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«El vino Ribera está tan bien posicionado que cuesta salir»

I.M.L.
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El presidente de la DO, Enrique Pascual, cree que «Ribera del Duero no ha dicho la última palabra y tiene que crecer más»

Enrique Pascual, presidente de la DO Ribera del Duero, en el nombramiento de Macarena Gómez como embajadora de la IV Gran Fiesta de la Vendimia. - Foto: Alberto Rodrigo

Con las elecciones a los distintos consejos reguladores de Castilla y León a la vista, incluido el de la Denominación de Origen Ribera del Duero, quien lleva ocupando esta presidencia desde la última cita con las urnas, Enrique Pascual, hace balance de los ocho años que lleva en esta labor. Este bodeguero de Fuentelcésped llegó a este puesto con el consenso de los dos sectores que conforman el pleno de la DO, el productor de los viticultores y el elaborador de los bodegueros, y esa línea de diálogo ha sido una de las filosofías que han marcado el devenir de la Ribera del Duero desde 2013.

De un mandato de cinco años, como marcan los estatutos, al final lleva al frente del pleno del Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero casi ocho.

El mandato se ha prorrogado por diversas circunstancias. Primero porque implantamos la norma de calidad y en ese momento un cambio habría sido problemático, teníamos fechas límites para lograr la certificación y la Administración regional prorrogó el mandato de todos los consejos reguladores de Castilla y León para completar ese proceso. 

Y luego se cruzó la pandemia por medio. Aunque se puede decir que llevo ocho años como presidente, en realidad han sido seis y medio, porque el último año y medio ha estado parado para todos y para todo. 

Mirando este largo periodo con perspectiva, ¿se arrepiente de haber aceptado el cargo?

No, al final esto es un reto, como todas las cosas. Me costó mucho dar el paso pero, una vez que lo das, lo tienes que hacer con todas las consecuencias. En conjunto ha sido un reto interesante, pero no sólo para mí.

Alguien tenía que presidir el pleno, pero me gustaría resaltar que ha sido un trabajo por parte de todos, incluidos los profesionales del consejo, y creo que eso ha sido la clave para que todo haya salido relativamente bien.

¿Se ha logrado ese esfuerzo al unísono de todas las partes para avanzar en Ribera del Duero?

Si la memoria no me traiciona, en la entrevista nada más ser elegido, me preguntasteis por esa misma idea. Mi padre siempre decía que un presidente no puede ser bueno sin un buen consejo y viceversa. Yo creo que, al final, está todo compensado. Lo que se trata es de tirar todos en la misma dirección y creo que lo hemos conseguido.

Un ejemplo lo tenemos en que la asociación de bodegueros, Asebor, a la que yo estoy ahí representando, fue la que ganó las elecciones pero no hemos ejercido de ganadores. Desde el minuto cero se intentó que todo el mundo se integrara, buscamos que no hubiera ningún trato de aislamiento hacia nadie, sino de integración.

¿La evolución de la DO Ribera del Duero en estos años ha sido sustancial?

Hemos evolucionado a mejor y ha sido gracias al trabajo en equipo. Por un lado, en el consejo hemos trabajado todos unidos y con el mismo deseo, de que esto sea lo mejor; y así ha trabajado también el equipo técnico. Con buen ambiente, todo el mundo trabaja más a gusto y mejor.

Apoyándonos en las cifras, el número de bodegas y de viticultores en Ribera del Duero ha crecido de manera sostenida.

Lo ha hecho, y tiene que crecer más. Pienso que Ribera del Duero no ha dicho la última palabra, tiene que crecer más, hacia un horizonte esperanzador.

¿La inclusión de los vinos blancos de albillo mayor en el reglamento de la DO es uno de hitos de este mandato?

Ha sido un paso muy importante, el tener una variedad autóctona, un patrimonio vegetal que teníamos marginado, estigmatizado, y ponerlo en valor es interesante. Es un paso para el conjunto de la DO que, como hemos dicho en algunas ocasiones, nos va a dar muchas alegrías. 

Las cosas se están haciendo bien y son vinos que van a aguantar crianzas largas, algo que es muy complicado en los vinos blancos. El albillo tiene esa cualidad, no es un vino para beber en el año sino para el futuro y hemos logrado poner en valor nuestro patrimonio vegetal.

¿Tiene ya bien tatuado Ribera del Duero calidad frente a cantidad? ¿Se ha desterrado el 'todo vale'?

Si Ribera del Duero está donde está  es gracias a que la gente, tanto viticultores como bodegueros, tiene interiorizado ese concepto de trabajar en calidad. Hay que producir menos pero producir mejor, hay que vender menos botellas pero mejor vendidas y que la gente nos las reconozca por la calidad. Todos lo tenemos claro, sino no sería posible.

¿Se están logrando vender a mayor precio, aunque se venda menos?

En un mundo competitivo como es el del vino, en el que luchas contra todos, yo sí pienso que lo hemos conseguido. Estamos vendiendo más y muy bien posicionados dentro del mercado. 

Tiene que haber diferentes segmentos de mercado. Es impensable que todo el vino de una región vinícola como Ribera del Duero pueda comercializarse dentro del segmento de alto nivel, pero está todo del segmento medio para arriba. La media de precio por litro en exportación en España es de 1,5 euros; comparándonos con otras DO importantes, estamos por encima del doble que ellas. Hablamos que Ribera del Duero exporta a una media de 12 euros el litro, una cifra que en España es impensable, cuando regiones bien situadas en el mercado se quedan muy por debajo.

La exportación a la que ahora aludía era otro de los retos al inicio de este mandato, marcándose el listón en el 40% de la producción destinada al mercado exterior. ¿Se ha alcanzado?

No, estamos por encima del 20% y partíamos del 16%. Se ha dado un paso importante ganando mercado. En España el vino Ribera del Duero está muy bien posicionado y eso hace que nos cueste salir fuera.

Las empresas de Ribera del Duero cada vez están teniendo más músculo para salir al mercado exterior, pero no todas tienen esa posibilidad. Cada vez se está creando más potencia para asentarse en el mercado internacional y poco a poco se está notando, pero con firmeza. No resulta nada fácil vender fuera de España, supone un coste importante y no es fácil para todos. 

Otro de los cambios en Ribera del Duero fue la implantación del sistema de autorregulación. ¿Costó mucho ponerlo en marcha?

Evidentemente, ha costado. En Ribera del Duero el control es autoexigente, si nosotros no nos exigimos niveles de calidad altos, se nos iría de las manos.

El desarrollo del programa Bacchus ha sido impresionante, en gran parte gracias a la labor de nuestro recientemente fallecido director técnico, Agustín Alonso, que fue quien lo ideó y está resultando fantástico. Ha facilitado mucho las cosas, este programa ha sido fundamental para el trabajo de acreditación de bodegas y viticultores. 

En la línea del trabajo interno del Consejo Regulador, se ha incorporado la figura de un director general de la DO. ¿Qué ha supuesto contar con este perfil?

En un consejo de la entidad del de Ribera del Duero considerábamos que había que profesionalizar la gestión. No puede recaer en el presidente, sea quien sea, la gestión del día a día, la comunicación,... Para hacerlo bien necesitábamos a alguien, elegimos en este caso a Miguel Sanz, que se incorporó en 2015 y se ha notado muchísimo en todo el desarrollo del día a día del consejo, porque el presidente se tiene que dedicar a otras cosas porque no tenemos porqué tener la capacidad para el desarrollo del día a día, de comunicación y de otros factores. 

Otra línea de trabajo en los últimos años es la apuesta por eventos, sobre todo culturales como Sonorama Ribera, los festivales de cine o el concurso bienal de relatos cortos.

Los objetivos del consejo tienen dos patas: la calidad y la promoción. Esta última es fundamental porque podemos hacer mucha calidad pero si no la vendemos no sirve de nada. En este sentido, la promoción se basa en el Espíritu Ribera, asociado a la cultura, la música, la diversión...

En esta línea, encontramos una de esas fórmulas que, además, nos ha servido para acercarnos a la juventud, porque siempre nos preguntábamos cómo hacerlo. Una decisión arriesgada, no fue fácil, pero decidimos apostar por ello y, con el tiempo, se ha visto que era una buena decisión.

Con el tiempo, incorporamos en esa dirección la Fiesta de la Vendimia, algo innovador porque somos la única DO que organiza un evento de promoción de este calado. 

¿Se ha conseguido limar las fronteras provinciales dentro de la DO?

Tenemos que distinguir las fronteras políticas, que nunca terminan de entenderse, de las fronteras dentro del propio sector, que creo que cada vez son menores. Nosotros pensamos que esto iría mucho mejor sin las fronteras políticas de cada uno con su pueblo, con su provincia...

Como viticultores y bodegueros, luchamos para que los políticos de las cuatro provincias se unan para que esto sea mucho más potente de lo que es ya. 

¿Le queda algo en el tintero tras ocho años en la presidencia?

Todo lo que uno quisiera conseguir o el nivel de consecución de los objetivos igual no se ha alcanzado de todo, pero nos estamos acercando. Es una lucha diaria, puede que nos hayamos quedado algo más abajo de los objetivos pero ahí está el camino andado. Lo primordial es, sobre todo, el hecho de que el trabajo se ha hecho pactado entre todos porque las divisiones dan para poco. 

¿Y de qué se siente más orgulloso?

De que hayamos ido todos de la mano, que es la explicación de que todo lo demás se haya conseguido. La profesonalización también ha sido muy importante y la puesta en valor del vino blanco.

Pero tienen que ser los demás los que nos critiquen o nos halaguen. 

Ahora toca pensar en las elecciones. ¿Piensa repetir presidencia?

Siendo sincero, ahora mismo no puedo decir ni sí ni no. Primero tendremos que cerrar las vendimias y reunirnos en Asebor para ver qué es lo más oportuno y valorar si damos un paso atrás o no.