Sad Hill: Un camposanto de película

J.Á.G.
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HEMEROTECA| Seguir los pasos de Eastwood por ese empedrado original del acceso al círculo central, recuperado bajo veinte centímetros de tierra y olvido, es otro atractivo de esta visita, como el visionado de la única tumba abierta.

Sad Hill. Un camposanto de película - Foto: Alberto Rodrigo

La provincia de Burgos no es Nuevo Méjico ni el Arlanza es río Grande, pero al director del cine Sergio Leone sí se lo pareció en 1966. Rendido a la agreste belleza de los cortados de la peña Carazo, los sabinares y paisajes del entorno de Silos, Carazo, Contreras, Covarrubias o, mismamente, Hortigüela -incluidas las ruinas del milenario monasterio de San Pedro de Arlanza-, el cineasta italiano decidió rodar en tierras castellanas algunas secuencias de El bueno, el feo y el malo, un clásico en la filmografía del oeste. No era la primera vez. Estos parajes habían sido popularizados por Javier Setó en otra película, en este caso de corte medieval, El valle de las espadas (1963).

Nadie, ni siquiera José Antonio Pérez Giner, entonces ayudante de producción -sus buenos oficios fueron decisivos para atraer a la variopinta tropa del celuloide a estas tierras de Lara-, habría dado un dólar porque más de medio siglo después los cuatro escenarios en los que se rodaron secuencias que conformarían una ruta de película y que su hito principal, el cementerio de Sad Hill, abandonado y olvidado durante décadas, dejaría de ser esa colina triste para convertirse en alegre y en lugar de culto para cinéfilos y mitómanos de medio mundo. Es además un magnífico itinerario para senderistas y excursionistas, que buscan nuevas experiencias participando de ese turismo cinematográfico que está recuperando atractivo en España.

Un puñado de visionarios y esforzados emprendedores, reunidos en torno a la Asociación Cultural Sad Hill -surgida por impulso del Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes y la Asociación Serranomatiega-, iniciaron en 2014 un ambicioso proyecto que perseguía rendir tributo a este western recuperando los escenarios y, además, poniendo en valor turístico y cultural los parajes burgaleses utilizados en el rodaje.

El esfuerzo, en el que también colaboraron instituciones, empresas y colectivos, como es el caso de Tierra de Lara, se ha concentrado, de momento, en recuperar el circular e icónico cementerio de Sad Hill, un sobrecogedor y empedrado camposanto de cuatro hectáreas que se levantó en el valle silense de Mirandilla, a caballo de Santo Domingo y Contreras. En esos 251,3 metros de diámetro, Carlo Simi y Carlo Leva diseñaron el decorado en el que dispusieron unas 4.800 tumbas, cuya cruces están ahora personalizadas y apadrinadas. No hay ningún muerto -de hecho durante el rodaje solo se cavó una-, pero aún resuenan en el imaginario los pasos de un joven Clint Eastwood, enfundado en su poncho, con su sombrero ladeado y su sempiterno cigarro. Su imagen, silueteada y perfilada en acero, ha sido colocada entre las primeras tumbas y el aparcamiento, para dar la bienvenida. Al fondo no están las montañas de Nuevo México ni las del desierto almeriense de Tabernas, sino las de peña Carazo. El encuadre perfecto para la obligada foto durante la visita. Pero hay más, porque también parece cobrar vida el malísimo Lee Van Cleef, tiroteado en esa loca carrera por encontrar los 200.000 dólares que buscaban, en medio de la Guerra de Secesión, los tres cazarrecompensas.

Regresan a la retina esas imágenes de duros pistoleros y resuenan en los oídos esos secos disparos de los revólveres y de las explosiones de los cartuchos de dinamita. Por rememorar, uno cree oír de nuevo, en el silencio de los sabinares, la música de esa vibrante banda sonora del genial Ennio Morricone, El éxtasis del oro. Es esa melodía con la que Metallica, un grupo de rock rendido a los encantos de Sad Hill, abre todos sus conciertos.

Es un espacio de muerte, pero muchos visitantes comprueban que en esos más o menos setecientos metros cuadrados, hay mucha energía vital y futuro. Esta cinematográfica necrópolis reluce ahora mucho más después de que en 2016 se lograra, gracias a una masiva respuesta ciudadana y mecenazgo, desbrozar, limpiar tumbas y túmulos. Los años de abandono y desidia habían ocultado el empedrado bajo una gruesa capa vegetal. La resurrección de Sad Hill, cuya declaración como Bien de Interés Cultural se ha solicitado, es una de las esperanzas de la asociación, primero, para proteger y promocionar este patrimonio cultural, y segundo, para poner el primer hito de un proyecto más ambicioso y de futuro, que prevé rescatar del olvido y recuperar esos otros tres escenarios que también formaron parte de este peliculero oeste burgalés, mitad serrano y mitad arlantino.

Un viaje al Oeste. El sueño de crear una suerte de parque temático del salvaje Oeste americano está, sin duda, aún muy lejano, pero la experiencia de Tabernas, en el desierto almeriense, anima, desde otra perspectiva menos comercial, al colectivo y a sus muchos colaboradores a seguir trabajando por conseguir que esta comarca burgalesa, con enorme patrimonio artístico y medioambiental, sume un recurso más para ayudar al desarrollo socioeconómico de la zona, cree empleo y fije población.

El cementerio de Sad Hill tiene su propia cartelería, indicadores y su particular didáctica visual, pero sin duda antes de iniciar este viaje a la historia de El bueno, el feo y el malo, es conveniente, así lo apuntan muchos de los visitantes, volver a visionar la cinta de Sergio Leone y, de paso, el magnífico y galardonado documental Desenterrando Sad Hill, en el que fundadores y directivos de la asociación, entre otros, relatan la recuperación del cementerio. En esta cinta se mide en su justa medida el ingente esfuerzo realizado. Asimismo, es obligado acceder también a la web de la asociación y empaparse de historias y vivencias, que cobran virtualidad a pie de tierra, en este valle de Mirandilla.

Al paraje se accede, indistintamente, por trochas de Silos, en cuyo término se enclava, o de Barbadillo del Mercado y Contreras, más cercanos a Salas. La primera opción, la silense, contempla el acceso por un empinado camino forestal. Una hora larga se tarda en recorrer a pie los seis kilómetros, pero hay acceso también en coche. En cualquiera de las opciones merece la pena el viaje. Además de disfrutar de los bucólicos parajes de los sabinares del Arlanza, desde el altozano se abren unas magníficas vistas del cementerio, tumbas, empedrado… Permite, en definitiva, hacerse una idea precisa y más de conjunto. Por Barbadillo del Mercado, a la vera de la N-234, se llega a Sad Hill tomando la carretera local la une a Contreras. Pasado el núcleo urbano hay una bifurcación de caminos. Por la derecha se llega, en suave pendiente, a Sad Hill. Por el de la izquierda se llega, bordeando la peña, a Carazo. Cerca del pueblo se situó el escenario del campo de concentración de Betterville.

En cualquiera de las opciones, en la visita al camposanto, además de recorrer los círculos mortuorios, la clave está en el mítico triello, el duelo final a tres entre los protagonistas y donde Eastwood (el Rubio) le espeta a Wallach (Tuco) aquello de "verás, el mundo se divide en dos categorías. Los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tu cavas". La imaginación vuela y se van rememorando secuencias y pasajes, también junto al roble del ahorcado -hoy un enebro- o viendo mismamente el cartel de acceso, rústico y con esa tipografía típicamente de western. También hay espacio para el recuerdo y el homenaje a Sergio Leone, con efigie y firma en la placa conmemorativa. A falta de centro de interpretación como tal se cuenta con un ilustrativo cartel para entender el espacio y lo que en él aconteció y se filmó.

Seguir los pasos de Eastwood por ese empedrado original del acceso al círculo central, recuperado bajo veinte centímetros de tierra y olvido, es otro atractivo de esta visita, como el visionado de la única tumba abierta, no lejos del triello… Deambular por los círculos mortuorios es algo sobrecogedor, pero permite comprobar que hay muchos mecenas por el mundo que apuestan por esta iniciativa y los hay en todos los ámbitos, desde el propio cine, pasando por la cultura, la música, el arte, la comunicación, la empresa...

La lista es enorme -incluso hay una primera área de túmulos VIP que tienen grabados nombres muy conocidos-, pero también suman personas anónimas que apadrinaron con sus 15 euros cada una de las tumbas recuperadas. Podría haberse ampliado el número para hacer caja, pero aquí, la asociación ha querido ser honesta y fiel al espíritu y no colocar más de las tumbas que hubo originalmente en Sad Hill. No se cobra entrada, por cierto, pero sí admiten donativos para continuar con la labor de mantenimiento y afrontar nuevas iniciativas, que requieren ayudas institucionales, de asociaciones, empresas y también particulares.

Para proteger el entorno del camposanto de la invasión del ganado doméstico que pasta por los prados y de especies salvajes se ha colocado una valla de madera en el perímetro. Asimismo, en el entorno se cuenta con amplio aparcamiento, espacios de acogida y estancia de los visitantes, donde, por ejemplo, tomar ese pequeño refrigerio que hay que llevar de casa o comprar por el camino.

En las campas hay espacio para todo, incluidas multitudinarias proyecciones, conciertos, filmaciones y otras muchas actividades socioculturales porque desde la asociación Sad Hill y otros colectivos se quiere que este cementerio no sea un espacio 'muerto' sino dinámico y abierto a la cultura y la creatividad. Hay muchas propuestas e iniciativas en cartera y habrá más de una ocasión para acercarse, pero de momento, cuando termine el confinamiento obligado por la crisis sanitaria del coronavirus, nada mejor que visitarlo en solitario, con la familia, amigos... cuando pase el confinamiento.

Merece la pena.

*Este reportaje se publicó en el suplemento Maneras de Vivir del 4 de abril de 2020.