Del Juan Sebastián Elcano al quirófano

I.M.L.
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El arandino Luis Merino pasó la primera partedel confinamiento en el buque Juan SebastiánElcano, y de ahí a su puesto hospitalario

El cirujano arandino posa en la cubierta del buque. - Foto: D.B.

Cuando la pandemia empezaba a rozar España, el cirujano arandino de 37 años Luis Merino Peñacoba se apresuraba a viajar a Miami antes de que se cerrasen las fronteras y se decretase el confinamiento y el estado de alarma nacional. Tenía que incorporarse a la tripulación del buque escuela Juan Sebastián Elcano en aquel puerto estadounidense. Cuando aterrizó en la ciudad costera, no se podía creer lo que veía. «Había una gran fiesta, era el festival estudiantil de primavera Spring Break y había miles de personas en la calle. Estaban haciendo oídos sordos a todo lo que estaba pasando en el mundo», recuerda sorprendido este cirujano que, desde hace tres años, es reservista voluntario y se estrenaba en la travesía de regreso del buque escuela. 
Mientras, toda la tripulación del buque español se quedaba a bordo «por recomendación del servicios médico», para impedir posibles contagios. «Una travesía de un mes en alta mar y en una embarcación en la que es muy difícil, si no imposible, realizar cualquier evacuación, cualquier contagio habría sido fatal», asegura. Así que, aunque llevaban diez días sin pisar tierra, se quedaron en el barco, suspendiéndose incluso todos los actos y recepciones oficiales que las autoridades de Miami y las del consulado español dispensan a los oficiales de este barco en cada una de sus escalas.
Esta decisión les permitía tener un viaje de regreso normal, todo lo normal que es navegar en un navío a vela cruzando el océano Atlántico. «Los primeros días tomamos todas las precauciones a nuestro alcance para evitar posibles contagios, que no se dieron, pero nos sirvió como preparación para el confinamiento que ya estaba en vigor en España», reconoce, ya que en un barco de 110 metros de eslora ha convivido durante un mes con 228 personas. «Yo tenía un camarote para mí por ser oficial, pero es un espacio muy reducido, y los marineros viven en habitaciones de 16 personas, y todos compartimos los baños, que también son muy pequeños», relata para asegurar a renglón seguido que «es un buen entrenamiento para este confinamiento que estamos viviendo todos ahora».
de cubierta a quirófano. Tras un mes con ese día a día, Luis Merino podría haber aprovechado los días de descanso que se correspondían, pero prefirió incorporarse a su puesto de trabajo en el Hospital Clínico de Valladolid. «El jueves pasado llegábamos al puerto de Cádiz, a San Fernando, y el viernes ya me incorporé, porque es lo que requiere la situación, estar disponible en mi trabajo cuando sea necesario, a pesar de no estar en primera línea de batalla, pero para descargar a mis compañeros de trabajo que me han tenido que suplir durante mi ausencia», explica.
Desde el momento en el que pisó tierra firme, el paisaje se le hizo muy raro. «Pasar por las estaciones de Santa Justa en Sevilla y Atocha en Madrid y ver todo desierto en lugares que normalmente son tan concurridos fue muy llamativo», expone como ejemplo. Lo cierto es que su incorporación al ámbito hospitalario se ha realizado cuando la situación está un poco más controlada pero «en nuestra especialidad tenemos menos pacientes por la reducción drástica de cirugías, solo hacemos urgencias y pacientes oncológicos». Eso en lo profesional, pero confiesa que también ha cambiado el trato con compañeros y pacientes. «Las mascarillas, las barreras físicas, son también barreras psicológicas, nos miramos de otra manera», apunta desde su experiencia.