"Mi vida habría sido distinta con mis padres"

I.E.
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El accidente en el que murieron los padres de Beatriz Núñez Martínez encendió la espita del movimiento que desembocó en la Plataforma de la N-I. Su historia, publicada en DB el 30 de noviembre, opta mañana al Premio de la Fundación Línea Directa

"Mi vida habría sido distinta con mis padres" - Foto: Miguel Á?ngel Valdivielso

El accidente en el que murieron los padres de Beatriz Núñez Martínez encendió la espita del movimiento vecinal que desembocó en la constitución de la Plataforma de la N-I. Ese siniestro -las dos víctimas eran de Monasterio de Rodilla- marcó el inició de la reacción popular contra el peaje de la AP-1. Lamentablemente, un hecho luctuoso -dolorosísimo para su familia, qué duda cabe- se convirtió en la efemérides que ha hecho posible el levantamiento de las barreras de la autopista. Nadie lo duda, si no hubiera sido por las movilizaciones del colectivo que inició su andadura en esas fechas habría que seguir pagando por circular por la doble vía que conecta Burgos y Miranda de Ebro.

Que la muerte de sus padres supusiera el inicio del fin de los peajes es poco consuelo para Beatriz. No fue "hasta bastante después" del fatídico accidente cuando ella se enteró de que ese siniestro había impulsado la creación de la Plataforma de la N-I. "Imagino que por respeto no contactaron con nosotras -ella y su hermana- para hacernos partícipes en esos primeros momentos", explica.

Por supuesto, al recibir la noticia de que el ministro José Luis Ábalos había anunciado la liberalización y la gratuidad de la autopista, su primer pensamiento fue para sus padres, Bruno y Chelo, y después para su hija, que tiene 10 meses. "Procuro no pensar en lo que todos hemos perdido, en que sus nietos no podrán disfrutar de ellos", lamenta. Han pasado nueve años desde aquel fatídico 9 de diciembre de 2009, pero Beatriz no alberga ninguna duda de que su vida "ha sido y es muy diferente de lo que podía haber sido".Esta burgalesa de 39 años tiene "clavada en el cerebro" no solo la fecha del accidente de sus padres, sino la hora exacta en que recibió la noticia, las 12,40 de ese día. Su jefe -trabaja y sigue haciéndolo en el centro de tratamiento de vehículos de La Brújula- le acercó hasta el kilómetro 251 de la Nacional -en Rubena-. "Ingenua de mí, salí corriendo del coche para verles y saber que estaba bien, pero oportunamente un guardia civil me paró y me dijo que no con la cabeza; no necesitó decir más", recuerda. Minutos antes un camión había embestido al todoterreno en que viajaban Bruno y Chelo, que se hallaba parado en una retención en la Nacional que provocaban labores de mantenimiento -tala de árboles- junto a la carretera. Fallecieron en el acto debido al violento impacto.

Cuando el gesto del agente del Subsector de Tráfico de la Benemérita le indicó que sus padres no habían sobrevivido, Beatriz solo pensó en reencontrarse rápidamente con su hermana, "estar con ella, con lo que quedaba" de su "familia". "Había habido un nuevo accidente en la Nacional y esta vez a mi familia le había tocado perder, y mucho", explica.

Los meses posteriores al fatal siniestro fueron muy duros para Beatriz, lo "único" que pudo hacer fue "sobrevivir". De hecho, a los cuatro días decidió volver a trabajar porque de ese modo al menos "podía tener la mente ocupada ocho horas al día". Quiere creer que "estas muertes tan brutales se superan o que al menos ayudan a forjar una personalidad más fuerte", pero nueve años después "cuando se produce algún fallecimiento en la N-I o llegan fechas especiales" para ella y su familia, regresan "los agujeros" a su "alma".

A día de hoy cree que ha superado aquel drama, pero le ha costado mucho, la verdad. En los primeros años pudo "hacer vida" con la ayuda de sus amigos y de su familia, aunque nadie era capaz de conseguir que las lágrimas no afloraran en sus ojos ni le impedían sufrir ataques de ansiedad. "Lo peor" tras la tragedia fueron "las primeras veces de todo, la primera Navidad, los primeros Reyes Magos, los primeros cumpleaños, aniversarios, etc". "Esos días eran horrorosos", evoca Beatriz.

Para mayor tortura, Beatriz ha de pasar todos los días por el lugar donde perdieron la vida sus progenitores. De hecho, muchas jornadas lo ve hasta cuatro veces porque hay tardes que trabaja en el negocio de tratamiento de vehículos de La Brújula. Conoce muy bien, demasiado bien, los riesgos que entraña circular por esa carretera. "Ir por ella es una lotería, porque por muy bien que conduzcas o respetes las señales te puede tocar perder; si tienes suerte te dan un susto, si no, pierdes la vida. Hace todos los días 80 kilómetros por esta vía y "en muchas ocasiones te libras de sufrir un percance por escasos metros".

 

*Este artículo fue publicado el 30 de noviembre de 2018, dentro de un especial de Diario de Burgos sobre el fin del peaje en la AP-1, centrado en las personas que durante tantos años han vivido, trabajado y sufrido en el corredor de la N-I. Su autor, el periodista Iñaki Elices, opta mañana al XVI Premio Periodístico de Seguridad Vial Fundación Línea Directa.