La escena sobre otras tablas

I.L.H.
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El Festival de Folclore piensa ya en la suspensión porque a pesar de la desescalada la presencia extranjera es una incógnita y el traslado a nuevas fechas daría a la cita otro carácter. ¿Debería servir esa inversión para repensar la cultura local?

La presencia de grupos extranjeros se antoja difícil pese a la desescalada. - Foto: Alberto Rodrigo

A mediados de julio, cuando se celebra el Festival Internacional de Folclore, si todo va bien ya estaremos instalados en la «nueva normalidad». Al menos los plazos de la desescalada hablan de finales de junio como tope para alcanzarlo. Pero aún así es pronto para saber qué aforos se permitirán en eventos al aire libre como éste, si estarán abiertas las fronteras en julio o si se exigirá algún tipo de cuarentena a quien entre al país, por ejemplo.

Ante este panorama, los miembros del Comité de Folclore que organizan la cita piensan ya en la suspensión, aunque la decisión definitiva la tomarán cuando se reúnan con la presidenta del Instituto Municipal de Cultura, Nuria Barrio: «Posiblemente se suspenda porque con el programa cerrado desde enero aún no podemos confirmar que puedan -y quieran participar- los grupos extranjeros», señala el secretario, Miguel Alonso, que cree que lo tendrán decidido para mediados de mayo.

La opción de trasladarlo a otras fechas en otoño sigue sobre la mesa, pero en ese caso estaríamos hablando de otra cosa, de una cita con otro formato y carácter: «Tendríamos que hacerlo en un recinto cerrado con el aforo que se decida y con la presencia, quizá, de grupos extranjeros que tengan sede en Madrid, con agrupaciones cercanas de Portugal o Francia y con solo dos o tres países como participantes», añade Alonso.

Suspender la edición de 2020 no es ningún drama. No es lo mismo dejar de hacerlo por una subvención que no llega o un respaldo que no se consigue que por motivos de fuerza mayor por una pandemia. Así lo ve el propio Alonso que compartiría la propuesta del Festival Tribu de dedicar esa inversión a apoyar a la cultura local.

El colectivo Tribu pidió a la presidenta del IMCque los 80.000 euros que el Ayuntamiento iba a destinar al festival de septiembre lo reviertan en la industria cultural burgalesa, tanto a producción artística como técnica. También plantearon la celebración de una mesa de diálogo con los principales agentes culturales de la ciudad.

Esa idea, la de replanteares el presente y el futuro de la industria cultural, la respaldan gestores y asociaciones de artes escénicas. Nuria Barrio ha recogido el guante y prevé entablar conversaciones en los próximos días con los actores involucrados (compañías, empresas de producción, programadores...) para «conocer su visión». De cara a un apoyo económico expreso, la presidenta del IMC lo contempla, pero prefiere esperar a las convocatorias de ayudas que convoque la Junta y el Estado para coordinarse.

En cuanto a la programación aún es prematuro avanzar nada. Trasladados al último trimestre los eventos ya aplazados, con los inmediatos van a hablar una a una con cada compañía para estudiar lo que se puede hacer. Pero Barrio avanza su idea inicial: «Esto va a marcar un antes y un después en la cultura y tenemos que adaptarnos a la situación. Creo que una buena opción para este verano serán los espectáculos de pequeño formato y al aire libre, porque habrá muchos burgaleses que se queden aquí en julio y agosto. Y habrá también que apostar por lo digital».

Rubén de Miguel, gestor cultural y miembro de Producciones Salas, considera que para programar habrá que analizar varios factores, desde las condiciones de la contratación (a caché o a taquilla) a las medidas de seguridad del equipo técnico, el público y los artistas: «Tiene que haber un replanteamiento y quizá sea bueno concentrar los recursos en una programación más puntual. En cualquier caso hay cosas que ya se pueden hacer, como el mantenimiento de los espacios escénicos o reunir a los agentes culturales de la ciudad».