La UBU idea sensores de detección rápida del virus por color

B.G.R.
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Se aplicarían a superficies que hayan estado en contacto con pacientes infectados. El mismo objetivo busca otro trabajo con un kit similar a los PCR. Los 2 proyectos se han enviado al Carlos III para luchar contra el Covid-19

Laboratorio de Química Orgánica donde se trabaja con sensores que ofrecen una respuesta visual. - Foto: Adrian Mallen

La Universidad de Burgos ha presentado cuatro proyectos de investigación a la convocatoria abierta por el Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Ciencia, para la financiación de trabajos que mejoren a corto plazo el conocimiento del coronavirus y el manejo de la enfermedad. Dos de ellos, procedentes de distintos departamentos de la Facultad de Ciencias, tienen ver con el desarrollo de diferentes sistemas de detección rápida del Covid-19 en superficies que hayan estado en contacto con pacientes contagiados, a los que se añade un tercero sobre tratamiento masivo de datos y otro sobre las consecuencias de la pandemia en el ámbito psicológico.
El departamento de Microbiología ha presentado el desarrollo de un kit para la vigilancia ambiental del virus. Su investigador principal David Rodríguez, explica que se trata de un método molecular similar a al conocido como PCR o prueba de diagnóstico que se lleva utilizando desde los primeros días de la pandemia. Sin embargo, la principal diferencia, según precisa, radica en que no es necesaria su manipulación por parte de personal especializado y que podría desplazarse al punto afectado, además de los resultados estarían en tal solo tres horas y no se necesita el traslado de muestras a un laboratorio.
Rodríguez sostiene que el sistema permitiría también verificar la correcta desinfección de zonas que pueden estar contaminadas, a lo que añade también la importancia de que puede aplicarse directamente sobre las manos, «principal vía de contagio, lo que contribuiría de forma significativa al control ambiental del Covid-19 mediante la definición de mapas de presencia y persistencia del virus, así como la identificación de zonas de riesgo». En este punto, el científico asegura que esta propuesta está siendo evaluada por la organización Médicos sin Fronteras en la lucha contra el cólera.
El presupuesto de este proyecto asciende a 112.000 euros, entre la compra de material, equipamiento y contratación de personal. La partida con la que cuenta el Instituto de Salud Carlos III para financiar nuevos estudios u otros que ya están en desarrollo asciende a 24 millones de euros, si bien la Universidad de Burgos aún no ha recibido respuesta sobre los trabajos presentados. En línea con el anterior, el área de Química Orgánica plantea el desarrollo de sensores poliméricos que ofrecen una respuesta visual en presencia del virus, es decir que cambian de color. Pueden  estar realizados en diferentes formatos, ya sea un plástico transparente, un espray o polvo fino. 
Los dos últimos formatos son más propicios para superficies como pomos de puertas, mesas o camillas, mientras que el primero se ha pensado para máscaras o pantallas de protección, de tal manera que «si una persona está expuesta al virus, la pantalla cambia de color y puede desinfectarse o reemplazarse». Su investigador principal, José Miguel García, destaca que se trata de un sistema económico y fácil de usar, sin necesidad de equipamiento, que permitiría reducir la carga asistencial. Además, subraya que se ha probado ya con otro tipo de moléculas para detectar «explosivos, elementos contaminantes, envejecimiento de carnes y pescados y seguimiento de heridas crónicas de pacientes». El presupuesto estimado es de 110.000 euros.
Desde la Facultad de Económicas, se ha presentado un tercer proyecto que tiene que ver con la aplicación de la artificial y el tratamiento masivo de datos al control de la enfermedad. Su responsable, Silvia Casado, detalla en la memoria que se haría uso de modelos clásicos de predicción epidemiológica para saber en qué momento «va a haber un mayor número de pacientes graves que necesiten unidades UCI» con el objetivo de preverlo con antelación y dotar de material  necesario para dicha situación.
Finalmente, el cuarto trabajo, que ya está en marcha, es el diagnóstico y la evaluación de la situación psicológica de las personas como consecuencia de la pandemia mediante la realización de encuestas a más de 1.000 ciudadanos.