1 de cada 10 trabajadores dice haber sufrido acoso laboral

I. ELICES
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El 'mobbing' lo padecen más las mujeres y se da en todo tipo de empresa, señala la Oficina Teritorial de Trabajo. Quienes ejercen la violencia buscan que la víctima se vaya voluntariamente de la organización

Muchos trabajadores sufren violencia en el trabajo de forma callada, «no comunican los episodios de que son víctimas para protegerse de un posible despido o porque creen que si denuncian el ambiente en la empresa se va a volver contra ellos». Poner de manifiesto un trastorno de ansiedad o una depresión «significa en algunas compañías revelar falta de competencia y vulnerabilidad». Por ello el número de casos de acoso laboral que llegan a la Oficina Territorial de Trabajo son escasos, entre 5 y 10 al año, según señala Fernando de la Parte, jefe de la Unidad de Seguridad y Salud Laboral. De ahí que para conocer la verdadera dimensión de este fenómeno haya que acudir a las encuestas, en concreto a la estadística de condiciones de trabajo. Pues bien, un 11% de los empleados de la provincia asegura que alguna vez ha sido objeto de «conductas de acoso». De ellos, un 80% confiesa que «con frecuencia».   
La asiduidad con que se producen esos episodios «resulta importante», porque para hablar de «‘mobbing’ laboral» las conductas que lo definen han de ser «prolongadas en el tiempo, sistemáticas,  durante seis meses». «Un calentón puntual, un roce entre trabajador y  superior en un momento dado no es acoso, como tampoco lo es ejercer el mando o la autoridad para que un empleado cumpla con sus funciones», advierte De la Parte.
¿Cuáles son los comportamientos indebidos que determinan el acoso? El insulto y el menosprecio profesional y personal; el aislamiento comunicativo del trabajador, y la encomienda de tareas por debajo del nivel del empleado. Estas conductas se dan en relaciones asimétricas de poder en sentido descendente, de jefes a subalternos. También se produce entre iguales, en horizontal. Y en mucha menos proporción de abajo arriba.
El jefe de la Unidad de Seguridad y Salud Laboral advierte de que «para que haya acoso no tiene por qué producir daño, trastorno psíquico en quien lo recibe». Lo que valora la autoridad laboral es que quede acreditada «la conducta indebida, el menosprecio, el aislamiento, porque las personas reaccionan de distinta forma según su carácter, su experiencia y sus recursos».  Eso sí, alerta, desde el punto de vista penal «hay que demostrar intencionalidad, aunque sea dolo eventual -es decir, que quien protagoniza ese comportamiento se represente que sus actos hostiles tienen efecto sobre la víctima». Y es que en la mayor parte de las ocasiones, el acosador pretende es «arruinar al trabajador para que abandone la organización por sí mismo, pues las salidas voluntarias ahorran procesos judiciales e indemnizaciones» a las empresas.
Cuando un conflicto de esta naturaleza llega a los juzgados la Oficina Territorial de Trabajo ya no interviene. En este sentido, De la Parte ha observado que «cuando se dicta sentencia en un caso de este tipo la situación en la empresa no se repara, porque para ese momento el clima en este o aquel departamento -debido a la formación de distintos bandos en favor de acosador o víctima- se ha enrarecido tanto y es tan insano que resulta muy difícil darle la vuelta».
Otro de los hándicaps a los que se enfrenta la autoridad laboral es que los casos de acoso que provocan depresiones o crisis de ansiedad en los trabajadores «se tramitan como bajas por enfermedad común, no llegan a la Oficina como accidentes laborales o enfermedades profesionales». Hay empleados que prefieren «protegerse» y no dar una imagen de supuesta vulnerabilidad o falta de competencia, pero De la Parte aconseja que quienes sufran ‘mobbing’ han de comunicar por escrito que padecen una patología laboral, «pues así el empleador tiene la obligación de investigar».
Las mujeres padecen el acoso laboral más que los hombres y, «aunque se da en negocios de todo tamaño», los casos que afloran «son los que tienen lugar en medianas y grandes empresas, con comités de prevención y donde el trabajador posee mayor capacidad para defenderse». «El problema en las pequeñas es que el conflicto al final es directo entre empresario y trabajador y, muchas veces, el resto de la plantilla o no se implica o toma partido por el primero». El acosador, además, cree que la violencia que ejerce «es justa, proporcionada y que la persona lo merece».
De la Parte quiere dejar claro que  hay veces que las denuncias que llegan no implican acoso, «son de personas que se quejan de condiciones psicosociales que les generan estrés, como cambiar de puesto 3 o 4 veces en poco tiempo, pero en realidad la empresa tiene potestad para hacerlo». También advierte de que «hay trabajadores problemáticos, con escasa capacidad de adaptación, a quienes es difícil hacerle cumplir con las tareas». «Mandar no da derecho al maltrato pero no es constitutivo de acoso», sentencia. También explica que hay  supuestos de violencia «no sistemática que no generan ‘mobbing’».