Filtros a la contaminación

L.M.
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Rosa Bartolomé y Miguel Ángel Cuenca, con una parte del ‘botín’ de colillas que han recaudado hasta la fecha. - Foto: Jesús J. Matías

Rosa Bartolomé ha puesto en marcha una campaña para concienciar a los fumadores sobre los daños de tirar un cigarro terminado al suelo. Ha recogido más de 8.800 en botellas, que cambia por refrescos u obsequios menores

Si usted es fumador, piense cuántas colillas tira al día al suelo, o a un lugar que no sea un cenicero o un lugar destinado a recogerlas. Si no fuma, piense cuántas ve por las aceras por donde camina habitualmente, o las que ha visto salir volando desde la ventanilla de un coche. Pues bien, sepa que a pesar de su tamaño, la mitad de un dedo meñique aproximadamente, una sola contamina hasta 50 litros de agua dulce u 8 de salada, amén de ser el primer residuo en cuanto a volumen que llega a los mares, más de cinco millones cada año.

Visto el grave problema, y para concienciar a la población de todo el planeta, un argentino, Gastón Caminata, que trabaja en un bar de las playas de Pinamar, al sur de Buenos Aires, lanzó un reto: quienes le entregaran un vaso lleno de colillas de la playa recibiría a cambio una consumición. La idea pronto se hizo popular por todo el mundo, y hace dos meses llegó a Burgos de la mano de Rosa Bartolomé, que gestiona la página de Facebook No más colillas en el suelo Burgos. «Me pareció una buena idea para dar un toque de atención, lo comentara, compartiera.Que luego se haga o no depende de cada uno, lo importante es que se sepa el grave perjuicio de tirar las colillas al suelo», explica.
Para dar un impulso a la iniciativa habló con su amigo Miguel Ángel Cuenca, propietario de la tienda Golosín, en la avenida Cantabria, que se mostró encantado de colaborar. En su establecimiento cambian botellas de medio litro llenas de colillas (unas 250) por un refresco, un zumo o una botella de agua. «Es un obsequio simbólico», asegura Cuenca.

Desde los inicios, hace mes y medio, han recogido más de 8.800, la mayoría en la calle, que guardan en grandes garrafas de plástico. «La gente mayor no se ha implicado tanto, pero sí que han venido jóvenes de 16 o 17 años, que a pesar de no fumar, han querido colaborar», explica el dueño de Golosín, que se muestra muy esperanzado gracias al desarrollo de todo este tipo de incitativas medioambientales.

 

Acto reivindicativo

La intención de todos los colectivos que forman No más colillas en el suelo, y que en la actualidad lo forman ciudades de todo el país -Burgos es la única de Castilla y León- es realizar una jornada de concienciación a nivel mundial el próximo 6 de julio. Todos los embajadores de cada provincia acudirán, con su correspondiente ‘botín’, a la playa de la Barceloneta, en la ciudad Condal, donde mostrarán al mundo el volumen de colillas recogidas del suelo. «Se llamará la montaña de la vergüenza para que todo el mundo vea el grave problema que es», indica Bartolomé. Tal es la envergadura que el pasado sábado, en un solo día, se llegaron a recoger 250.000 en la ciudad de Bruselas.

Además, la impulsora de la campaña a nivel local está preparando unos ceniceros portátiles para que se puedan llevar de un lado para otro y eviten que las colillas terminen en lugares como alcorques de árboles o alcantarillas, donde los trabajadores del servicio de limpieza tienen más complicado acceder con sus escobas. «Yo fumo. Te llevas una cajita de caramelos en el bolso, y cuando terminas el cigarro lo metes ahí hasta que encuentres una papelera. No es tan difícil».