Invisibles ante la covid-19

G.G.U.
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Dos técnicas de imagen de Radiología del HUBU ponen cara a un colectivo que ha estado en primera línea de exposición al virus, pero ni se ha considerado ni equipado como tal

Amaya Cerda (izda.) y Gloria Óscar ponen voz al colectivo, que solo en el primer mes de pandemia hizo 5.000 placas de pulmón a contagiados y sospechosos. - Foto: Jesús J. Matías

Gloria Óscar avanza sin que se le pregunte que su mayor preocupación durante la pandemia ha sido «conseguir una mascarilla FFP2 al comienzo de cada turno». Ni las horas de trabajo a destajo con los equipos portátiles para hacer placas de los pulmones a pacientes contagiados del SARS-CoV-2 y/o sospechosos ni la incertidumbre por una situación que en sus 30 años como técnica de imagen en radiología jamás imaginó vivir. «Mi obsesión ha sido la seguridad», dice, añadiendo que «al principio de la pandemia» su equipo de protección individual consistió en unas «bolsas de basura grapadas» a las batas desechables. Fue una medida desesperada ante la rigidez del protocolo del Ministerio de Sanidad, que consideró que los técnicos de imagen no eran personal en primera línea de exposición. Y de ahí su indignación.

«A todos los pacientes con coronavirus les ha atendido un técnico de rayos», explica Óscar, junto a su compañera Amaya Cerda. En el primer mes de pandemia hicieron 5.000 radiografías, dado que la placa de los pulmones ha sido pieza fundamental para todo diagnóstico de covid-19, así como para el seguimiento. «Los técnicos de imagen somos el colectivo responsable de realizar todas las pruebas de radiodiagnóstico, con excepción de la ecografía. Nosotros manejamos al paciente para que esté bien colocado y la imagen se obtenga con la menor cantidad de radiación posible. Y, luego, el radiólogo informa esa prueba», explican, detallando que en condiciones normales eso se hace en las instalaciones del servicio, «pero en esta pandemia hemos conseguido que ni un solo paciente ‘covid’ bajara a Rayos y paseara el virus por todo el hospital. Se ha evitado diseminación».

Para ello, se movilizaron los siete equipos portátiles del complejo asistencial -«damos gracias a que hemos tenido una buena dotación»- y han sido los técnicos de imagen quienes han recorrido las estancias en las que había pacientes para confirmar diagnósticos y hacer seguimiento. «Hemos estado en la carpa, en Urgencias, en la UCI (incluidas la URPA y quirófanos) y en planta», relatan. 

Buena parte de esos pacientes no eran válidos y, entonces, es el técnico quien los tiene que incorporar, sostener, colocar... «Tenemos una función técnica pero también asistencial. Y con los pacientes críticos e intubados eso supone que se le pueden soltar [las gomas] y saltarnos todo en la cara», explican, preguntando si eso es o no es estar en primera línea de exposición y de riesgo. «Los protocolos establecen un tipo de protección en caso de que se generen aerosoles o no, pero nosotras no tenemos por qué saber o presuponer si eso va a pasar o no», critican.

La cuestión no es baladí, porque ha sido el origen de numerosas reclamaciones grupales e individuales ante la dirección del HUBU, para que se les proveyera de los mismos equipos de protección que al personal que sí estaba clasificado de alto riesgo. «Nos han respondido que se actuaba conforme a protocolo, pero alguien sí debió considerarnos de riesgo porque algo nos suministraron», admiten, mostrando la documentación en la que se especifica que el lote para cada día era de 10 batas impermeables, 10 mascarillas FFP2 y 10 pantallas. La pega es que en el servicio hay 65 técnicos y «en el turno de mañana trabajan 20, en el de tarde 8 y en el de noche 4; no había más remedio que reciclar y compartir». 

Las donaciones de empresas paliaron un poco la situación y también el apoyo de compañeros y supervisoras de planta o de la URPA quienes les suministraron el material necesario para hacer su trabajo. «Nos han tratado muy bien, facilitándonos lo que tenían cuando tenían, claro», subrayan, coincidiendo en que sin la unión y el compañerismo todo hubiera sido más difícil. También como positivo de este tiempo destacan la gestión de personal que ha hecho la adjunta a la supervisora de Rayos, porque «ha permitido que siempre hubiera personal suficiente y que fuéramos de dos en dos para vigilarnos» y evitar así contaminaciones cruzadas.

De cara a un posible rebrote, Óscar y Cerda solo esperan que se reconsidere esta situación, que el servicio de Prevención del HUBU adecúe el protocolo y se eviten riesgos innecesarios. «Algo hemos tenido que hacer bien para que los positivos entre nosotros hayan sido contados», afirman, para concluir que «ahora hablan de dar compensaciones económicas y nosotras lo que decimos es que inviertan ese dinero en equipos de protección».