Musa de aprendices de literato

A.S.R.
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La Escuela de Escritores, que continúa con las clases online hasta final de curso, detecta más producción creativa de su veintena de alumnos y una temática inspirada por la cuarentena

Imagen de archivo de una de las sesiones de la Escuela de Escritores, que desde hace unos años se reúne en el Museo de la Evolución Humana. - Foto: Alberto Rodrigo

La crisis provocada por la covid-19 es tan extraordinaria e insólita que sin muchas florituras da para una novela. Los aprendices de literato de la Escuela de Escritores, algunos tan veteranos que ya casi han abandonado el primer nombre, han hallado inspiración, de forma directa o indirecta, en los hechos, sensaciones y zozobras provocadas por este virus que ha vuelto del revés la sociedad y las han trasladado con devoción a la hoja en blanco. El director, Jesús Pérez Saiz, da fe de esta influencia en la temática de los textos de sus alumnos. 
«Cada uno escribe desde los fantasmas que tiene dentro y lo que nos está pasando es un tema recurrente, aunque tampoco se han centrado solo en él», confirma y añade que el confinamiento obligado por el estado de alarma ha aumentado la cantidad. 
«Al principio, fue una necesidad. Todos necesitamos expresar lo que nos estaba pasando. Escribir no es fácil, a lo largo del año se complica hacerlo cada semana, pero estos dos meses hemos tenido más tiempo. Ahora está empezando a notarse que la gente sale a la calle y ha bajado el ritmo un poco», ahonda el capitán de este equipo, que ante la imposibilidad del encuentro físico ha vuelto a los inicios virtuales de esta iniciativa, nacida en Madrid en la red de redes y que luego se pasó a las tres dimensiones. La formación presencial se imparte en Burgos desde septiembre de 2002, los últimos años con sede en el Museo de la Evolución Humana. 
Y en ese escenario virtual han continuado las clases. Colgaron el cartel de ‘cerrado’ en la puerta antes del decreto de estado de alarma y pusieron el de ‘abierto’ en la pantalla. «El trabajo de un taller de escritura básicamente es escribir en tu casa y luego ponerlo en común y comentarlo por lo que se sigue perfectamente online, se puede entregar el material, proponer las lecturas...», observa Pérez Saiz y advierte que el futuro de la educación, en general, está en esa herramienta, aunque parezca que en España todavía cueste. 
Algún contra tiene esta formación online. La reunión en vivo resulta insustituible. El director de esta iniciativa reconoce que se pierde la «parte más gratificante de todo esto, que es estar juntos». Han intentado, solo intentado, suplirlo con la convocatoria de reuniones periódicas en plataformas virtuales, donde los veintitantos alumnos de este curso (se impartían dos, martes y miércoles) se han visto las caras y han orquestado una suerte de club de lectura con los textos de todos. Pero ha faltado la cerveza a la salida y, sobre todo, el sonido de las risas compartidas. 
«El encuentro presencial es más gratificante por el contacto humano y más llevadero. De alguna forma, trabajas menos, pero se agradece más y se crea muy buen ambiente. Esa parte humana la necesitamos todos y la hemos echado de menos», remacha Pérez Saiz, que da por concluido este curso, pero sí avanza que volverán en octubre «con las precauciones que sean necesarias».