La Feria del Libro sucumbe al 'bicho' y será en noviembre

A.S.R.
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La edición 44, prevista del 22 al 31 de mayo, se reubica en el calendario y mantiene El Espolón como escenario, pero adaptará su formato y sus actividades a las medidas de seguridad

La fiesta de los libros explosionará en otoño en El Espolón, aunque, probablemente, el público tendrá que guardar la distancia social en su paseo entre los puestos. - Foto: Valdivielso

Se ha agarrado a un clavo ardiendo hasta el último momento, pero el bicho ha sido más fuerte. La Feria del Libro se cae del calendario de primavera para reubicarse en el de otoño. El presidente de la Asociación Provincial de Libreros, Álvaro Manso, mantenía hace tres semanas la ilusión de poder celebrar la edición 44 como estaba prevista, del 22 al 31 de mayo, pero la realidad se ha impuesto y avanza que tendrá lugar en noviembre. 

«Queremos que sea a finales de mes para que sea un reclamo y un empuje de cara a la campaña de Navidad», matiza y enfatiza que, sobre todo, desean que se convierta en una fiesta y una celebración de los libros. 

Quedan muchos meses por delante, toda la incertidumbre e interrogantes abiertos sobre lo que pasará una vez se levante el fin del confinamiento y las previsibles medidas de seguridad que se establezcan para actos públicos por lo que es difícil adelantar nada sobre los detalles de la que se convertirá en una insólita Feria del Libro. A la vez que precisa que mantendrá su escenario principal en el paseo del Espolón, declara estar convencido de que será imposible conservar el formato seguido hasta ahora. 

«No podremos. Adaptaremos todas las actividades. Ya nos estamos planteando cómo hacer un encuentro, cómo organizar un taller... De momento, estamos poniéndonos en lo peor, pero es pronto», responde sabedor de que tienen muchos flecos que coser y pocas certidumbres para que esas puntadas sean certeras. 

Cree que los aforos se reducirán a la mínima expresión en cualquiera de los eventos; augura que será casi imposible realizar un programa escolar, aunque, en caso de ser así, sí se plantea acercarse a los colegios; desconoce qué política seguirán las editoriales respecto al encuentro con los autores y cuándo sabrán de ella para empezar a contactar con estos; sopesa si en vez de una carpa grande necesitarán tres pequeñas y apostar por las micro citas... 

Algunos puntos a favor también atisba. He ahí el tamaño de las casetas de cada una de las librerías participantes y la separación entre ellas, levantadas como islas, que permite una fluidez de público en el recorrido por ellas. 

«Queda mucho y sabemos que tendremos que invertir mucho tiempo en cambiar la estructura», insiste Manso a quien, eso sí, no le da ningún miedo la impredecible climatología otoñal. 

La cuadragésimo cuarta edición de la Feria del Libro pasará a la historia por su celebración en a finales de año y porque, a juzgar por las primeras impresiones del presidente del gremio, no se parecerá a la que ocupa el imaginario de todos los burgaleses y visitantes, aunque sí aspira a conservar su espíritu de celebración de la lectura. 

Un ambiente que este año no se respirará en la Plaza Mayor el 23 de abril, Día del Libro, cuya suspensión ya se anunció incluso antes de saber que caía dentro de la última prórroga de la alerta sanitaria.