La luz es una canción

A.S.R
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Nacho Prada presenta su proyecto en solitario, 'Reflejos, hoy', un viaje de raíz por las músicas del mundo, sin perder la chispa folk, con un aire pop y sonido de cantautor. Estreno, el viernes 26 en Valladolid

Nacho Prada trabaja en esta propuesta sin descuidar a sus otros grupos, como El Nido. - Foto: Galen fraser

Suenan las primeras notas de Carnavalito de la meseta y es imposible no mover alguna parte del cuerpo al tiempo que del páramo va bajando Germán con su candor. Sus ritmos latinos ponen calidez a ese invierno castellano que también halla su sitio en Reflejos, hoy, el proyecto musical en solitario que Nacho Prada mantiene en paralelo a su presencia en otros grupos, como El Nido. No es un disco ni nace con pretensiones de girar, son canciones nacidas en distintos momentos de su vida, guardadas en un cajón, que presentó a un concurso del Ayuntamiento de Valladolid y ganó. El premio incluía tocar en la Plaza Mayor de la capital pucelana, pero, otra vez, la pandemia dinamitó este guion. Y surgió la posibilidad de hacerlo en el LAVA (26 de febrero, entradas agotadas). 

«Siempre, desde que empecé a dedicarme a la música, he hecho canciones, además de para los grupos en los que estoy, otras más del tipo cantautor. Estaban ahí y ganar el concurso fue como un empujón para decidir dedicar energía y recursos a esta otra faceta. Vi que merecía la pena y tiene un enfoque diferente a mis otros proyectos», reconoce el músico, vallisoletano de nacimiento, pero burgalés de corazón ya que toda su familia es de la misma plaza de Santa María. 

Suenan a canción de autor, pero sin perder la esencia de la música popular, la fraguada a ambas orillas del Atlántico, que invita a dejarse llevar por su calidez, de los campos de Castilla o de los exóticos valles andinos. «Son temas entre el pop y las músicas del mundo. Hay un carnavalito y una chacarera, que suenan a otro lado, a mestizo, pero se encuentran con Castilla en algunas instrumentaciones y la presencia de violines te transporta a algo más clásico, a un sitio más bello...», resuelve Prada, que en las letras se deja guiar por la luz, la primavera. Vuelca en ellas reflexiones sobre la vida (Llorona), habla del camino hacia dónde se dirige el mundo y si es necesario virar el rumbo (¿Primavera?), reivindica la sencillez y la importancia de las cosas pequeñas, que son muy grandes (Carnavalito de la meseta), da la luz, tal cual (Lucero), e ilustra una despedida (De Mayorga a Tiedra). 

No tiene planes con estos Reflejos más allá del hoy (26 de febrero). Le gustaría moverlo con el trío de violines -el proyecto va en este formato, en solitario o con banda al completo, que incluye cuerdas, percusión y bajo, con la que estará en el LAVA-, si la señora crisis da la venia, y le encantaría llevarlo a Madrid y, por supuesto, traerlo a Burgos. 

Sonaría especial aquí una última canción, de propina, Sol y luna, una versión de Cómo quieres que te quiera, de Antonio José, rescatada por Orégano, formación en la que militaban sus padres, Javier Prada y Cristina Echevarrieta, fallecida recientemente, que se sumaron con los coros a esta grabación con la que volverá a palpitar la magia de aquel mítico grupo al que seguía Nacho cuando aún no sabía que la música sería su luz.