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La nueva vida de los olmos perdidos en Miraveche

S.F.L.
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Claudio y José Luis Palma acaban la talla del Cristo crucificado un año después de lo previsto. La pieza podrá visitarse en la iglesia del pueblo y participará en exposiciones

Claudio Palma elaboró el modelo del busto sobre escayola. - Foto: C.P.

Si Pinocho tuvo a Gepetto como creador, la pieza descrita en estas líneas habla de sus particulares carpinteros. Dos primos de Miraveche, Claudio y José Luis Palma, que comparten la afición por la madera, son los autores de una joya elaborada con pedazos de olmos centenarios. 

Con la delicadeza de sus manos y con decenas de mochilas repletas de horas cargadas a sus espaldas, el Cristo crucificado ya se alza con poderío en la iglesia de Santa Eulalia de Mérida, cual escultura elaborada con la más alta tecnología. Pero no, aquí no hay trampa ni cartón. Solo vigas con forma de brazos, manos, piernas, rostro… y chapas de acero moldeadas con mimo para dar forma al pergamino y a los soportes. Con más de 12 meses de retraso frente al plazo deseado, la pieza ya está lista para deslumbrar.

Cuatro años han transcurrido desde que decidieron dar uso a los troncos de los árboles que hace más de 50 años había cortado Inocencio Palma, tío y padre de los artistas. El destino inicial de esta rígida y resistente madera iba a estar en una vivienda, como vigas, pero por suerte cayeron en manos de los primos. La primera imagen que le vino a Claudio a la cabeza fue una cruz monumental, pero después de vislumbrar la materia prima se encaprichó de tallar un Cristo. No uno cualquiera, sino una figura a tamaño real compuesta por varias piezas, que una vez terminadas por separado, se han ensamblado como un puzzle hasta formar la estampa deseada.

Todos los fragmentos están formados por otras subpiezas. José Luis es un experto en madera y para realizar esta obra ha tenido que utilizar sus mejores técnicas. Primero conformó los bloques que luego han sido tallados. «Para este trabajo se requiere un amplio conocimiento del veteado de la madera para que con el paso del tiempo no se agriete. Sin su trabajo no hubiese quedado una obra de esta envergadura», destaca el artista.

Palma ha querido reflejar todo el sufrimiento y el calvario que padeció Cristo antes de su muerte, por lo que todo el éxito y significado de la figura pasa por los detalles del rostro. Pese a que haya querido expresar con la pintura dolor, el artista ha logrado que los ojos desprendan lucidez, una tarea compleja de ejecutar en la madera. «El resultado final nace de la combinación de muchas artes como la talla, el color o la escultura. Tratar de pintar una pieza de estas características es complicado, sobre todo sacar con el pincel estas expresiones», explica. El resultado final: una imagen más adaptada a la actualidad huyendo, en su medida, del barroquismo. 

Trabajar codo con codo con su pariente ha marcado la trayectoria profesional de Claudio, que domina otras disciplinas artísticas como la música, la escultura o la pintura. Reconoce que estaría dispuesto a continuar contando con sus conocimientos para crear otras piezas. «Somos casi quintos y hemos compartido momentos que guardaré eternamente en mi retina. Ha sido muy especial vivir tantos experiencias juntos», declara emocionado el artífice.

Pieza itinerante. A partir de este sábado, el Cristo estará preparado para recibir visitas en la iglesia de Miraveche por un tiempo indefinido. No obstante, la intención de los creadores va más allá y ya han apalabrado que la pieza participará en alguna exposición de arte sacro o viaje a algún otro templo. «Queremos que pueda contemplarse en San Salvador de Oña, en Miranda de Ebro y en Burgos. Tenemos otras ofertas fuera de la provincia como en las Edades del Hombre de 2022, que se celebrarán en Plasencia. La obra es digna de tal categoría», asegura Palma.

Asimismo, algunos cofrades han mostrado interés en la pieza para sacarla en procesión, una idea que aún deben valorar los burebanos pero que no descartan.