Dos semanas en Ifema

A.G.
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El enfermero burgalés Simón Cordero cuenta su experiencia en el hospital de campaña de la Comunidad de Madrid, en uno de los pabellones que ya ha cerrado

El enfermero burgalés Simón Cordero

No lo dudó ni un minuto. Cuando el músico-enfermero burgalés Simón Cordero vio que la situación sanitaria como consecuencia de la pandemia de la COVID-19 se empezaba a agravar y, a la vez, sus compromisos musicales con el grupo con el que actualmente trabaja, el emergente Sinsinati, se anulaban por el confinamiento, llamó al centro de salud de la Comunidad de Madrid donde suele trabajar por temporadas para ofrecer sus servicios. Allí comenzó a sustituir a una compañera de baja por coronavirus: "El trabajo ha sido muy tenso porque en Atención Primaria no teníamos los medios necesarios para protegernos sino que prestábamos nuestra atención normal sin saber si los pacientes estaban infectados o no y pronto empezaron a caer profesionales, sobre todo los de mediana edad. Era todo tenso pero, sobre todo, muy cambiante, reuniones, protocolos distintos, lo que un día era válido al día siguiente no lo era…".

En ese escenario estaba desempeñando sus funciones cuando se anuncia que frente al colapso de los recursos sanitarios habituales se iba a poner en marcha un hospital de campaña en el recinto ferial Ifema para el que habría mucha necesidad de profesionales. "Sobre todo querían suplentes que fueran jóvenes y yo tenía muy claro que si tenían que elegir entre una compañera de sesenta años y un suplente joven, yo iba a prestarme voluntario para que no fuera ella y así fue. De mi centro, en Mejorada del Campo, he sido el único que he ido".

Reconoce que aquellas instalaciones le impactaron mucho en el primer momento pero que, a la vez, tuvo una sensación muy acogedora: "Es cierto que allí se pasó una fase de desorganización absoluta, compañeros que no sabían a qué control ir o qué funciones tenían que desempeñar e incluso que no tenían medios de protección y que se negaron a trabajar en esas condiciones cuando yo llegué, en la segunda semana me encontré un ambiente totalmente acogedor y lleno de facilidades, un auténtico hospital, y con muy buen ambiente, todo el mundo ayudando y colaborando y con el mismo objetivo de sacar adelante aquel problema. Me quedé impresionado de cómo podían haber montado aquello en apenas unos pocos días". El perfil del paciente con el que ha trabajado Cordero ha sido de mediana edad, con otras patologías asociadas y factores de riesgo y que llegaba a Ifema "a pasar la fase final de la enfermedad" para liberar camas en los hospitales convencionales para personas con mayor gravedad.

Cordero (a la derecha del grupo)con varios de sus compañeros en Ifema, donde, cuenta, las emociones han estado a flor de piel.  Cordero (a la derecha del grupo)con varios de sus compañeros en Ifema, donde, cuenta, las emociones han estado a flor de piel.

Reconoce que a nivel profesional la experiencia ha sido muy enriquecedora y que a nivel emocional, probablemente lo más intenso que ha vivido, por lo que, frente a las críticas que muchos sanitarios han hecho de los bailes y las ‘fiestas’ que se han visto allí, muchas de ellas con pacientes y profesionales sin guardar ninguna distancia de seguridad, afirma que "cuando llevas allí un tiempo hasta pierdes un poco la noción de lo que está bien y lo que no, de lo que es el miedo contra el virus para centrarte en las personas, estás tan cansado y tienes tantas emociones y ves a la gente pasarlo tan mal que puede que se te olviden las barreras y se puede llegar a cometer algún error porque lo que pretendes es hacer toda la situación lo más llevadera posible".

Porque no conviene olvidar que las personas que estaban siendo allí atendidas no podían recibir visitas de sus seres queridos y muchas de ellas estaban totalmente incomunicadas. Simón cuenta que ha tenido la experiencia de ser contactado a través de sus redes sociales por personas que querían saber qué había sido de sus familiares:  "Realmente no sé cómo consiguieron encontrarme pero sí que he ido a contactar con algún paciente a decirle que su familia le estaba buscando".

Las dos semanas que ha trabajado en el pabellón 7 de Ifema con cerca de 600 pacientes han sido "como dos años": "Sobre todo a nivel emocional ha sido una experiencia muy intensa, con días buenos y días de bajón. A nivel profesional ha habido mucho de supervivencia porque hacía mucho tiempo que yo no hacía técnicas específicas de hospital pero es cierto que al final el instinto y las ganas de ayudar te hacen recordar el conocimiento y la técnica. A pesar de llevar tiempo desentrenado en una situación de pandemia se puede sacar lo que llevas dentro".

Ahora ha vuelto a su labor en  Primaria aunque sin dejar de tener presente que puede volver un repunte y lo hace con un mensaje de optimismo y esperanza: "En el tiempo que yo he estado no me he encontrado con ningún fallecido y sí con mucho trabajo en equipo y muchas ganas de hacer las cosas bien".