10 años sin Marisa

R.L. / Miranda
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Hoy se cumple una década de la desaparición de Marisa Villaquirán, introducida a la fuerza en un coche por su exmarido • Aún no se ha encontrado el cuerpo, pero el caso se da por cerrado

Dos mil personas se manifestaron en 2005 para reclamar justicia. - Foto: E.T.

El día 7 de diciembre es una fecha que está grabada a fuego en el corazón de los familiares y amigos de Marisa Villaquirán Medina. Tal día como hoy, hace diez años, esta mirandesa que entonces tenía 38 años, desapareció sin dejar rastro tras ser introducida por la fuerza en un coche por su exmarido, dejando en casa y sin consuelo a su madre y a sus cuatro hijos. Éste ha sido, sin lugar a dudas, el caso de violencia de género más grave y que más ha calado en la sociedad mirandesa...y hoy, una década después de su marcha, todavía no hay respuesta para la pregunta que, junto a su foto, empapeló decenas de paredes de la ciudad: ¿Dónde está Marisa?
La familia la dio por muerta prácticamente desde el comienzo de las investigaciones, y es que sobre su  exmarido ya pesaban denuncias previas de malos tratos. Los hechos nos remontan a primera hora de la tarde del 7 de diciembre de 2004, cuando Marisa fue vista por última vez por varios testigos, que vieron cómo su exmarido, Rafael Gabarri -que cumple una condena de 14 años de prisión-, la sacó por la fuerza del portal que estaba limpiando en en un edificio de Francisco Cantera y la introdujo en contra de su voluntad en un coche que estaba en doble fila. A partir de ese momento, se pierde su pista. Quien conducía el vehículo era Isaac Duval -que también fue condenado a cárcel- y, según sus versión, les llevó a San Juan del Monte y les dejó allí hablando. Después, bajaron andando, y a la altura del puente de Hierro, Rafael asegura que se despidieron, pero ella nunca volvió a casa.

La semana clave

Su madre, que se encontraba fuera, denunció su desaparición el 14 diciembre y, tres días después, Rafael Gabarri fue detenido. La Comisión Ciudadana ¿Dónde está Marisa?, que durante años reclamó justicia y resultados a la Policía Nacional, aseguró en su día que se había perdido un tiempo muy valioso, clave para la investigación, dejando caer que podría haber aprovechado esos días para hacer desaparecer su cuerpo y borrar todo tipo de huellas con la complicidad de su familia.
Las investigaciones llevaron a la Policía a buscar a Marisa en el vertedero, cercano a San Juan del Monte, con un importante despliegue de medios. Se rastrearon incluso los pozos donde se almacenaban los cadáveres de los animales, pero nunca se encontró ni una pista. Nada.
El caso de Marisa conmocionó a todos los mirandeses y también tuvo cierta repercusión nacional a través de varias televisiones. A pesar de que el interés informativo fue diluyéndose con el paso de los meses al no haber resultados en su búsqueda, en Miranda su recuerdo ha sido permanente. Con apoyo municipal, la Comisión ¿Dónde está Marisa? organizó durante más de cuatro años -hasta que se celebró el juicio- una concentración los días 7 de cada mes y en dos ocasiones más de dos mil personas salieron a la calle para reclamar una respuesta a su paradero. En su día, la familia denunció que la Policía y el juzgado mirandés se habían visto «sobrepasados» por este caso. En su opinión, la búsqueda se dio por finalizada cuando se levantó el secreto de sumario y se dijo quiénes eran los imputados. A su juicio, fue un error cerrar el caso porque no había aparecido el cadáver.
El misterio de la desaparición de Marisa llegó a los tribunales en febrero de 2009, pero después de  cinco jornadas de juicio en la Audiencia Provincial, por donde pasaron siete acusados y 44 testigos, la eterna pregunta que aun hoy atormenta a su familia no fue contestada. En el proceso quedó acreditado que su exmarido y el conductor se llevaron a la mujer a la fuerza. Fueron los únicos condenados, ya que unos jóvenes imputados por encubrimiento (se deshicieron de unas joyas de Marisa) quedaron absueltos, al igual que  la madre de Rafael Gabarri, acusada de haberse hecho pasar por la desaparecida a través del teléfono móvil. A medida que pasan los años, la esperanza de encontrar el cuerpo de Marisa se difumina.