scorecardresearch

«La educación es cariño y dar abrazos, pero también imponer normas»

I.E. / Burgos
-

Pedro Alegre • Director del centro de menores La Senda, de la Fundación O' Belén

Pedro Alegre posa ante un grafiti hecho por uno de los chavales. - Foto: Patricia

Tiene 35 años, es de Jerez de la Frontera y vive en Burgos desde hace ocho años, el tiempo que lleva abierta la vivienda de Villatoro que acoge a chavales conflictivos. Además de él, en la casa trabajan cinco educadores, la mujer que prepara las comidas y un estudiante en prácticas de la Universidad de Burgos.

Pedro Alegre es trabajador social y director de La Senda, una casa que gestiona la Fundación O’Belén para la ejecución de medidas judiciales contra chavales menores de edad. Tiene capacidad para alojar a seis jóvenes (ahora mismo hay cuatro chicos y dos chicas) y cuatro de ellos están allí por agredir a sus padres.

¿En qué estado llegan los chavales aquí?

Por lo general quieren salir de casa. Suelen sentirse más cómodos dentro de este centro, porque lo que hacen es huir del conflicto de casa. Muchas veces el problema lo generan ellos; otras veces es por problemas de educación, y otras porque los padres emplean la violencia contra los chavales. Se adaptan muy bien. En el colegio no suelen tener conflictos y tampoco con sus amigos. Tienen problemas en casa casi exclusivamente.

Son conscientes del problema que tienen en casa y cuando llegan aquí ¿se sienten liberados?

El 80% de los chavales que tenemos es por violencia intrafamiliar. Se muestran más relajados dentro del centro porque están lejos del foco del conflicto. Aunque sufren de ansiedad, lo pasan mal. Pero la convivencia suele ser muy buena. El último conflicto que hemos tenido aquí ha sido entre dos chavales que están aquí por otros delitos distintos al de agredir a sus padres o hermanos.

Y si en otros contextos son chavales tranquilos, poco problemáticos, ¿por qué en casa se muestran violentos?

Es primordial disponer de un diagnóstico del chico. Para saber si sufre un trastorno acudimos al Servicio de Psiquiatría del Hospital. Porque si presenta algún trastorno psiquiátrico ha de controlarlo con medicación. Puede ser que presente un trastorno emocional, y tendrá que acudir a terapia psicológica. Así podemos establecer si el chico es violento por razones físicas o si lo es por un trastorno emocional. Y podemos empezar a trabajar.

¿Qué es lo más habitual?

Suelen venir con trastornos emocionales o conductuales. Pero no responde a un perfil homogéneo. Hay chicos que proceden de familias con potentes recursos económicos, de familias estructuradas y sin problemas en el colegio. Pero puede haberlos de familias desestructuradas.

¿Cómo es la vida aquí?

Intentamos que el chico esté en un hogar similar a su casa. Es un centro abierto, las puertas no tienen cerraduras. La de la calle está abierta y cuando el chico se quiere ir se va.

¿Y no hay fugas?

Las ha habido, pero en 8 años solo se han producido 15. Pero es que no es un centro de régimen cerrado. Esto no es el Zambrana. Pero se van por rabietas y luego vuelven o aparecen en sus casas.

¿Pero hay unas normas?

Los chicos hacen sus habitaciones, friegan los platos, hacen la comida el fin de semana. Se encargan del mantenimiento del centro. Hay unos protocolos muy estructurados. Pasan por tres fases. El primer mes es el de adaptación, que sirve para conocer al chaval.  En este periodo se fijan objetivos muy sencillos: que cumplan con el horario para acudir a clase, que se duchen, que hagan la cama, que desayunen bien, etc. En la fase de integración se empieza a trabajar el conflicto. En la tercera fase, de autonomía, se le da más libertad al chico. No se le dice cuando ha de levantarse, se organiza solo el tiempo libre, programa salidas a su casa. Desde que cumplen un mes tienen derecho a pasar fines de semana en casa, siempre que en el centro y en el colegio funcionen bien.

¿Los padres denuncian tarde?

Tardan en hacerlo y cuando lo hacen albergan un sentimiento de culpa muy fuerte por haber denunciado al hijo. Pero luego se dan cuenta de que han hecho lo correcto. Cuanto más tiempo se espera es peor. Si quieren ayudarle hay que pararlo cuanto antes.

¿Qué reacción tienen los padres cuando tratáis con ellos?

Los padres están muy implicados en el conflicto. No digo que los padres sean los culpables, pero en muchísimos aspectos una mala educación es la que trae estas consecuencias. Aunque a veces los padres actúan por desconocimiento. Pero cómo voy a castigar a mis hijos se preguntan algunos. Pero es que los chicos necesitan frustrarse de vez en cuando para hacerse adultos. No se les puede dar todo cuanto piden y cuando lo piden, porque entonces ni siquiera desarrollan algo tan importante como la paciencia, esperar.

¿Qué les recomendáis?

Les decimos que la educación es cariño, es dar abrazos, pero también imponer normas: llegar a esta hora, no gastar dinero en antojos. Los chicos han de ser responsables de muchas cosas.