Cavia restaurará el puente romano, en peligro de hundirse

I.P.
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El tránsito de vehículos agrícolas de gran tonelaje ha ocasionado con el paso del tiempo el desplazamiento de los pretiles y ocasionado graves daños en el entramado de piedra de sus siete ojos, que requieren de una consolidación

Vista general del puente de origen romano, reconstruido en el siglo XVIII, en el que destacan sus siete ojos. - Foto: Patricia

Es de origen romano, como la propia localidad de Cavia, aunque el deterioro que fue sufriendo con el paso de los siglos hizo necesaria en el siglo XVIII su demolición para levantar en su lugar el puente actual. El primitivo tenía tres ojos y el nuevo destaca por su longitud y sus siete ojos por los que corren las aguas del río Ausín. Pero aún conserva elementos en el basamento y tajamar que le confieren un valor histórico del que el pueblo se enorgullece.

Y cuatro siglos después, de nuevo el puente sobre el Ausín sufre los efectos del paso del tiempo y, sobre todo, el peso de los vehículos que se ven obligados a cruzarle porque es la salida natural del pueblo. Es la maquinaria agrícolas, caracterizada ahora por su gran volumen, la que mayor mella hace en su estructura cada vez que le atraviesa para dirigirse a trabajar en las fincas de la localidad, eminentemente agrícola, lo que poco a poco ha ido alterándole llegando el deterioro hasta alcanzar las propias bases del puente. El mayor impacto lo producen las cosechadoras, reconoce María Elena González, alcaldesa de Cavia, que explica que el peso de éstas y, sobre todo, la anchura, más aún cuando le atraviesan con el peine bajado en la época de la recolección, ha provocado el desplazamiento poco a poco de los pretiles, y el desmoronamiento de piedras en toda la zona de los ojos. 

Durante siglos fue atravesado por los vehículo que entonces se utilizaban para el comercio y las labores, que eran de mucha menor envergadura que los actuales, y aunque lo cierto es que ahora no se pueden llevar el peine de la cosechadora bajado, la poca distancia en ocasiones entre una finca y otra, dificulta a los agricultores estar quitando y poniendo varias veces al día para pasar, reconoce la regidora. 

Una vista cercana permite ver el mal estado del entramado de piedras de los ojos. Una vista cercana permite ver el mal estado del entramado de piedras de los ojos. - Foto: Patricia

Llegados a este punto y ante el riesgo que corre de hundirse buena parte de su estructura, el Ayuntamiento de Cavia ha decidido intervenir en el mismo para restaurarle y corregir los defectos que, de lo contrario, se agravarán más y  pueden acabar con el puente. «El miedo que tengo es que vaya cediendo el entramado entre los ojos y se desmorone sobre la base que hace de cimentación», explica María Elena González, que añade que para el Ayuntamiento el arreglo es ya una prioridad.

En estos momentos, el arquitecto municipal está elaborando el proyecto de reforma del mismo, un proyecto que tendrá que pasar por la Comisión Territorial de Patrimonio de la Junta de Castilla y León tratarse de un puente que está protegido, como lo están otros inmuebles históricos de la localidad como el Palacio Casa Fuerte de los Rojas, antes de recibir el visto bueno definitivo y adjudicar los trabajos de mejora en este puente que no es el único del pueblo, ya que conserva otros dos en su término municipal.

La actuación se centrará fundamentalmente en la intervención para consolidar la base, centrar la estructura que se ha ido desplazando por el paso de la maquinaria pesada y restablecer las piedras que se han ido desplazando y perdiendo en algunas zonas. Al no estar finalizado el proyecto, aún el Ayuntamiento no tiene concretado el coste de las obras; en todo caso, la alcaldesa explica que la idea es utilizar para esta obra la cantidad procedente de los Planes Provinciales de la Diputación que le corresponde Cavia.

Curiosidades históricas. Entre las curiosidades de este puente se sabe que en el siglo XVIII, los vecinos solicitaron que se librara al pueblo de contribuir a puentes extraños dados su alto coste (62.000 euros), comprometiéndose a mantenerle a su costa. Y es que la calzada sobre el río Ausín era muy transitada por comerciantes y carreteros de la Cabaña Real.  En 1753 declaran los canteros Francisco Díaz y Francisco Antonio Díaz precisando que había un puente sobre el Ausín muy maltratado, que era necesario reconstruir los tres ojos con mayor hueco a la vez que reparar otros puentecillos. 

El Fiscal se opuso a la exención alegando que los mencionados puentes sirven solo para el beneficio particular de los vecinos. El pueblo siguió insistiendo y tras varios intentos y proyectos, el año 1755 se encarga a Francisco de Bastigueta un puente nuevo, quien levantó el correspondiente plano y evaluándolo en 72.239 reales. El arquitecto vallisoletano Manuel Serrano dio el visto bueno al proyecto y al año siguiente era rematada la obra por Tomás Gómez Portilla en una cantidad de 74.900 euros, tal y como recoge J. Cadiñanos en su libro titulado Puentes en el centro de la provincia de Burgos durante la Edad Moderna.