La sonrisa de los guerreros detrás de la mascarilla

I.M.L.
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«¿Que somos héroes? No lo sé, es nuestra vocación» o «lo peor es el miedo a contagiar a los tuyos», reflexiones del colectivo sanitario

La sonrisa de los guerreros detrás de la mascarilla

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La sonrisa de los guerreros detrás de las mascarillas

Solidaridad. Esta podría ser la palabra que resumiese el último mes en el entorno sanitario de la comarca. Decenas de sanitarios echan el resto para vencer al coronavirus, mientras la mayoría de la población cumple con el confinamiento y sale a ventanas y balcones a aplaudir a este colectivo, vital en esta crisis sanitaria y que nunca ha sido tan reconocido como en esta situación excepcional.
Pero no se creen héroes, calificativo que les agrada pero que les abruma. «¿Que somos héroes? No lo sé, es nuestro trabajo, es nuestra vocación, es nuestra profesión», confiesa Montserrat Miguel Ayala, enfermera del Hospital de los Santos Reyes que, hasta ahora, estaba desarrollando su labor en las consultas del Centro de Especialidades, pero que ahora está al pie del cañón en el hospital de convalecencia. «Me dieron el disgusto cuando me dijeron que iba allí, pero ahora me siento orgullosísima de estar ahí, de trabajar con gente joven, con una ilusión terrible y estar yo aportando lo que puedo y mucho más», y reconoce que volver a primera línea a sus 64 años le ha supuesto todo un reto. «De esto podemos sacar como enseñanza una unión espectacular, un cariño hacia los pacientes exagerado, a los que damos mucho cuidado y cariño, además del compañerismo entre nosotros».
A pesar de todas las sonrisas que acompañan esta líneas, a cara descubierta o tapadas con los preceptivos y necesarios EPIs, lo duro del trabajo está dejando muescas negativas en el ánimo de los sanitarios, a las que buscan sobreponerse jornada tras jornada. «Lo peor es cuando ves compañeros infectados y piensas ‘por favor, que sea leve’. Y cada día al volver a casa y desinfectarte bien para no contagiar a los que más quieres», confiesan desde el equipo de Laboratorio del Hospital de los Santos Reyes, sin olvidarse de «el caos y la abrumación de los primeros días, hasta que se organizaron los protocolos» que resaltan desde Aranda Rural y el PAC del Centro de Salud Sur. O los compañeros fallecidos que, aunque afortunadamente no ha habido ningún caso en nuestra comarca, afecta al ánimo del colectivo, tal y como resalta una médico de familia de este ambulatorio.
«Yo particularmente, los primeros días, acudiendo a domicilios y residencias, me sentía como una enfermera en el campo de batalla de las películas», confiesan desde Aranda Rural. Una visión que nos hace calibrar la presión que sufren estos profesionales, que parecen inmunes al desaliento y siguen dando el todo por el todo. «El confinamiento, de momento, parece frenar la expansión de la pandemia, pero me apena que mis hijos y nietos estén lejos y a la larga les afecte anímicamente», muestra su lado más humano una médico de familia, que reconoce que «lo mejor es que nos hablemos y veamos a diario, se deja aparcado el quehacer de cada uno». 
Pero ninguno de ellos es ajeno a lo que pasa fuera de su ámbito laboral. «La gente trae comida a los sanitarios agotados o da alojamiento por si tienes miedo a volver a casa e infectar a los tuyos,... cada uno aporta lo que puede, se ve cariño y calor humano», reconocen desde el Laboratorio del hospital comarcal. «Es una lección de humildad», resumen a como definición de todo lo vivido en este último mes.