El virus acecha a miles de refugiados

B.D.
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El joven burgalés Jorge Peña, voluntario en el campamento de exiliados kurdos de Lavrio, en Grecia, relata cómo es allí la situación y los problemas de la población más vulnerable

Uno de los campamentos de exiliados kurdos de Lavrio, en Grecia, donde se concentran unas 100 personas que huyeron de la guerra en Siria. - Foto: DB

La crisis sanitaria del coronavirus se puede vivir desde muchos frentes. Y uno de ellos es el de la solidaridad, arrimando el hombro donde más se necesita y al lado de las personas más vulnerables. En un momento en el que se hacen  tantos paralelismos bélicos, hay lugares donde los efectos de una guerra (de las de verdad) se sufren en toda su cruda realidad. Lo conoce bien Jorge Peña Molinero, un joven burgalés que sigue en Grecia, donde colabora como voluntario para ayudar a familias kurdas que han huido del conflicto bélico en Siria.

La situación actual no ha arredrado a Peña, quién se encuentra estos días cerca de Atenas, colaborando con la organización SOS Refugiados, tras el cierre del campamento de refugiados de Lesbos. Su labor diaria se centra en la adquisición de alimentos básicos para las familias, como huevos, leche, patatas, harina, tomates o pan, que llevan a los campamentos de Lavrio, donde se concentran cerca de 550 personas en las diferentes zonas de barracones y cabañas, y de Sounio, donde se encuentran unas 300. Peña explica que las familias que se hallan dentro del campo están en unas condiciones algo mejores que quienes se ven obligados a permanecer fuera del recinto ante la falta de espacio.

Él voló a Grecia a mediados de febrero tras pasar unos días en España (su labor como voluntario la viene realizando desde hace ya más de tres años). Desde Atenas se trasladó a Lesbos, donde se confinan más de 3.000 exiliados, y tras su cierre regresó a la capital. Peña explica que los voluntarios disponen de algunas medidas de protección y en los campamentos se han distribuido productos básicos de higiene, como jabón y mascarillas.

Los voluntarios llevan alimentos básicos como huevos, patatas o leche.Los voluntarios llevan alimentos básicos como huevos, patatas o leche.

Pese a ello, reconoce que la preocupación es máxima porque el elevado número de personas que residen en los barracones no permite establecer distancias de seguridad ni extremar las medidas de higiene cuando hasta 10 personas comparten una tienda de campaña de tres metros cuadrados, en campos superpoblados e insalubres. En el campamento de Ritsona ya se han detectado 20 positivos por coronavirus, lo que ha hecho saltar las alarmas, al igual que en el de Malakasa, donde los voluntarios ya no han podido entrar tras confirmarse el primer infectado.

Los voluntarios también se encargan de llevar ropa a los desplazados, así como leche y pañales para los bebés que se encuentran en la Maternidad de Elna, un edificio alquilado para mujeres refugiadas.

El mayor problema se ha producido por la falta de alimentos al no estar llegando los conteiner que se envían desde España con productos de primera necesidad, lo que ha agravado la situación y ha obligado a las organizaciones humanitarias a comprarlos allí. Jorge Peña confiesa que están recibiendo la ayuda de familiares y amigos, que les mandan algo de dinero para que puedan adquirir lo más necesario.

El burgalés Jorge Peña, tras las cajas con alimentos.El burgalés Jorge Peña, tras las cajas con alimentos.

En los últimos años Jorge Peña ha colaborado en varios proyectos, entre ellos ‘Conectando Realidades’ con los Amigos de Ritsona, con el centro de día Victoria-SOS Refugiados y con Refugees Refuge, atendiendo a las personas que duermen en las calles. Además, ha estado volcado en la labor humanitaria y de cooperación del Squat Acharnon, donde viven exiliados kurdos. afganos y sirios, aunque también procedentes de Yemen, Argelia, Congo, Iraq o Etiopía.

Según datos de ACNUR, 126 países albergan unos 420 asentamientos y campos de refugiados, donde millones de personas viven hacinadas en espacios insalubres, sin acceso a suficientes alimentos ni a programas de salud o vacunación y estando bajo la amenaza de numerosas enfermedades. Al contrario que las sociedades avanzadas donde el sector más vulnerable son las personas de avanzada edad, en estas comunidades la muerte cobra sus víctimas entre los bebés y los niños.