Una red de costureras más fuerte que el virus

I.P.
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A la iniciativa de Peral se fueron sumando otros pueblos. Tras el bando del Ayuntamiento de Lerma, son un centenar de vecinos de 20 pueblos los que hacen batas y mascarillas

Una docena de monjas de la comunidad cisterciense del monasterio de Villamayor de los Montes se ha unido al proyecto haciendo batas y mascarillas.

Primero fueron los vecinos de Peral de Arlanza los que desengrasaron las máquinas de coser y se pusieron a hacer batas, después siguieron en  Santa María del Campo y algunos otros pueblos del entorno. Unos días después el Ayuntamiento  de Lerma emitía una bando pidiendo costureras para elaborar batas, mascarillas y demás material de protección para ampliar esa primera red de trabajo, y no tardaron en sumarse vecinos de la comarca, pero el boca a boca ha ido haciendo que ese red de costureras y costureros, que de todos hay, se haya extendido hasta las cercanías de Burgos. Son ya más de un centenar de personas las que están día a día haciendo esa labor que funciona bien gracias a un equipo de coordinadores que está detrás, que no dejan nada al azar y se encargan de la logística, de contactar con hospitales y otros centros para ver si necesitan el material, de embalar, del reparto de material y  recogerlo, entre ellos Cruz Roja de Lerma que ha puesto su  logística al servicio de esta red y distribuye material por los hogares al tiempo que recoge lo confeccionado y lo distribuye. 
     Así, en estos momentos se está trabajando en la confección de batas, con bolsas de sacos de basura grandes en una quincena de localidades, desde Peral hasta Atapuerca, pasando por Escuderos, La Horra, Lerma, Olmos de Atapuerca, Presencio, Quintanadueñas, Quintanapalla, Rubena, Santa María del Campo, Valles de Palenzuela, Villalmanzo, Villamayor  de los Montes y Villarmero, a los que se suman otros como Cilleruelo de Abajo o Villafruela donde también se están haciendo mascarillas.
Es un trabajo de todos y cada uno de los vecinos de los pueblos, cada uno en sus hogares, pero bien es cierto, aunque no quieren darse protagonismo, que el trabajo de coordinación de algunos está haciendo que sea un éxito. Enrique, Charo, Marta, Goyo, José Ignacio...  han sabido llevar el mensaje de la solidaridad y fruto de ello son los números. A fecha de anteayer, desde el día 26 de marzo, ya se contabilizaban 4.600 batas confeccionadas, de las que estaban repartidas 4.400, mientras que Cruz Roja lleva ya repartidas también unas 3.500 mascarillas.
En cuanto a las batas, han llegado al Hospital Universitario de Burgos, donde desde hace unos días ya no se dejan porque ya tienen suficientes, al hospital de los Santos Reyes de Aranda, el Santiago Apóstol de Miranda de Ebro, las residencias de Fuentes Blancas de la Diputación y de la Junta, la residencia Teresa Jornet de la capital, el Centro Ocupacional el Cid, las residencias de ancianos de Santa María del Campo, Lerma y Villalmanzo, todos los ambulatorios de Burgos capital y los centros de salud comarcales, y algunos de Aranda y Miranda. Todo un esfuerzo para contribuir a llevar equipos de protección para el personal de todos los centros necesidades.
En esta red que se ha tejido de solidaridad, los ayuntamientos son colaboradores y patrocinadores, como también el grupo de mujeres de Santa María del Campo que en su día conformaban una cooperativa textil y que han sacado de los armarios mucho material que tenían guardado, como hiladillos, gomas... para atar las batas en cintura y cuello. También desde la mercería de Lerma se ha colaborado con la adquisición de material, difusión de vídeos tutoriales y labores de coordinación, porque allí se prepara la materia prima y los cortes, donde después lo recoge Cruz Roja, lo lleva a su base y lo embala para su distribución. 
ora et labora. Y dentro del conjunto de personas que llevan días haciendo batas y mascarillas, destaca la comunidad cisterciense del monasterio de Villamayor de los Montes, que no dudaron en sumarse al proyecto; Cruz Roja se encarga de llevarlas el material y recoger la labor ya hecha.
Ana Maestre es la abadesa del monasterio, que asegura que ellas no podían quedarse al margen de esta labor solidaria en marcha en la comarca del Arlanza. «De esta  manera, hemos encontrado el equilibrio ente la oración y la labor», afirma. Así, desde el 28 de marzo una docena de hermanas, están cortando y cosiendo batas y mascarillas. No son todas las religiosas, porque el resto de la comunidad, conformada por 27 religiosas son mayores y que dedican a otros menesteres.
Pero además  tienen tiempo para sus labores diarias, porque no por ello abandonan sus rezos y otras obligaciones, como la huerta, en la que estos días se afanan en limpiar las hierbas.
Por el contrario, lo que se ha desplomado es la venta de dulces, por lo que el obrador del monasterio ha dejado de estar operativo, una vez que desde que comenzó el confinamiento, reconoce Ana Maestre, la gente se queda en casa y nadie se acerca a comprar las deliciosas pastas de las religiosas.