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La heráldica en la capilla del Condestable (III)

JUANJO CALZADA
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Heraldos, divisas y tenantes

Leones con el aspa de San Andrés y la cruz potenzada de Jerusalén y ángeles con el sol de San Bernardino. - Foto: Alberto Rodrigo

*Este reportaje corresponde a la serie 'Ochocientos años de un templo y una ciudad' (Catedral guardada / 18) y salió publicado en la edición impresa de Diario de Burgos el pasado 18 de octubre. 

I.- HERALDOS

Los heraldos ya existen desde el siglo XII. Sus precedentes son los ‘keerduz’ griegos y los ‘praecos’ romanos, una especie de pregoneros y embajadores. Se encargaban de organizar los torneos, de suerte que los anunciaban, precedían y acompañaban a los contendientes al torneo, anunciaban su nombre y sus hazañas cuando llegaba el momento de competir y aclamaban al vencedor. Al principio su trabajo no estaba muy reconocido, buscando torneos en los que emplearse. Los textos medievales a veces los asociaban con juglares, tahúres, bufones, etc.

A mediados del siglo XIV los heraldos ya eran personas reconocidas al servicio del rey y de los nobles, encargándose de las ceremonias de los torneos, bodas, coronaciones, funerales, investiduras de caballeros, etc. En las guerras, conocedores de los emblemas heráldicos, identificaban al enemigo oculto bajo su armadura y actuaban como embajadores para tratar treguas, rendiciones, etc. Ahora sirven a un señor, recibiendo de él un salario fijo y abandonando su vida errante. Un rey o un noble podía tener un buen número de heraldos, entre los que destacaba el rey de armas. A finales del siglo XV, con el declive de la caballería, no desaparecerá la figura del heraldo, pero perderá importancia.

En la parte superior de la capilla del Condestable los heraldos, con sus jorneas o paletoques cortos y sus mazas, certifican ante los escudos sostenidos por los salvajes que los yacentes que esperan su purificación en la tumba, son Grandes de España, concretamente los Condestables de Castilla.

II.- DIVISAS

Salvajes tenantes y niños o ‘putti’ con las divisas de los condestables.Salvajes tenantes y niños o ‘putti’ con las divisas de los condestables. - Foto: Alberto Rodrigo+ Sol de San Bernardino.

Se trata de la representación del sol con el IHS, es decir, el anagrama de Cristo, en el contexto de la gran devoción de los Velasco a los franciscanos. Aunque el viaje de san Bernardino de Siena a España y su acogida por los condestables en su palacio de Herrera de Pisuerga es leyenda, se podría admitir que doña Mencía, que sólo tenía niñas, invocó a san Bernardino, consiguiendo un niño al que le puso el nombre del santo. Los condestables adoptarán entonces la divisa del sol de san Bernardino.

La divisa, en realidad, no sólo es propia de don Pedro, sino también de su esposa doña Mencía, estando presente por todo el interior de la capilla. Esta es un canto a la luz purificadora que esperan los condestables desde sus tumbas y, en este contexto, el sol de san Bernardino tiene grandes connotaciones con la luz y las teorías franciscanas sobre esta. 

+ Cruz potenzada de Jerusalén

Doña Mencía la adopta por su hermano don Pedro González de Mendoza al ser nombrado cardenal de la Santa Cruz de Jerusalén, colocándola este, en gran número, en los edificios promovidos por él, como, por ejemplo, el colegio de Santa Cruz de Valladolid o el hospital de Santa Cruz de Toledo.

Sin embargo, una vez más, podemos ver aquí la cruz potenzada como divisa del matrimonio, pues los Velasco tuvieron una especial devoción a la Vera Cruz. Recordemos que el Buen Conde de Haro fundó en Medina de Pomar el hospital de la Vera Cruz. 

Se trata de una cruz griega potenzada, es decir, cuatro brazos iguales cuyos extremos terminan en forma de ‘T’, acompañada, a veces, por cuatro cruces menores, sencillas o potenzadas. Es, sin duda, la divisa por excelencia del cardenal don Pedro González de Mendoza que la puso, aparte de en todos los edificios financiados por él, en los estandartes de sus tropas en un intento de identificarse con un nuevo ‘miles Christi’.

Se ha dicho que el cardenal adopta la cruz potenzada porque nació el 3 de mayo, fecha dedicada hasta 1969 a la Invención de la Santa Cruz; que la adoptó porque este es el tipo de cruz que se apareció a las tropas cristianas en la batalla de las Navas de Tolosa, adoptándola porque en dicha batalla participó su ascendiente don Diego López de Haro, señor de Vizcaya… En realidad la cruz potenzada de Jerusalén ya aparece como divisa en manos de su padre, a partir de 1440, don Íñigo López de Mendoza. 

III.- TENANTES

+ Salvajes

El salvaje es un ser fantástico cuya iconografía se fragua en los siglos XII y XIII, apareciendo ya en el XIV, hasta triunfar en el siglo XV, prolongándose su presencia en el XVI. 

Se concibe como un ser, a medio camino entre el hombre y la bestia, que vive al margen del mundo civilizado en el bosque. Este es visto como un lugar peligroso habitado por gente proscrita. 

Su cuerpo peludo y fuerte, con largos mechones y barba, le dan un aspecto de fiera y representa las pasiones que el hombre tiene que dominar o el enemigo al que el caballero tiene que derrotar en defensa de la dama y ponerle a su servicio como tenante de escudos o guardián de puertas, dada su fortaleza.

En los desfiles que precedían a los torneos era costumbre que personas disfrazadas de salvajes desfilaran con los escudos de los caballeros que iban a competir y que los llevaran hasta los heraldos y farautes encargados de examinar los blasones de los contendientes. Esto nos explica la presencia de salvajes como tenantes de escudos.

En la capilla del Condestable los salvajes aparecen flanqueando los escudos de los condestables, hombres en el caso de don Pedro y mujeres en el de doña Mencía. Sus cuerpos no están desnudos, sino que llevan prendas de vestir, a base de cueros de toro o buey recientemente curtidos. Buena prueba de que no se trata de cuerpos velludos, sino de trajes, es la presencia de cintos y el hecho de que manos y pies estén limpias de pelo.

Los hombres salvajes aparecen con armas como la porra, muy típica en ellos, y un alfanje, aunque en realidad la espada les está vedada. Las mujeres salvajes, por el contrario, tienen un aspecto un tanto delicado y nada horroroso, bastante lejos de las grotescas representaciones medievales. Aquellos vuelven a señalar al hombre de armas don Pedro Fernández de Velasco, cuyo escudo flanquean, y estas a la mujer de letras, doña Mencía de Mendoza. ¿Asistimos a una nueva representación simbólica de la vida activa y la contemplativa?

+ El león

Los leones suelen ser tenantes de escudos o, como en este caso, en el exterior de la capilla del Condestable, de divisas, concretamente del aspa de san Andrés y la cruz potenzada de Jerusalén. Aparecen con una importante función apotropaica, es decir, como guardianes y protectores de las puertas de ciudades y de templos, de tronos, escudos, divisas, etc. Aquí protegen la capilla del Condestable y el eterno descanso de sus moradores, don Pedro y doña Mencía.

Mi hipótesis va un poco más allá. Aparecen flanqueando una ventana por donde entra la auténtica luz, la de Cristo, razón por la cual sobre ella tenemos dos ángeles como tenantes del Sol de San Bernardino, cuyo sermón sobre la fiesta de la Purificación tiene mucho que ver con el significado de la capilla y justifica la presencia del sol eucarístico en este testero este del exterior de la capilla.

En el antiguo Egipto el dios Ra, el Sol, a veces era representado por medio de un león y un disco solar sobre él. He aquí la vinculación del león con el sol de san Bernardino. Partimos de la idea de que el león es un símbolo solar, por el color pardo dorado de su piel y su vistosa melena de macho, a modo de rayos solares.

Fuentes: Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Jorge Martínez Montero, Elena Paulino Montero, Salvador Andrés Ordax, Diana Olivares Martínez, Santiago López Ríos, Roger Bartra, Jesús P. Díaz de Sarabia, José María Azcárate, Alfonso Pereda y José Julio García Arranz.