El cura que no sabía nada

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El titular de la parroquia del Rosario, Rafael Pérez Oreiro, niega que participara en las reuniones donde se decidió someterla a estos rituales

El cura Rafael Pérez Oreiro es el párroco de la iglesia del Rosario y juez diocesano. - Foto: DB

Rafael Pérez Oreiro es el cura titular de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, a cuya catequesis iba María (nombre ficticio) y de la que fue expulsada «porque al resto de los jóvenes les daba miedo encontrarse cerca de una poseída», según ella misma le contó a la Policía. En su declaración le señala como uno de los participantes en las reuniones en las que se decidieron los exorcismos junto con el seminarista que soñaba con ella, su profesora de Religión en el instituto, el catequista de las Milicias de Santa María y los padres. También tiene la categoría de juez diocesano, nombrado por el obispo, Francisco Gil Hellín.
Es, además, un incrédulo. Así se definió ante las preguntas de DB sobre los exorcismos que había sufrido la adolescente y su implicación en la decisión de llevarlos a cabo: «Por naturaleza soy muy incrédulo y me cuesta creer estas cosas, no me sale de natural, no me va; pero que puede haber, puede haber, yo no dudo. Me cuesta creer que el demonio entre en los cuerpos, no lo veo ni lo percibo aunque la Iglesia dice que hay casos raros y extraños». Hasta en dos ocasiones mostró ante los periodistas su condición de escéptico frente a las soluciones radicales a las posesiones demoníacas.
Tampoco conoce al exorcista de Valladolid que realizó las ceremonias pero es muy consciente de que la Iglesia las admite y no cree «que sea descabellado». Ni está muy al tanto de lo qué es la Milicia de Santa María a la que, por supuesto, no pertenece. Ni reconoce que su parroquia es refugio de neocatecumenales (kikos): «Solo soy un sacerdote diocesano». Ni, por supuesto, participó en reunión alguna que organizara exorcismos.
Pérez Oreiro negó que fuera el confesor semanal y forzoso de María -«si dice que tenía la obligación de confesarse conmigo mal la cumplió»-  porque, según explicó, hace más de dos años, aproximadamente, «porque no guardo conciencia», que no escuchaba sus pecados: «Digan ustedes lo que quieran, todo es mentira, solo es carnaza y está todo distorsionado», aseguraba. Otra falsedad a su juicio, es que a la niña la expulsaran de la catequesis: «Me cuesta creer que ella haya dicho estas cosas de mí porque es una chica bien maja y bien buena y lo ha sido siempre. Es una persona a la que quiero y siempre le dije que rezaría por ella».
Parece que había confianza. De hecho, cuando estuvo hospitalizada le hizo un par de visitas, le enviaba por WhatsApp mensajes de ánimo «o vídeos que le pudieran estimular»; sabe que recientemente ha sido su cumpleaños y está al tanto del cambio de domicilio y de provincia que María ha experimentado desde que está bajo la tutela de la Junta. Pérez Oreiro reconoce que la cría le avanzó a él la intención de denunciar a sus padres: «Le dije que si quería confesar y me contestó que no; escuché lo que venía a contarme y le contesté: tú sabrás». Se lamenta el cura de cómo han ido las cosas: «Primero viene con confianza y luego apareces como el instigador».
Lo que tiene muy claro es que los tíos de María, quienes han denunciado a los padres por los hechos que se vienen narrando, «están obcecadísimos, no hacen caso a nadie y no razonan, lo que entiendo y comprendo». De hecho, fueron a hablar con él y asegura que le dijeron que tenía que pagar por lo que había pasado, «como si yo fuese el eje del mal». También es consciente de aparecer en la denuncia, que conoce «a través de un abogado».
Pero su relato insiste una y otra vez en que no participó en ninguna reunión en la que se hablara de exorcismos: «No tengo ni idea de nada, solo sé que un día vinieron los padres después de acabar el tratamiento y venía contentísima y muy agradecida».