Una de monstruos en la Catedral

I.L.H. / Burgos
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A la puerta de la capilla. Sergio Rodrigo y María López, estudiantes de la Escuela de Arte de Burgos y miembros de la asociación Patrimonio para Jóvenes, llevan varias semanas indagando sobre la leyenda del monstruo italiano y el templo gótico burgalés. - Foto: Alberto Rodrigo

Dos burgaleses de la asociación Patrimonio para Jóvenes vinculan una escultura del capitel de los Condestables con el 'Prodigio de Rávena', leyenda del siglo XVI posterior a Simón de Colonia, autor del oratorio

«Detenido por raro». Esa frase en el twitter de José Antonio Gárate, conocedor como pocos de los entresijos de la Catedral, su lugar de trabajo, llamó la atención a la Asociación Patrimonio para Jóvenes, que quería visitar la capilla de los Condestables. Gárate aludía en  internet a una escultura que se encuentra en uno de los capiteles de entrada al oratorio que construyó Simón de Colonia entre 1482 y 1496: un ser extraño que se apoya en una pierna con escamas que termina en una garra, con un ojo en la rodilla de la otra, dos alas en lugar de brazos, un cuerno en el centro de la cabeza y una ‘Y’, una ‘X’ y una ‘V’ esculpidas en su torso. Con bigote y el sexo marcado, al monstruo le retienen dos figuras de apariencia más humana.
El ingenio de Gárate y su entusiasmo al destacar la curiosa escultura durante la visita guiada que realizó con los miembros de Patrimonio para Jóvenes despertó la curiosidad de Sergio Rodrigo y María López, estudiantes burgaleses: «No tenían la figura identificada, y tampoco encajaba con el resto de representaciones de los capiteles, así que cuando llegué a casa me puse a investigar, primero en libros de bestiarios medievales y luego en iconografías de bestias del Renacimiento», relata Sergio Rodrigo, estudiante de Artes Aplicadas a la Madera en la Escuela de Arte de Burgos y futuro alumno del Grado en Historia y Patrimonio de la Universidad de Burgos.
Su insistencia le hizo dar con el Prodigio de Rávena, monstruo de similar apariencia y del que hay numerosa iconografía, en algunos casos con una sola pierna (la de escamas que acaba en una garra) y en otros con dos. Las indagaciones de Sergio y María les llevaron a la revista digital La Habana Elegante, que fecha la primera referencia al monstruo de la ciudad italiana en 1513, y aluden al nacimiento de la bestia en marzo de 1512, concebido por una monja.
La leyenda de este ser al que menciona Mateo Alemán en Guzmán de Alfarache y Andrés Bernáldez en Historia de los reyes católicos don Fernando y doña Isabel le otorgaba capacidades sobrenaturales para anunciar desgracias, desastres militares y turbulencias políticas. Y eso es lo que ocurrió en la localidad italiana de donde lleva el nombre.

Las fechas no cuadran. Sin embargo, lo que más intrigó a los dos jóvenes burgaleses fue el año de nacimiento del monstruo en el que coinciden las crónicas: 1512. Que el mito sea de entonces o posterior les hizo plantearse algunas dudas sobre la capilla de los Condestables donde está representado. El oratorio más importante de la Catedral fue construido por Simón de Colonia, como decíamos al principio de este reportaje, entre 1482 y 1496. Y el propio arquitecto y escultor muere en Burgos en 1511. Todas esas fechas son anteriores al nacimiento del mito.
¿Cómo es posible, entonces, que el Prodigio de Rávena se represente en la Catedral de Burgos antes de que las crónicas hablen de él?, ¿qué relación hay entre esta historia del monstruo y su representación en la capilla de los Condestables?, ¿es la única escultura que hay en España -grabados hay muchos- o existen otras de este ser alado en otros países?, ¿tiene algo que ver la escultura de este monstruo con el Diablo Cojuelo, también representado con una pierna con escamas que acaba en una garra?
Sergio Rodrigo y María López no plantean ninguna teoría. Las dudas respecto al Prodigio de Rávena y el capitel de los Condestables simplemente han despertado su interés por la investigación, la Historia del Arte, el patrimonio, la Catedral y los arquitectos que participaron en su construcción. ¿Y si no fue Simón de Colonia, si no su taller o su hijo Francisco, quien terminó los capiteles de la capilla?, ¿y si la influencia  del monstruo llegó después de un viaje de Diego de Siloé, autor de la Escalera Dorada, a Italia en 1519?, ¿y si las fechas, unas u otras, no son correctas?
Los dos jóvenes burgaleses no tienen las respuestas -al menos de momento-, pero han llevado a los papeles (y a internet, porque la historia ha tenido su eco en una publicación italiana, Noticias de Ravenna, www.ravennanotizie.it) al «detenido por raro», al Prodigio de Rávena que narra una de monstruos en la Catedral.