Un oasis de seguridad

Agencias
-

La ciudad de Jaú es una excepción en un país marcado por el crimen, donde apenas se han registrado tres homicidios en lo que va de año

Clima de sosiego. La localidad, situada en el estado de Sao Paulo, tiene 150.000 habitantes que destacan la paz del municipio. - Foto: Sebastiao Moreira

Tres muertes violentas en  2019. No es el índice de criminalidad de un país europeo. Los números corresponden a Jaú, la ciudad más segura de un Brasil acostumbrado a contar los homicidios por miles, perder a sus jóvenes en tiroteos y ver sangrientas peleas en sus cárceles.
Esta localidad es un oasis de paz en el interior del estado de Sao Paulo, con una tasa de 2,7 crímenes por cada 100.000 habitantes, casi 12 veces menos que la media nacional (31,6) e incluso más baja que la de  países del Viejo Continente como Letonia (4,1) o Lituania (4,5).
La llaman la Capital del Zapato Femenino, una próspera industria, que junto con la de la caña de azúcar y el comercio, emplea a buena parte de las 150.000 personas que viven en este municipio de calles limpias y ambiente agradable.
Vida normal. Ticiane da Silva posa con su hija en un banco y asegura que no hay temor por estar en un parque público.Vida normal. Ticiane da Silva posa con su hija en un banco y asegura que no hay temor por estar en un parque público. - Foto: Sebastiao Moreira«No tengo ningún miedo de estar aquí. Aquí hay paz», asegura Ticiane da Silva, de 40 años, mientras ve caer el sol en un banco de un parque público junto a su hija.
Muchos de los vecinos caminan con sus teléfonos móviles en las manos sin tener que mirar hacia atrás, una escena casi impensable en la mayoría de las ciudades brasileñas. Algunos de ellos ni siquiera saben con exactitud dónde se encuentra la comisaría más cercana.
De acuerdo con el Atlas de la Violencia 2019, Jaú solo tuvo cuatro homicidios en 2017. En la otra orilla, Maracanaú, en la empobrecida región nordeste, fue la ciudad más violenta, con casi 330 asesinatos y una tasa de 145,7 por cada 100.000 habitantes.
Sin mirar atrás. Los vecinos caminan sin vigilar sus espaldas.Sin mirar atrás. Los vecinos caminan sin vigilar sus espaldas. - Foto: Sebastiao MoreiraEse 2017, en todo Brasil hubo 65.602 crímenes, un récord histórico marcado por la cruenta guerra que libran distintas facciones fuera y dentro de los presidios.
Pero en Jaú la realidad es radicalmente distinta. Hay un clima general de sosiego. «El crimen más común es el hurto», afirma Fernando Henrique Perpetuo, capitán de la Policía Militarizada.
De las tres muertes violentas registradas en lo que va de año, la última ocurrió el 10 de agosto, en la zona rural de la ciudad. «Fue un desencuentro entre familiares. Un hombre acabó por apuñalar a su cuñado y este murió», relata.
Un lugar para vivir. Isaac Liberato se marchó de Guarulhos para poder residir en una ciudad sin tensión. Un lugar para vivir. Isaac Liberato se marchó de Guarulhos para poder residir en una ciudad sin tensión. - Foto: Sebastiao MoreiraLa otra fue en defensa propia durante un asalto frustrado a una casa y la más chocante hasta la fecha fue un homicidio tras robo, «pero los autores fueron identificados, están presos y ahora aguardan juicio», indica Perpetuo.
Ese es otro de los factores que dejan más tranquilos a los jauenses: asesinato cometido, asesinato resuelto. «Nuestros índices de esclarecimiento son muy altos, llegan a cerca del 100 por 100, lo que también inhibe a realizar este tipo de delitos porque el individuo sabe que tiene grandes posibilidades de ser identificado, preso y condenado», señala Euclides Francisco Salviato Junior, comisario de la Policía Civil.

Un privilegio

En la plaza de la República, Isaac Liberato, de 65 años, vende churros y algodón dulce con un carro ambulante desde hace 20 años. Cuenta que se marchó de Guarulhos, en la región metropolitana de la ciudad de Sao Paulo, por la falta de seguridad y ha terminado por echar raíces en Jaú. Y completa: «Ando aquí por la noche, a cualquier hora», un privilegio casi exclusivo para una urbe brasileña con más de 100.000 habitantes.
Silvio Rosati nació y se crió en este municipio. Trabajó durante toda su vida como funcionario en un banco y en sus 78 años de vida no recuerda algún episodio «grave».
Otras de las claves para explicar el éxito de Jaú en materia de seguridad es la mejora progresiva de los indicadores de desarrollo humano, una tendencia que se ha mantenido con diferentes administraciones desde la década de los 90.
Actualmente, solo un 6 por ciento de los niños viven en condiciones de pobreza, frente al 16,4 por ciento de media en las ciudades de Brasil con más de 100.000 habitantes; prácticamente todos sus vecinos están conectados a la red de saneamiento básico; y únicamente un 4 por ciento de los jóvenes ni estudia ni trabaja (9,1 por ciento de media nacional), según el Atlas de la Violencia 2019.
Así lo explica el actual alcalde, Rafael Agostini, de 39 años y militante del Partido Socialista Brasileño, quien también destaca la importancia del trabajo integrado de todas las esferas de poder. «No es solo una cuestión de estar la Policía en la calle, también es de estar proporcionando oportunidades a los niños, a los menores para que estén menos en la calle», subraya.
A lo largo de sus ocho años de mandato, que concluirá en 2020, ha incidido en aumentar los horarios en las escuelas, abrir centros de convivencia social y revitalizar el equipamiento público, como embellecer las plazas.
Como contrapunto al presidente del país, el ultraderechista Jair Bolsonaro, que apuesta por armar a la población como fórmula para reducir el número de homicidios, Agostini se declara «un adepto de la tesis de que la violencia genera más violencia». «El ejemplo de Jaú muestra que no es incentivando las personas a ser más violentas, incentivando una cultura de la violencia, que uno va a tener resultados satisfactorios», sentencia.