantienen un país ingobernable

Leticia Ortiz (SPC)
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Sánchez gana los comicios pero pierde apoyo, al igual que Iglesias, y necesitaría al independentismo. Casado se consolida como líder de la oposición con 87 escaños y Abascal se erige tercera fuerza a costa del desplome de Rivera

Los resultados del 10-N mantienen un país ingobernable - Foto: Eduardo Parra

El PSOE volvió ayer a proclamarse vencedor de las elecciones generales, como ya ocurriera en la cita del pasado 28 de abril. Pero fue un amargo triunfo para el candidato socialista, Pedro Sánchez, que aspiraba a ampliar en las urnas su número de diputados para depender de los mínimos apoyos externos para superar la investidura y llevar a cabo su programa desde La Moncloa. Propósito que no consiguió al pasar de 123 diputados a 120, dejándose por el camino un millón de votos en términos absolutos, pero solo 0,63 puntos porcentuales.
La aritmética parlamentaria se complica aún más, de hecho, de cara a una posible formación de Gobierno progresista (que uniría al PSOE, con Unidas Podemos y con Más País), ya que la llave, ahora sí, la tienen los independentistas, los nacionalistas y los regionalistas. Sin su abstención o su , los socialistas no podrán superar el trámite del Congreso, salvo que el PP en un giro inesperado apoye la Presidencia de Sánchez de manera directa, pues la abstención popular no sería suficiente tampoco si el resto del Hemiciclo no se mueve del no. «Hemos ganado las elecciones. Ahora sí o sí vamos a conseguir  un Ejecutivo estable que haga política en beneficio de los españoles», enfatizó Sánchez desde el balcón de la calle Ferraz.
En su búsqueda de socios, el PSOE ya ni siquiera tienen el as en la manga de Ciudadanos, el gran perdedor de la jornada. La formación naranja sufrió una debacle que había sido vaticinada por las encuestas, pero que sus dirigentes no se habían acabado de creer, confiados en una remontada de última hora. No llegó. De los 57 escaños con los que partía antes de abrirse los comicios bajó hasta los 10. Es decir, en apenas siete meses, han perdido el apoyo de algo más de dos millones y medio de españoles, lo que les convierte en una fuerza casi residual en el Congreso, con menos diputados, por ejemplo, que Esquerra Republicana. 
Fue tal la debacle que su candidato, Albert Rivera, convocó, al poco de conocerse los resultados, un Congreso Extraordinario para poner en manos de «los militantes» el futuro de su partido. No hay que olvidar que, tras el 28-A, la suma de Ciudadanos y PSOE rebasaba ampliamente los 176 diputados en los que está fijada la mayoría absoluta en la Cámara Baja. Pero el líder naranja se cerró en banda con el «no es no» que fracturó a la formación, con la salida de un buen número de dirigentes. Las urnas tampoco han respaldado la estrategia del catalán.
Y de la cruz de la jornada a la cara: Vox. Los de Santiago Abascal duplicaron sus resultados para alzarse como la tercera fuerza política del país. Si ya en abril sorprendió su irrupción en el Congreso con 24 escaños, su crecimiento superó incluso las encuestas más favorables a sus intereses al conseguir 52 representantes en el Parlamento. 


Las menos pobladas

La llamada España vaciada y las circunscripciones que reparten menos diputados impulsaron en buena parte la espectacular subida de la formación derechista a costa, precisamente, del derrumbe de Ciudadanos que perdió toda su representación en las provincias menos pobladas.
El caso más paradigmático de este trasvase de escaños se produjo en Castilla y León, donde el partido de Albert Rivera, que gobierna en coalición con el PP en el Ejecutivo regional, perdió los ocho diputados que consiguió en abril. En las provincias andaluzas con menos escaños en juego ocurrió exactamente lo mismo. Los naranjas perdieron sus representantes en Jaén, Huelva, Granada o Almería y se los embolsó Vox. Y, todo ello, con una subida discreta del porcentaje de voto del partido de Abascal que, apenas llega a cinco puntos porcentuales, pero que, esta vez sí, traduce en escaños prácticamente sus más de 3,5 millones de apoyos.
«A los que han confiado en nosotros les decimos que no les defraudaremos y no daremos un paso atrás. Hemos consolidado una alternativa patriótica y social en España», subrayó su presidente y candidato, Santiago Abascal, desde la sede nacional del partido, ubicada en Madrid. Un lugar que se convirtió en una auténtica fiesta, con centenares de militantes aclamando a sus dirigentes. 
De la debacle naranja también se aprovechó el PP, que pasó de 66 escaños a 87, recuperándose del umbral al que cayó en abril con 470.000 sufragios más que suponen un ascenso del cuatro por ciento. La alegría, en cambio, no se desbordó en Génova, ya que el crecimiento de 21 diputados fue menor que el que llegaron a pronosticar sus propios dirigentes y también las encuestas. 
Su líder y candidato, Pablo Casado, resaltó que su partido obtuvo un «buen resultado», pero España tuvo uno malo para su «gobernabilidad y su futuro». Para él, Pedro Sánchez fue «el gran derrotado» del día, aunque indicó que «la pelota está en el tejado» del socialista, por lo que el PP estará a «la espera de lo que plantea».
El otro perdedor numérico de la fiesta de la democracia fue Unidas Podemos, que, en cierta manera, se vio perjudicado por la irrupción de Mas País. Así, el partido morado perdió siete diputados, para quedarse en 35. Con gesto y tono muy serio, su aspirante a la Presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias, tendió la mano a Pedro Sánchez, tras conocer los resultados, «para frenar a la extrema derecha».
Mientras, la fuerza que dirige Íñigo Errejón, que debutaba en unas elecciones general, no logró sumar los escaños que se dejó Podemos y entró en el Congreso con tan solo dos parlamentarios.

 

Subida nacionalista

Además, las formaciones nacionalistas y a favor de la independencia llegarán a la Cámara Baja con un total de 36 diputados, superando los resultados obtenidos en los comicios del pasado mes de abril y rompiendo el techo histórico que consiguieron en 2011. Como novedad en esta convocatoria entran en el Parlamento los antisistema de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) con dos escaños y regresa el Bloque Nacionalista Galego (BNG), que regresa con un escaño al Hemiciclo del que desapareció en 2015. El PNV gana uno y pasa a tener siete; Bildu se queda con otro y pasa a contar con cinco diputados; JxCat suma uno más y tendrá ocho; y solo ERC pierde dos y pasa de 15 a 13. 
Todo ello dibuja un Hemiciclo en el que ningún bloque llega a sumar los 176 diputados que conforman la mayoría absoluta, por lo que podría mantenerse la situación de colapso político que impidió a Sánchez ser investido presidente y llevó a repetir las elecciones. El conjunto de la izquierda formado por PSOE, Unidas Podemos y Más País supera en siete escaños al bloque de la derecha (PP, Vox y Cs), pero para alcanzar la mayoría absoluta sería imprescindible el concurso de ERC y el PNV que se convierten así en árbitros si el socialista pretendiera de nuevo formar Gobierno.
Los socialistas, además, perdieron la mayoría absoluta que tenían en el Senado, una Cámara que, con su nueva composición, podría bloquear las iniciativas de un posible Ejecutivo progresista y que resultará clave en caso de que el Gabinete se vea obligado a activar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña.