El bombazo logra desatar la locura en el centenario

Ó.C.
-
El sanjuanero Quique Santamaría. - Foto: Truchuelo

Las fiestas entran en los días grandes, con un acto que volvió a llenar la plaza de España de blusas que no se cansaron de animar a los dos sanjuaneros, Quique Santamaría y Sorata Maruri. Ambos disfrutaron desde la balconada una imagen imborrable

El Bombazo nunca defrauda. Ni para los sanjuaneros que dan los golpes al bombo, ni para los que están a pie de plaza. Es el momento de explosión de toda una ciudad volcada con sus fiestas y que sigue dando una estampa patrimonio de los mirandeses que ayer, como pocos días a lo largo del año, sienten con orgullo sus tradiciones. San Juan del Monte está dentro de ellos y cuando el bombo aparece en la balconada del ayuntamiento, la explosión retumba como pocas cosas lo hacen en la ciudad.

La plaza, antes de que el protagonista saliese del agua, ya estaba prácticamente llena, incluso el Santo se dejó ver por primera vez en estos cien años. El color vino teñía las camisetas antes blancas y el engranaje empezó a rodar a eso de las seis de la tarde, cuando la Orden del Bombo empezó a sacar al protagonista del agua. En la puerta de la ‘casa del cura’ esperaban la imagen del Santo y los bombistas mayores de las cuadrillas. El ruido fue creciendo cuando la comitiva cogió la calle Real Aquende para llegar a la plaza de España. Un paseíllo en el que la comitiva fue sorteando lo que pudo antes de entrar en el ayuntamiento.

Y así como sin darse cuenta, el bombo ya apareció listo para dar el inicio de las fiestas. Soraya Maruri y Quique Santamaría eran los protagonistas y también estaban preparados para dar los golpes que la plaza demandaba. Solo una voz, solo un deseo, que el ruido del bombo sonara para que las fiestas del centenario entraran en los tres días de locura. «Es increíble. No hay palabras para decir lo que es esto. Es una locura», aseguraba nada más dejar el balcón el sanjuanero. Algo parecido decía también Maruri, que como su compañero, destacaba que era algo «increíble» por lo que «es algo que no se puede explicar con palabras».

Como de costumbre los nervios es algo con lo que tienen que lidiar los protagonistas de las fiestas, aunque Maruri destacó que «estaba más nerviosa por el camino y cuando me he puesto a dar al bombo se han ido». También tuvo que soportarlos el sanjuanero, que afirmó que lo que sintió no tiene «nada que ver con nervios que hayas podido vivir con exámenes ni en otros aspectos de la vida. Son nervios de emoción positiva».

Sobre el balcón la plaza se veía a rebosar y poco antes de dar los primeros golpes con la maza, la sanjuanera reconoció que «me he quedado un poco en blanco como sin saber muy bien que hacer, pero luego te sale solo». Habló más su compañero, que se acordó de sus alumnos, aunque reconoció que «según cogía el micro decía lo que me salía, la verdad».

Ambos coincidieron además en resaltar la emoción que sintieron en el recorrido desde que sacaron el bombo hasta que llegaron a la plaza antes de entrar en el Ayuntamiento. «Ya solo lo que es el paseíllo, empiezas a sentirlo y todo lo que pensabas que podías decir se desvanece y haces lo que te va saliendo», reconocía Santamaría, que desde el balcón, como buen bombista que ha sido, trataba de seguir el ritmo que marcaban las cuadrillas que estaban en la plaza. Además, Maruri también confesó que «el paseíllo te emociona y casi se me saltan las lágrimas. Es muy emocionante».

Así relataron los dos sanjuaneros su momento y el de toda una ciudad. Pero no fue el último, solo el primer acto de tres días en los que se subirán en un carrusel repleto de emociones. Su siguiente parada fue la Salve, en la que retomaron la versión más tradicional de las fiestas, para seguir dentro de la burbuja en la que viajarán hasta el martes cuando el bombo regrese al Ebro.

Soraya Maruri, en el balcón. Truchuelo
Soraya Maruri, en el balcón. - Foto: Truchuelo