Los últimos barqueros

I.P.
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La conmemoración del Centenario de la reversión del Canal al Estado ha vuelto a poner en primer plano nuevos proyectos y rescata la historia de sus trabajadores, como los burgaleses Emiliano Hinojal y Vitorino Serna

Junto a la dársena del Canal en Valladolid hay un grupo de viviendas para empleados, en una de ellas sigue residiendo Emiliano. - Foto: Luis López Araico

Emiliano Hinojal es un privilegiado, sigue viviendo junto al Canal, ese que tantos años recorrió en sus años como trabajador de la Compañía del Canal de Castilla, en una de las viviendas junto a la Dársena de Valladolid, donde también en un local contiguo guarda sus maquetas, porque este burgalés lleva años trabajando ese noble oficio, con el que ha levantado el Canal casi desde su nacimiento en Alar del Rey hasta la capital vallisoletana. Las maquetas son un fiel reflejo de las diferentes instalaciones, puentes, acueductos, esclusas... y están dotadas de movimiento e iluminación. Ese es el territorio en el que Emiliano, el menor de 5 hermanos, trabajó como también su padre que fue esclusero y sus hermanos mayores.  Toda una saga ligada al Canal de Castilla, en el que él empezó con apenas 13 años como mulero para pasar después a barquero, recuerda Emiliano, así como que empezó cobrando 1,50 pesetas, como patrón de aquellas barcazas que surcaban el Canal en la España de los años 50, cuenta casi con nostalgia Hinojal, último barquero de esta antigua ruta comercial acuática, hoy reconvertida en reclamo turístico.

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