La catedral del agua

SPC
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La Central de Ricobayo I, muy cerca de la localidad zamorana que le da el nombre, cumple 90 años desde el inicio de su construcción en mayo de 1929. La obra obligó a trasladar piedra a piedra la iglesia visigótica de San Pedro de la Nave al Campillo

Vista general de la Central Ricobayo I, situada cerca de la localidad zamorana que le da el nombre, perteneciente al municipio de Muelas del Pan. - Foto: JL Leal

En el año 1929 no había medios digitales, no existían los drones para analizar el terreno desde las alturas y faltaban más de 20 años para que se inventara la soldadura metálica pero ello no impidió empezar a construir la Central Hidroeléctrica de Ricobayo I, muy cerca de la localidad zamorana que le da el nombre, perteneciente al municipio de Muelas del Pan.
Una de las muestras de la impresionante calidad del trabajo realizado es que todas las abrazaderas de metal, llamadas virolas, había que sujetarlas en las tuberías con miles de remaches, que continúan intactos.
La obra fue llamativa y novedosa desde todos los puntos de vista, no solo por sus dimensiones y la tecnología vanguardista para la época, sino también porque obligó a trasladar piedra a piedra la iglesia visigótica de San Pedro de la Nave a El Campillo y por la creación posterior del Laboratorio de Hidráulica, entre otros hitos.
 Vista de la salida del agua en una de las zonas de la central zamorana. Vista de la salida del agua en una de las zonas de la central zamorana. - Foto: JL LealLa Central de Ricobayo I forma parte, junto con Villalcampo y Castro, del Centro de Producción Esla, cuyo jefe, Francisco Sánchez, aguarda junto a la nave de alternadores para explicar a la agencia Ical el funcionamiento de las instalaciones, antes de pasar al parque eléctrico y a la cámara de llaves.
Las botas con puntera de acero y el casco son condición sine qua non para poder recorrer la central, en la que la seguridad es todavía más importante que la producción de energía eléctrica. «Este lugar empezó a construirse en 1929. Fue la primera gran obra hidroeléctrica en España y en Europa, tanto por dimensiones como por la tecnología utilizada en aquel momento, que fue pionera en el mundo de la ingeniería», destaca.
Ricobayo es una presa de acumulación y regulación, de manera que no es de agua fluyente, que «turbina» el agua que entra. Al no ser una central de bombeo, con la máquina parada se almacena agua y se produce la electricidad cuando realmente la reclama el sistema. «Aquí hay un caudal entrante en el embalse y luego se puede turbinar o no, así que, cuando hace falta energía, arrancas las máquinas y se turbina agua pero puede estar la central parada por diferentes motivos», expone.
 Una de las zonas del parque eléctrico de la central que está en funcionamiento desde el año 1929. Una de las zonas del parque eléctrico de la central que está en funcionamiento desde el año 1929. - Foto: JL Leal«El consumo diario no es el mismo cuando arranca la industria por las mañanas o cuando ponemos la calefacción en casa al llegar por la tarde. Ahí hay una curva de demanda. Digamos que la potencia media de consumo la dan las nucleares y las térmicas, que son centrales que mantienen constantes los megavatios, de manera que esas puntas de consumo las da la hidráulica», anota, además de recordar que, en el caso de Ricobayo I, arranca una máquina en diez minutos, de forma que en ese tiempo hay una máquina de 35 megavatios acoplada a la red, con lo cual, la hidráulica arrancada «sube» toda esa punta de consumo que se precisa en el momento.
Energía acumulada

De hecho, la esencia de las centrales hidroeléctricas radica en que el agua es, hasta la fecha, la única forma conocida de acumular energía en gran cantidad, aunque la electricidad tiene que consumirse en el mismo momento en el que se produce. «Si tú, en tu casa, enciendes una bombilla, alguna central, que puede ser esta, tendrá que hacer aumentar el caudal, para que a ti te llegue esa corriente a esa bombilla», comenta Francisco Sánchez. «Si apagas la luz, alguien tendrá que dejar de sacar esa energía aquí, cerrar un poquito más la llave de paso de agua, por decir algo, porque tú ya no estás consumiendo esa electricidad. Entonces, como la energía se tiene que producir en el mismo instante en el que se consume, no se puede acumular. No podemos estar aquí almacenando energía en unas baterías porque no hay baterías de esa capacidad. Entonces, la única forma de almacenar la energía es con el agua», insiste.
El atronador sonido de la energía en estado puro, que nos acompaña durante buena parte del recorrido, ruge con especial intensidad a medida que nos acercamos a las turbinas, que se asemejan a enormes dinamos, con el principio de un campo giratorio magnético que genera energía eléctrica. «Es lo que más llama la atención a cualquier visita. Ves ahí el eje girando y es donde realmente te das cuenta de dónde sale la luz. Ahí está pasando el agua alrededor del rodete y está haciendo girar un eje que transmite la fuerza mecánica al eje del rotor del alternador y es el alternador el que ya genera la energía eléctrica», expone Sánchez.
«En esta central, puedes ver la parte de arriba, lo que llamamos nosotros la cámara espiral o caracol. Aquí intuyes la forma en caracol que tiene, que se va la tubería estrechando, de tal manera que reparte el agua con la misma presión en todas las palas», puntualiza.
Funcionar siempre

Además de tratarse de una inversión imposible de deslocalizar, por razones obvias, la Central de Ricobayo I nunca llegará a convertirse en un museo, aunque cuenta con abundantes características que lo permitirían. «Esto nunca será un museo. Seguirá funcionando siempre. Habrá que hacer las inversiones necesarias y remozamientos correspondientes pero funcionará siempre. El agua está aquí, la presa siempre estará aquí y la central siempre tendrá que estar aquí», concluye Sánchez.
Como es lógico, las instalaciones exigen constantes revisiones y una vigilancia de 24 horas al día. «El agua es fuente de energía pero también de erosión. Hay que hacer muchas revisiones, reparaciones, desmontajes y soldaduras en rodetes, por ejemplo. Esto no funcionaría si no se hiciera una gran inversión constante», asegura el jefe del Centro de Producción.
El parque eléctrico, que recuerda a esas estaciones intermedias que vemos en las ciudades, es la zona de transformación, que eleva la potencia para poder transportar la energía por la red de alta tensión de una forma más económica y eficiente. «Se sube la tensión para poder bajar la intensidad que circula y poder tener conductores de menos sección. Ahora verás ahí un transformador del lado de 13.000 voltios y luego ves el hilo tan pequeño por el que sale esa energía porque ya la hemos elevado a 132.000», indica Francisco Sánchez.
«Habrá otros parques que vayan bajando la tensión. O sea, llegará a otro parque más pequeño y a otro más pequeño y llegará un momento que baje en la ciudad a 13 kilovoltios y luego otro transformador que te lo baje a los 400 voltios que circulan por las ciudades», subraya.
Estamos haciendo el recorrido por las entrañas de la central de Ricobayo I de forma inversa a como lo hace el agua del Esla, una increíble masa de fluido controlado que aguarda al otro lado de la presa con toda su tensión y furia contenida por la magnífica obra de ingeniería que se acerca al siglo de existencia. «Esta es de las pocas centrales en las que puedes ver las tuberías forzadas porque su parte final no está metida en el hormigón y puedes ver eso que te llama tanto la atención, cómo están cosidas todas las virolas con miles de remaches y ver que están como el primer día. Es un lujo poder verlo», destaca el jefe del Centro de Producción Esla.
La denominada «Cámara de llaves» es una auténtica catedral del agua que espera a escasos metros su oportunidad para entrar. La voz retumba y reverbera en el área de la central hidroeléctrica que mejor comprende el visitante profano ya que, en el fondo, se trata de llaves de paso de un tamaño descomunal, con cuatro metros de diámetro. «Aquí es donde se empiezan a ver las tuberías forzadas, salen del hormigón de la presa y ves cuatro llaves de paso de agua. Son cuatro válvulas mariposa que se abren por accionamiento hidráulico y el cierre es por estos contrapesos», señala. «Aquí es todo a lo grande pero no deja de ser una llave de paso de agua con un cierre controlado», rubrica.
Los contrastes en la presa son tremendos: de casi escuchar el rumor del agua contenida al otro lado del muro a encontrarse en el interior de un macizo granítico excavado para realizar la central de Ricobayo II. El silencio que ofrece el corazón de la montaña es un tanto ominoso y la imaginación se desboca entre estrictos protocolos de seguridad, algunos de ellos tan evidentes como dejar el coche enfilado hacia la boca de entrada para no tener que ir marcha atrás en caso de emergencia. «Imagínate que hubiera una urgencia. Si empezamos todos a sacar el coche haciendo maniobras marcha atrás, sería un caos», apunta Francisco Sánchez, con una sonrisa malévola. «De todas formas, tranquilo. Eso sí, si me ves salir corriendo, corre también todo lo que puedas».