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Retirados pero con las botas puestas

I.E.
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La Hermandad de Veteranos de Burgos, que mañana celebra su 'día grande', ha atendido en la pandemia a viudas y militares en soledad

Joaquín Sainz Barranco (izquierda) y Jesús María Cirujano Pita. - Foto: Valdivielso

Los militares tienen fama de no dejar a ningún compañero en la estacada, un principio que no solo rige en misiones y conflictos armados sino que mantiene su vigencia hasta la muerte. Prueba de ello es la labor que lleva a cabo la Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, una organización que integran soldados y oficiales retirados pero que afrontan el resto de su vida con las botas puestas. Es el caso de Joaquín Sainz Barranco, presidente de la delegación burgalesa de la entidad, y de Jesús María Cirujano Pita, vocal de la misma.

En estos momentos se hallan en una semana clave, en la que tienen la responsabilidad de preparar el Día del Veterano -mañana viernes  a partir de las 12,30 en la avenida de la Paz-, una jornada que la delegación burgalesa ha completado con un programa de conferencias, exposiciones y conciertos que «marcara un antes y un después» en la organización de estos actos en otras ciudades en el futuro. Por tanto, es una fecha ideal para conocer más de cerca a qué se dedica la Hermandad, cómo nació y qué actividades desarrolla. Se creó en 1967 en Valladolid, con el doble propósito de, por un lado, servir de «soporte» aquellos militares que «tras años de cambio de destinos recalaban en una ciudad y carecían relaciones sociales sólidas», y, por otro, «de arropar a los compañeros, viudas y huérfanos con menos recursos, porque en esa época algunas pensiones no eran demasiado elevadas».

Con el tiempo, los fines de la asociación evolucionaron y se centraron más en hacer de la Hermandad un foro «con el que mantener el vínculo con el Ejército». «Porque al final, nosotros nos jubilamos pero no dejamos de ser militares», subraya Sainz Barranco. Además, la organización se involucró en el objetivo de las Fuerzas Armadas de dar a conocer la denominada cultura de Defensa, es decir, organizar todo tipo de iniciativas dirigidas a resaltar la importancia que tienen los tres Ejércitos en «la consecución de la seguridad de España». «Es un trabajo en ocasiones invisible, que se hace lejos de nuestras fronteras y que hay que dar a conocer a la sociedad para que sea valorado», afirma Cirujano.

Con la pandemia, no obstante, la Hermandad ha vuelto en parte a sus orígenes, a sus principios fundadores, puesto que los miembros de la junta directiva de la delegación burgalesa cayeron en la cuenta, desde el principio, de que «podía haber compañeros mayores y viudas muy solos por culpa del confinamiento». Tras numerosas llamadas a los contactos de que disponían detectaron «media docena de casos, no muchos, pero había que articular un mecanismo para prestarles atención». Y así se hizo, los veteranos se movieron para que compañeros o vecinos de esas personas «les ayudaran a hacer la compra y estuvieran atentos a sus necesidades». Aún hoy esa red de seguridad sigue en pie. Así que el sentimiento de solidaridad que envolvió la creación de esta entidad no se ha perdido, ni mucho menos, aún sigue muy vigente a través de su grupo de voluntariado.

Pero la Hermandad, con más de 600 socios en Burgos, lleva a cabo otras actividades, como cursos en nuevas tecnologías, acciones en la UBUy en la Unipec, conferencias, exposiciones, programa de radio y cuenta hasta con un coro y un grupo de teatro. Lo cierto es que está abierta a las propuestas de cualquier socio y «cuando alguno plantea una idea -una jornada de pesca, una excursión- se estudia y se suele hacer». El programa de actividades más oficial se elabora tras lo que denominan 'un juntivino', una reunión de la directiva a la que le sigue un vermú donde todos comparten inquietudes.