Disfraces contra el cambio climático

Adrián del Campo
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Cerca de 1.400 participantes, una decena de charangas y doce carrozas llenan de música y color el desfile de Carnaval celebrado ayer en Aranda, donde el buen tiempo animó las calles

Usuarios y trabajadores de los CEAS, disfrazados de osos polares, defendieron la lucha contra el cambio climático. - Foto: Jesús J. Matías

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Aranda: disfraces contra el cambio climático

El ambiente era perfecto. Los cerca de 15 grados que marcaba el termómetro animaron a la gente a salir a la calle y a los cerca de 1.400 participantes -más doce carrozas y una decena de charangas- en el Gran Desfile del Carnaval de Aranda celebrado ayer a disfrutar desde la previa, sin miedo a que el disfraz se les hubiera quedado corto de tela o a pensar que hubiera sido mejor llevar guantes. A la vez, esa buena temperatura a mediados de febrero era la cruz de la moneda. El enemigo contra el que se dirigieron muchos de los 38 grupos que completaban el pasacalles. Hasta tres conjuntos decidieron apostar por un disfraz que fuera más allá de la fiesta y mirara a la reivindicación. La proclama fue la lucha contra el cambio climático.

La bandera más grande contra el calentamiento global la izó el grupo de los Centros de Acción Social (CEAS) de Aranda. Su lema era ‘SOS, Planeta en peligro, aún estamos a tiempo’ y lo protagonizaban una amplia colonia de osos polares. Eran tanto los trabajadores como los usuarios de los CEAS, en su mayoría niños. «Representamos a los osos para ayudarles en el cambio climático», declaraba una de las jóvenes. Sus compañeros se unían para responder si en los colegios les están enseñando los efectos del cambio climático. «A mí nada», declaraba uno de los más pequeños, «a mí un poquito», añadía otro más mayor y detrás de todos ellos sonaba la voz de otra osa polar que tenía la lección bien aprendida: «Estamos contaminando mucho y los polos se derriten». Concienciación que trasladan a sus familias. «Yo le digo a mi padre si tira una cosa al suelo, que la coja y la deje en la basura», confesaba, con gracia, uno de los menores.

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