Rioseco, inspiración de creadores

A.C.
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Son muchos los autores que se han inspirado en el monasterio. La escritora onubense María Jesús Duque ha sido la última con su novela de intriga 'No mires atrás'

Rioseco, inspiración de creadores

Durante la inauguración de la exposición  titulada ‘Resurgere Rioseco’, en el verano de 2016, el párroco de la iglesia del monasterio, Juan Miguel Gutiérrez Pulgar, dijo que este lugar "siempre ha sido lugar de inspiración, primero para los arquitectos". Aquel 3 de junio hablaba de los pintores Iñaki Bilbao, Miguel Ángel Salgado, Antonio Jarabo, Paloma San Román y José Antonio López. Todos habían trasladado al lienzo los recovecos y espacios más bellos e incluso soñados de Santa María de Rioseco.
Bilbao rememoró sus entradas "clandestinas" en el monasterio cuando la vegetación exuberante lo devoraba y un halo de misterio se cernía por la rampante hiedra que lo teñía de verde. Salgado recordó el día que su maestro Bilbao le condujo por los secretos de Rioseco. Los árboles nacían en los muros,  a punto de sucumbir al poder de la naturaleza. Quien supo plasmar magistralmente con su objetivo ese Rioseco que ahora solo es un recuerdo es el fotógrafo Alberto Uyarra. Sus imágenes artísticas de un monasterio devastado por el abandono han sido muchas veces expuestas en la comarca. Muchos otros fotógrafos le ha seguido. Llegó a Rioseco en 2009 por medio de una web en la que buscaba lugares abandonados y su obra adquiere cada año más valor, al reflejar un lugar que ya ha dejado de lado la palabra abandono.
 Los artistas que se inspiran en Rioseco no paran de crecer. Ha habido muchos más pintores e incluso el grupo musical Cronometrobudú, que estrenó en el otoño de 2018 el videoclip de su canción El día de los muertos, grabado en el monasterio. El arquitecto Guillermo Escribano da por acabada en unos días la instalación artística ‘Rioseco invocado’, que desde abril ha permitido sorprender con ángulos imposibles del edificio a través de los espejos.
La última en sumarse a la lista de artistas ha sido María Jesús Duque Romero, una profesora de Educación Física de Aracena (Huelva). Escritora primero de relatos, acaba de dar el salto a la novela de intriga, una de sus pasiones, con el monasterio de Rioseco como protagonista y como portada de su libro No mires atrás. Ella, como Uyarra, autor de la imagen que ilustra la portada, también buscaba un espacio abandonado y escribió en Google ‘monasterio en ruinas’. El primero que apareció fue el del Valle de Manzanedo y la escritora onubense se enamoró de las imágenes que veía frente al ordenador, a ochocientos kilómetros de distancia.
Se documentó en profundidad sobre el cenobio cisterciense ubicado a orillas del Ebro en las lejanas tierras del norte de Burgos y reflejó a Rioseco en su novela, ambientada en el siglo XVII y la actualidad. Una serie de sucesos comienzan a ocurrir en el monasterio de San Martín -la autora prefirió cambiar el nombre a Rioseco, aunque desvela a todos sus seguidores su verdadera identidad-. Fray Marcelo y el novicio Ciro investigarán y tratarán de resolver el misterio. Varios siglos después, la subinspectora de Policía burgalesa Andrea Salas encuentra entre las ruinas del monasterio el cadáver de una mujer y ahí conectan pasado y presente.
Si Burgos y sus calles también son protagonistas de la novela de Duque no es casualidad, sino fruto de que la autora había de ubicar a su joven policía en la misma provincia que su monasterio elegido. Casi ha vendido ya los primeros 500 ejemplares de su novela, que ha arrasado en Aracena, por lo que augura que muchos de sus vecinos viajarán hasta el Valle de Manzanedo para conocer Rioseco. Pero también ha sido presentada el viernes en Badajoz y la semana que viene, en Sevilla. El 7 de diciembre, la autora traerá su novela al Teatro Principal de Burgos y previsiblemente, el 8, a Villarcayo. "Internet abre muchas ventanas. El monasterio no lo conoce mucha gente y es un regalo haberlo descubierto y poder darlo a conocer", cuenta María Jesús Duque, que no conoce ningún lugar con el apoyo solidario de tantos voluntarios como tiene Rioseco.