La suspensión de Ebrovisión supone un mazazo de 1,5 millones

RAÚL CANALES
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El festival aplaza al próximo año su vigésimo aniversario. A estas alturas ya tenía el 90% de entradas vendidas

La suspensión de Ebrovisión supone otro mazazo de 1,5 millon

Como un músico que aguarda en el camerino el momento de subirse al escenario, Ebrovisión ha esperado el transcurrir de los acontecimientos antes de tomar una decisión. Pero el miércoles la organización tuvo que salir a la palestra para anunciar que la vigésima edición se aplaza hasta 2021.  «Es el momento más duro, complicado y meditado de nuestra historia pero hay que ser realistas», asegura la asociación Amigos de Rafael Izquierdo. 

La incertidumbre que se cierne sobre la celebración de eventos masivos a lo largo de este año no dejaba otra opción. Ni siquiera aferrándose a las previsiones más optimistas se podía salvar la cita ya que en el mejor de los casos se contemplan unas limitaciones de aforo  que el festival mirandés no puede cumplir. «Teníamos claro que no íbamos a cambiar el formato ni hacer una versión reducida porque queremos celebrar el aniversario como se merece», asegura Ramiro Molinero, reticente a ese concepto de nueva normalidad que se empieza a imponer también en el mundillo musical.  

La suspensión no se podía postergar más porque había llegado el momento de tirar la toalla o arriesgarse. Las pérdidas ahora mismo rondan los 30.000 euros, una cifra asumible, pero avanzar implicaba meterse en un callejón de difícil salida que incluso podía comprometer la viabilidad a futuro, «así que lo más sensato era no meterse en más gastos ni contrataciones», explica Molinero. 

Para Miranda, quedarse sin el festival es otro mazazo después de la cancelación de San Juan del Monte y las fiestas patronales. La cita popera no solo coloca a la ciudad en el mapa con una repercusión mediática que atrae a miles de foráneos y que hace que sea tendencia durante un fin de semana en las redes sociales, sino que supone un gran impulso para la economía local. Y es que alrededor de los conciertos se mueven más de 1,5 millones de euros por lo que es una de las fechas más esperadas por la hostelería y el comercio. 

El gasto además está muy repartido porque el Multifuncional es el epicentro pero cada vez hay más espectáculos gratuitos distribuidos por las calles y de los que se benefician todos los bares. «Quitarles la oportunidad de hacer caja después de lo mal que lo están pasando es  quizá lo más duro de está decisión y por lo que hemos esperado tanto porque le hemos dado mil vueltas. Estas semanas paseando me he encontrado con dueños de restaurantes y pensiones que me pedían que por favor no lo suspendiéramos, pero no depende de nosotros y en estas condiciones es inviable», lamenta Molinero, quien no oculta también su preocupación por el panorama que se avecina en el ámbito cultural. 

Al margen de los grupos, un festival emplea a muchas personas que ahora se encuentran en una situación crítica, desde promotores hasta técnicos de sonido, montadores de escenario o los que descargan los camiones. En total, Ebrovisión genera aproximadamente 160 puestos de trabajo, cifra que se duplica si se cuentan los empleos indirectos. 

Confianza incondicional. Si Ebrovisión acostumbra a guardarse un as en la manga para sorprender a sus fieles, este año había escondido toda la baraja. El festival iba a ser un sobresalto continuo, empezando por el cartel, ya que no se había confirmado ningún grupo. «Muchos están en las quinielas de la mayoría porque son previsibles pero otros no tanto», confiesa Molinero, que sigue guardando con celo los nombres porque su objetivo es que todos los posibles repitan el próximo año y sumar alguno más de los que esta vez se habían quedado fuera porque no estaban de gira pero que volverán a la carretera en unos meses. Más de una de las bandas que han pisado el escenario estos años dejaron ayer su mensaje de apoyo en las redes.   

La arriesgada apuesta de la cita a ciegas, «un concepto diferente al que nadie se había atrevido», tenía el éxito asegurado ya que se habían vendido el 90% de las entradas anticipadas, una muestra de confianza por parte de los espectadores que el festival se ha ganado a base de mimar al público. Pocas citas de estas características tienen un ambiente tan familiar y muchas menos pueden decir que al día siguiente de anunciarse la suspensión se puede ya solicitar la devolución de la entrada. «Nuestro principal valor es la gente y queremos cuidarla», asegura Molinero, quien también recuerda que se puede guardar el abono para el año que viene, «otra muestra de cariño que nos ayudaría a trabajar con más tranquilidad».