Desafío más allá de la barra

Almudena Sanz
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Los bares con una agenda habitual se mantienen expectantes a los acontecimientos conscientes de que tendrán que reinventarse. Mientras, reubican en otoño las citas suspendidas y orquestan actividades en sus redes sociales

La Rúa lleva más de 20 años apostando por la música en directo con nombres de la escena local y nacional. - Foto: Alberto Rodrigo

Disfrutar de un concierto en una sala pequeña con una cerveza en la mano, o sentarse en corro a media luz para escuchar un cuentacuentos, o reírse a carcajadas con la ocurrencia de un monologuista sin la rigidez de un patio de butacas se unen a la lista de placeres robados por el confinamiento. Los bares con una agenda cultural habitual que afloran como oasis en medio de la semana (o el fin de semana) también han sentido el pinchazo del coronavirus. Por partida doble. Ha cesado su actividad en la barra y en sus escenarios. Ahora se mantienen expectantes ante el discurrir de los acontecimientos conscientes de que tocará reinventarse. Una vez más. 
El Concurso de Música en Directo de La Rúa es una cita fija los jueves, pero el estado de alarma ha dejado en suspenso su octava edición. Cuando se decretó, aún estaba pendiente la participación de dos grupos (Gods of Liar y Juicio Final) y la final, prevista para el 28 de marzo. Su artífice, José Sancho, confirma que la reanudarán, aunque aún no tienen nada definido. 
«Aunque cada día hay una noticia nueva, nuestra idea es terminar esta edición en octubre y después empezar con la nueva, aunque se tenga que alargar algo más», resalta este inquieto agente cultural que con este encuentro, del que estos días ha estado colgando en Facebook unos minutos de cada actuación, ha espoleado la escena local. 
En ese calendario también busca hueco para los conciertos cancelados. «Teníamos nombres muy potentes cerrados en mayo, pero no se va a poder hacer nada», lamenta y, alejando los malos augurios, observa que, por lo menos, solo han perdido abril y mayo, ya que suelen terminar la temporada ese mes.
Su mirada positiva no le impide aventurar que el arranque será complicado, para todos, incluso para ellos que llevan 23 años en la batalla. «La gente tendrá miedo a ir a los conciertos y habrá que incentivarla. Nos tocará reinventarnos», sostiene y avanza que manejan ideas para reactivar la escena musical, pero todo depende de cómo se reanude esa vida cotidiana cuando se supere el confinamiento. «La prueba de fuego serán los festivales de verano. Si se toman medidas muy drásticas nos repercutirá luego a las salas pequeñas», analiza convencido de que «volveremos y con mucha fuerza». Siempre positivo, nunca negativo. 
A David Herrera, propietario de The Golden Garden, le cuesta más dejarse deslumbrar por ese rayo de luz. La confirmación de la suspensión cautelar de Sampedros, Curpillos y Noche Blanca ha sido la puntilla a su ánimo, aunque aún conserve la sonrisa. 
«Al final el pato lo estamos pagando los autónomos y, sobre todo, el sector servicios», sentencia indignado y se muestra un pelín más optimista respecto a la agenda cultural. «Estamos en un limbo esperando que evolucione la situación y tener todo más claro para reubicar después del verano los conciertos y monólogos que teníamos ahora», resume y cruza los dedos para que en otoño no haya un rebrote del virus. 
Mientras llega el momento de volver a subir las persianas, trabaja en casa y le da al coco, mucho, no así a las redes sociales. «Hay una sobreinformación brutal. Es importante estar para que la gente no se olvide de que existes, pero no veo una forma buena de hacer algo cultural a través de ellas, no creo que aporte nada», enfatiza y sonríe. Eso no se lo ha quitado el bicho.