"Tuve la pretensión de ser torero, pero sólo a nivel ideal"

Á.M.
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Pedro Torres, en su domicilio - Foto: Alberto Rodrigo

Blowin' in the wind. Conversaciones sobre Burgos (V)Pedro Torres. Abogado.

De Torres impresiona su mirada. Siempre clavada en los ojos de su interlocutor con la consistencia de quien no embuste. Sólo la aparta cuando fuerza los recuerdos, se pierde buscando el horizonte de la memoria y relata lo que va encontrando con voz de cronista épico. "Nací en Los Vadillos, hoy avenida del Cid, que físicamente era un lugar muy diferente al de ahora. Era mucho más bonito, con parques, arbolado y un pequeño camino de adoquines que dio paso a la avenida que hoy es. Era un barrio muy emotivo, un lugar donde nos conocíamos todos y donde pasábamos muchísimas horas jugando juntos. La gente se ayudaba y no había tanto individualismo como ahora".

Allí aterrizó. En julio del 47, para más señas. Su padre era empleado de la industria de la tintorería y "mi madre era modista, en aquel entonces, de alta escuela". La conciliación, recuerda, "surgía de manera espontánea y, aunque los dos trabajaban, había control sobre los hijos (Torres tiene una hermana), pero no puedo negar que tuve una infancia feliz". Sus primeros estudios, en La Anunciación. Después, La Salle. Y, al final, el Instituto Cardenal López de Mendoza, "donde siempre quise ir y donde mi padre se negaba a llevarme, hasta que era eso o que me echaran de La Salle".

Cuando terminó los estudios de  bachillerato y el Preu, dudó si estudiar Derecho o Medicina. "Pero mi vocación estaba demasiado clara. Cuando tenía tiempo libre en el instituto me pasaba a la Audiencia a ver juicios, al punto de que una vez que me echaron 15 días, injustamente y por culpa de una equivocación del bedel, debo decir -puntualiza con aire letrado-, no dije nada en casa y hacía como si iba al instituto cada mañana, pero en realidad me iba a ver juicios. Hasta que conté lo que había ocurrido y ya salía más tarde de casa".

Empezó a estudiar Derecho por libre en la academia de los Jesuitas. "Pude haber ido a Valladolid, pero entonces tenía una novia que estaba en Burgos y me pareció un reto sacarlo por libre. De hecho, a la academia fui sólo el primer año. Además, eso me permitía alternarlo con algún trabajo. Mis amigos trabajan y disponían de medios, así que para no andar todo el día pidiendo en casa me buscaba mis propios medios, legítimos todos", aclara. Ese equilibrio "entrañaba una gran dificultad" porque había que examinarse en Valladolid, "donde pasaba largas temporadas en casa de un amigo". De la hoy capital regional recuerda que era "una ciudad muy provinciana y belicosa a la que juré no volver ni a heredar, hasta que años después volví y vi que, al igual que Burgos, había cambiado muchísimo".

Antes incluso de terminar la carrera de Derecho, a Pedro Torres le ofrecieron un contrato para impartir clases de Formación del Espíritu Nacional en el Diego Porcelos. Todavía le entra cierto descojono cuando lo recuerda, dada su indisimulada querencia por las políticas de izquierdas. "Estuve tres años y lo alternaba con clases en la escuela profesional María Madre. Y sí, tuve algunos problemas con la Delegación de Juventudes, que me llamó al orden en varias ocasiones. Supongo que por comentarios que yo hice en clase, que los chavales comentaron en casa y que sus padres trasladaron a la Delegación. Todavía vivía Franco y yo daba clase a los grupos de COU, que eran como seminarios en los que se encargaban trabajos. Una de las cosas que les encargué fue un trabajo sobre la ilegitimidad del régimen franquista. Eso, entonces, era un hito, aunque probablemente lo hice porque no era consciente de lo que estaba haciendo. Pudo haberme costado un buen disgusto".

Fue entonces cuando adquirió su mayor compromiso político. En María Madre, "y a través de Luis Escribano, que era el jefe de estudios, nos pasábamos El socialista, que yo después llevaba debajo del asiento de mi 600". Es más, Torres llegó a militar en el PSOE "en la época clandestina". "Siempre he tenido esa inclinación por la izquierda. Mi padre era muy de izquierdas y creo que a través de sus comentarios, pero también de mis propias vivencias, fui dando forma a esa inclinación", remacha.

 

LA VIDA ADULTA

Su primer trabajo como abogado lo consiguió en Construcciones Bigar, "que tenía 1.400 trabajadores, delegaciones en media España y la central en Aranda de Duero". En 1976 se casó con Rosa de Lima Manzano, que a la postre haría historia en la lucha por lograr una participación real de la mujer en la vida política. Manzano trabajaba en Aranda "como letrada del sindicato vertical" (Organización Sindical Obrera, la única permitida durante la dictadura) y Torres regresó detrás. "Hasta que mi amigo y compañero Mariano Olalla me llamó, me dijo que qué hacía yo trabajando en una constructora y me llevó a su despacho con él, donde estuve hasta que me independicé y me instalé en la calle Santander".

El discurso de este veterano abogado se vuelve más profundo al evocar la figura de la que fue su esposa y madre de sus tres hijos. "Fue una excelente mujer y una grandísima madre; una mujer entregada, responsable y trabajadora de la que no tengo más que buenos recuerdos". Rosa de Lima Manzano fue una de las tres primeras concejalas de Burgos en democracia, la primera mujer en ser gobernadora civil (de Palencia) y la primera en ser directora general de Tráfico. Falleció en un accidente de helicóptero en junio de 1988. Además de una vida por delante, tenía todas las condiciones para entrara a formar parte del Consejo de Ministros de Felipe González.

"Tuvo mucha proyección porque era trabajadora y se dedicó en cuerpo y alma a su tarea política, que se planteó como un reto para romper lanzas en favor de la mujer. Por entonces eso de las cuotas no existía: ella fue una pica en Flandes. Mantengo un enorme recuerdo de Rosa y siento su pérdida, no sólo por mí, sino sobre todo por mis hijos, que tuvieron la mala suerte de quedarse huérfanos tan jóvenes, lo que quizás ha hecho que yo sea más blando con ellos"... Ahí tienen. Historia de Burgos. No de hechos, de personas.

En algo yerra venialmente al echar la vista atrás y evocar la tragedia familiar. La educación que transmitió a sus hijos nada tiene que ver con con un ataque de flojera o de misericordia. Es que Torres es de naturaleza tolerante, abiertamente falible y sinceramente humano. "Mi padre practicó la tolerancia conmigo. Fue recto pero no intransigente. Eso a mí me marcó y es algo que agradezco profundamente. A veces peco de ser demasiado blando, pero es algo que no me importa: prefiero pecar por ahí que por el otro lado".
Si la Valladolid antes referida tenía sus sambenitos, Burgos no le iba a la zaga en algunas cuestiones. La llamada ‘capital de la cruzada’ fue resumida durante años, no sin cierto maniqueísmo, como una ciudad "de curas y militares". ¿Tiene la sensación de haber vivido en ese ecosistema social? "Tengo la sensación de haber vivido en una ciudad muy marcada y más conservadora por ese contexto social. De alguna manera, en el día a día pagas las consecuencias de vivir en una ciudad de ese tipo. Hoy ya no, hoy vivo de otra manera, mucho menos preocupado por el qué dirán. Alguna vez he pensado: coño, y por qué no soy conservador, que sería lo fácil en esta ciudad. Pero entonces he pensado si merecía la pena conservar lo que había y mi conclusión fue que no, así que no podía ser conservador. Pensé que lo que hay que conservar no merece la pena, que hay que cambiarlo. Y eso a pesar de vivir en una sociedad de profundas tradiciones".

 

LA VIDA SOCIAL

Los años, el ejercicio de la profesión y su bonhomía hicieron de Torres un animal social. Una persona querida y conocida que varias veces a lo largo de su vida se ha visto en medio del temporal mediático, siempre sin la mínima intención. Así, ejerció la acusación particular en el caso de la desaparición y asesinato de Laura Domingo. "Fue un asunto que tuvo una enorme trascendencia y que, de alguna manera, también me salpicó a mí. Terminó sin autor y sin justicia, y eso genera una enorme frustración. Además, se dieron unas circunstancias muy especiales. Desde los gobernantes había un gran interés por presentar un éxito policial, por ejemplo por parte del que entonces era gobernador, y precipitaron una autoría que no era cierta. A mí todo aquello me indignó mucho porque dio muestras de una gran falta de responsabilidad, de anteponer el pretendido éxito policial a la realidad".

Los manifiestos errores de aquella investigación no hicieron sino infectar heridas. La búsqueda de un falso culpable arruinó la vida de una familia y proyectó una imagen paupérrima de la instrucción. "Trajeron a un chico que no respondía en absoluto al perfil de quien pudiera haber sido el autor. Después ya se supo quién había sido, pero las cosas habían cambiado y había pasado el tiempo...". ¿Se supo? ¿Tiene la certeza de quién o quiénes perpetraron aquel crimen? "Muchos años después, la policía forzó al culpable y, presionado, ofreció una versión de los hechos fabulada pero que traslucía lo que en realidad había pasado. Esa persona ya falleció y quedó así. Son cosas inexplicables pero que ocurren, como el caso de Ana Julia y la niña que se supone que se cayó sola por la ventana... En fin". Silencio. Mensaje captado, a otra cosa.

A los toros, por ejemplo. Su afición es algo manifiesto en las paredes de su casa, de las que cuelgan multitud de obras inspiradas en la tauromaquia. Como ha dicho, nació a la sombra de la antigua plaza de Los Vadillos, donde acudía "con mi padre y mi abuelo desde antes de tener uso de razón". Disfrutó mucho y recuerda que cuando su progenitor le castigaba sin toros, él se metía en la cama "a intentar dormir para no escuchar los olés y recordar que yo no estaba allí". Tal fue su pasión que reconoce que "incluso en alguna ocasión tuve la pretensión de ser torero, pero sólo a nivel ideal", así que nunca pasó de atreverse en un tentadero. Pero se desencantó.

"He perdido mucha ilusión porque veo los derroteros por los que la fiesta está yendo y no son alentadores. Los antitaurinos son un movimiento respetable, pero no van a tener el poder suficiente para terminar con la fiesta de los toros, sino que va a ser el propio estamento el que se lo va a cargar: ganaderos, empresarios, apoderados y demás implicados. Y Burgos, por lo que toca a la gestión de la plaza, ha ido a menos. Uno recuerda las épocas gloriosas, cuando se daban ocho o diez corridas, había llenos y carteles atractivos, y hoy pues...". Pues no, hoy ya no es el caso.

Le tentaron para mantenerse en la política pero tomó distancia desde los albores de la transición. De lo que ve, "tanto en Burgos como a nivel nacional", lamenta la "pérdida de categoría general de los políticos".

"Los gobernantes de la ciudad antes tenían más peso. Podía uno estar de acuerdo con ellos o no, y yo casi nunca he estado de acuerdo, pero eran gente con peso, con formación... Ahora es otra cosa. Yo tengo aprecio personal al alcalde, pero políticamente, y no sé si es falta de equipo o por qué razón, deja mucho que desear. Falta estudio, reflexión, peso específico en el concierto nacional... Burgos progresa poco y en aquello en lo que podíamos mejorar no lo hemos hecho".

En su actividad profesional continúa a pleno rendimiento y cuando echa la vista atrás no se flagela. Se arrepiente, como todos, "de errores de tipo personal que hoy no cometería", pero son muchas más las cosas de las que está satisfecho. "De tener una familia extraordinaria, de que el esfuerzo que me tocó hacer haya valido la pena y el resultado haya sido bueno. A mí no me ha regalado nadie nada; lo que haya podido tener ha sido gracias a las muchas horas que he dedicado al trabajo. Viniendo de una familia sin antecedentes en la abogacía, me he labrado un determinado puesto. Y, por supuesto, estoy satisfecho de tener muchos y buenos amigos y sentirme apreciado por ellos", zanja. Dado que sus hijos ya se dieron cuenta hace muchos años, ahí va un mensaje para sus nietos (siete y el octavo en marcha): vuestro abuelo hizo de esta ciudad un lugar mejor. Para todos.