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Un bastión en ruinas

Rania Zanoun (EFE)
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La ciudad de Deir al Azur, uno de los últimos enclaves liberados del Estado Islámico, permanece destruida y su recuperación está lastrada por la lucha de poder en la zona

Un bastión en ruinas - Foto: Rania Zanoun

Fue uno de los últimos bastiones del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Siria pero cayó tras intensos combates y actualmente la ciudad de Deir al Zur está destruida y su recuperación lastrada por el complejo mapa de poder en esta provincia oriental de la que es capital.

Hace cuatro años, las fuerzas gubernamentales lograron romper el asedio impuesto por los extremistas a las pocas áreas de esta urbe que habían permanecido en manos de Damasco desde que el EI conquistó la ciudad, la provincia y otras áreas del noreste de Siria en 2014.

Sin embargo, la mayor parte de Deir al Zur continúa destruida, con escombros en lugar de edificios y las siluetas deformes de sus monumentos, en los que el vecino Hamad al Abás apenas es capaz de vislumbrar un atisbo de lo que un día fueron. «Volvemos con nuestros recuerdos, pero es imposible que la ciudad vuelva a ser como antes», afirma Al Abás, de 65 años, mientras camina con su bastón sobre una montaña de cascotes.

Un bastión en ruinas Un bastión en ruinas - Foto: Rania ZanounAdmite que la ciudad «está perdida y no volverá» a lo que era antes del yugo yihadista y de las múltiples batallas, desde el estallido de la revuelta contra el presidente sirio, Bachar al Asad, en 2011.

Las autoridades culpan de la lentitud en el proceso de reconstrucción a la falta de materiales en la zona a causa de las sanciones impuestas, sobre todo por Estados Unidos, a Al Asad y su entorno.

El gobernador de la provincia, Fadel Nayar, asegura que ha facilitado licencias a las minas de piedra locales en un intento de suplir la escasez de productos y materias primas, y avanzar así hacia la «autosuficiencia». «Con todo esto, sin embargo, los esfuerzos no están a la altura de las necesidades» de reconstrucción, reconoce Nayar, al frente de una región que cuenta en la actualidad con más de un millón de habitantes.

Un bastión en ruinas Un bastión en ruinas - Foto: Rania ZanounPese a todo, recita una lista de logros conseguidos en los últimos cuatro años: se han rehabilitado 67 de las 71 estaciones de agua ubicadas en las áreas de la provincia ahora bajo el control del Gobierno de Al Asad y están en funcionamiento 42 centros médicos, frente a los apenas cuatro durante la ocupación yihadista.

Según el Instituto Universitario Europeo, en los barrios de Deir al Zur que estuvieron asediados pero permanecieron bajo el control gubernamental se daba en 2019 una limitada reconstrucción de infraestructura y de servicios, pero no ocurría lo mismo con las áreas que estuvieron en manos de los radicales. En ellos las actividades se limitaban al desescombrado y no había un sistema de agua potable, electricidad, sanidad, colegios ni transporte público, y estaban casi desiertos «a excepción de algunos cientos de personas» hasta hace dos años.

Crisis económica  

Como ocurre en el resto del país árabe, la economía no es boyante en la capital de esta estratégica provincia fronteriza con Irak, hasta el punto de que la población casi no consume frutas por ser «un artículo de lujo», según el comerciante Daoud al Husani.

Con una fuerte escasez de productos básicos y unos «gastos que superan a los ingresos», los habitantes de Deir al Zur pasan penurias diariamente, indica. «Durante el asedio había dinero disponible y faltaban los productos, pero hoy no hay dinero a pesar de que hay productos», afirma el comerciante.

La ONU estima que nueve de cada 10 sirios dentro y fuera del país viven en la pobreza, y el 60 por ciento de la población sufre inseguridad alimentaria después de una década de conflicto, a lo que se suman las sanciones económicas impuestas a Al Asad y su entorno por parte de Occidente.