Productores de oro dulce

S.F.L.
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Víctor y María abandonaron sus trabajos hace un año y decidieron embarcarse en el laborioso mundo de la apicultura en Arconada. Hoy en día se dedican de manera profesional a la venta de miel

Actualmente, la pareja cuenta con 350 colmenas en Arconada y aspira a superar las 450. - Foto: DB

No suelen estar a la vista, sino en rincones tranquilos, en el monte. No suelen llevar un distintivo, ni siquiera lo pone en el carnet, pero son apicultores. Un oficio que atraviesa un difícil momento por el fraude que existe a nivel mundial con la miel. A pesar de los obstáculos, Víctor y María dejaron sus trabajos y decidieron hace un año dedicarse profesionalmente a la apicultura.
La pareja vive junto con su hija en Arconada de Bureba y desde que comenzaran a dedicarse por completo al negocio de la miel, cuentan con unas 350 colmenas donde sus abejas fabrican el producto. Han sido recompensados con una subvención por ser emprendedores rurales con menos de 40 años, y gracias a ella, ha sido posible que cumplieran uno de sus sueños. Aspiran a tener como mínimo 450 colmenares y su objetivo es poder construir un local de extracción y almacén adecuado a las dimensiones de la explotación.
Durante los meses de septiembre y octubre cogen la miel de los panales, motivo por el que ésta se mezcla con las de distintas floraciones. Sus abejas producen un dulce de color amarillo claro cuando se solidifica. Algunas de las flores melíferas que hay en la zona son el tomillo, el espliego, el girasol y el brezo, aunque hay otras muchas de las que obtienen néctar y polen, como la zarzamora, el escaramujo, el cardo y la amapola. Aunque la extracción dura unos días, el proceso continúa durante todo el año. Dependiendo de la estación, los emprendedores mantienen a los insectos en las mejores condiciones.
Es obligatorio ejecutar un tratamiento contra la varroa destructor (ácaro) anualmente entre septiembre y noviembre, inmediatamente después de la cata o extracción de la miel. Dicho parásito transmite varias enfermedades y sí no se elimina, la población de la colmena se debilita y muere. Para acabar con él, Víctor y María utilizan tratamientos sintéticos, como tiras de plástico impregnadas con el principio activo, y orgánicos como ácido oxálico, aunque la productora afirma que «es algo muy complicado de que resulte al 100% efectivo».
Durante la primavera, especialmente en el mes de mayo, su trabajo se centra en intentar controlar la enjambrazón para evitar perder abejas, lo cual disminuiría la producción. Colocan unas alzas para aumentar el espacio y también dividen las colmenas para que se reproduzcan. A finales del verano se cata el producto y preparan el espacio de los insectos para que pasen el invierno. Las alimentan con agua y azúcar para estimularlas y críen.
Sí el año es muy seco y consideran que hay escasez de polen,  añaden también alimentación proteica (sustituto del polen), para asegurar que las abejas nazcan bien alimentadas y fuertes, y así evitar las bajas durante el invierno. En los meses más fríos, los apicultores seleccionan la cera, que servirá para el próximo año, y la que no sirve la funden y limpian y desinfectan todo el material para obsticularizar la propagación de enfermedades.
proceso de extracción. Una vez que tienen las alzas con miel en el local, colocan calefactores para que se mantengan a una temperatura óptima que facilite la extracción, porque sí se enfría, se endurece y el proceso es más costoso. Los panales deben ser desoperculados y la cera quedará en un filtro y el producto cae al fondo y saldrá por un grifo.
A continuación se introducen los cuadros en un extractor para sacar la miel de ambas caras de los paneles. La que sale se recoge en baldes y la verten manualmente en bidones maduradores, donde permanece unos días. Después la envalsan en botes de 1 kilo y de 500 gramos. Es el único producto que venden por el momento.