"Esto supera cualquier cosa que una persona pueda imaginar"

R. PÉREZ BARREDO
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El escritor Alberto Vázquez-Figueroa se adelantó a la situación creada por la pandemia en su última obra, 'Cien años después', que arranca con el edicto del gobernador de Burgos por la gripe del 18

Vázquez-Figueroa, en una imagen de archivo durante una visita a Burgos. - Foto: Luis López Araico

Ha perdido la cuenta de los libros que ha publicado. No es para menos: ha estampado su firma en más de un centenar de títulos. Y ha vendido de lo lindo. ¿En qué casa familiar no ha habido un ejemplar de Tuareg? Sí. El prolífico Alberto Vázquez-Figueroa es uno de los autores españoles que más libros han vendido. A sus 83 años, este escritor, periodista y aventurero acaba de liarla de nuevo con su nueva novela, que se adelantó unas cuantas semanas, cual visionario o chamán, a la terrible realidad que se está viviendo con la pandemia del coronavirus. Eso sí: confiesa que la realidad, como siempre, ha superado a la fantasía, a la ficción. El libro, titulado Cien años después, comienza con el edicto que el gobernador civil de Burgos publicó en Boletín Oficial de la Provincia con motivo de la epidemia de gripe de 1918. A partir de ahí, novelón apocalíptico.

"Comencé a escribir la novela cuando se conocieron los primeros casos. Es cierto que me adelanté en algunas cosas, pero reconozco que lo que está ocurriendo me está sorprendiendo. Por más imaginación que uno tenga, esto lo supera todo. Por mi profesión he visto y vivido situaciones terribles; he conocido varias guerras. Pero esto supera cualquier cosa que uno pueda imaginar", admite. "No quiero presumir de nada, de decir que yo sabía esto o lo otro... Algunas de las cosas que están ahora sucediendo las intuí, pero no hasta estos extremos tan brutales". 

La novela se inicia con las palabras de advertencia del gobernador de Burgos, que al escritor tinerfeño le parecen de absoluta actualidad. "Cuando me estaba documentando y hallé ese edicto pensé que parecía que podía haberse publicado hoy mismo, la semana pasada... ¡Y es de hace un siglo! Cien años después está sucediendo lo mismo. Y estamos igualmente poco preparados. Aunque el 99 por ciento de la Humanidad aprenda de todo esto, siempre habrá un 1 por ciento que lo joda todo", apostilla Vázquez-Figueroa.

Teme el escritor que la situación en que se halla ahora el mundo se prolongue en el tiempo. "O esto acaba como acabó la mal llamada ‘Gripe Española’, que desapareció inusitadamente en el verano de 1920, cuando nadie se lo esperaba y después de haber matado a sesenta millones de personas en el todo el mundo, o no sé qué puede pasar... Ya estoy escribiendo una segunda novela sobre el tema, que se titulará Vacuna. Y me pregunto: si alguien da con ella, ¿quién va a ser su dueño?", se interroga. El que fuera corresponsal de medios como La Vanguardia o TVE no puede ocultar su enfado con quienes han permitido que se gasten millonadas en satélites y proyectos espaciales dejando de lado la investigación relacionada con la salud. "No han gastado ni la milésima parte en, por ejemplo, microscopios que podían haber permitido estudiar un virus que cada equis tiempo vuelve para amargarnos la vida. Sucedió hace cien años; y hace seiscientos; y desde los tiempos de Pericles. Los virus mutan, varían. ¿No sería más lógico dedicar el tiempo y el dinero en procurar que estos virus de mala madre no se desmadren otra vez?".

La humanidad será otra. Vázquez-Figueroa, a quien le mordió un murciélago en la Amazonia ecuatoriana en el año 69 y desde entonces nunca ha caído enfermo -"fue como si me hubiesen inyectado una especie de antídoto, su sustancia se llama curiosamente draculina"- tiene claro que la Humanidad va a ser otra después de esta pandemia. "Las cosas tienen que cambiar. No podemos seguir siendo tan brutos como hasta ahora. Si se prolonga mucho en el tiempo, esto va a marcar a una generación, a esos niños y jóvenes de ahora. No están disfrutando de algo tan sencillo en apariencia como la libertad. Que es lo más importante y que ahora nos ha sido hurtada. Tengo el temor de que vamos a vivir los próximos años de una forma diferente, con riesgo y con falta de esa libertad. Va a condicionarnos mucho".


El autor de Cien años después no está sufriendo especialmente con el confinamiento. Pese a haber sido toda su vida un hombre de acción, considera colmada toda su sed de aventura al aire libre. "No está siendo un problema. Yo ya viví todo lo que se podía vivir. Ayer me acordaba de la guerra del Chad, una de las más cruentas que he conocido, porque ha habido un enfrentamiento entre los soldados chadianos y los de Boko Haram que es exactamente lo mismo que viví en el 71, hace casi cincuenta años. Pero ahora sucede una cosa diferente. Y nada es comparable a esto. Yo antes ya salía poco. Estoy en casa escribiendo. La calle ya no me llama. A mis 83 años ya no soy una persona de acción, desgraciadamente en ningún sentido".
Sí lo es en el ámbito creativo: "Mi imaginación continúa viva, por fortuna. El músculo de mi imaginación está intacto y en plenas facultades". El que ahora se haya anticipado en la ficción a lo que está sucediendo en la realidad no es algo nuevo. En 1980 publicó la novela Nuevos dioses, en la que se adelantó más de una década a la clonación de la oveja Dolly. "En ese libro describía un proceso de clonación muy similar al que dio origen a Dolly. Hasta el punto de que se pusieron en contacto conmigo desde la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para pedirme permiso para traducirla al inglés y a braille dado su interés científico".


Sin embargo, no se siente un visionario. Y le importa un pimiento que le puedan tachar ahora de oportunista por su novela sobre el coronavirus. "No me importa que me llamen oportunista. ¿También lo fue Thomas Mann por escribir La montaña mágica cuando la gente moría de tubercolisis o Galdós cuando contaba los problemas que tenía este país? La obligación de un escritor es escribir sobre el tiempo que está viviendo. Ser el notario de este tiempo. Mi obligación ahora es escribir sobre lo que está padeciendo la humanidad en este momento. Y si algún gilipollas dice que soy un oportunista por hacerlo, que le den morcilla". 


Se queda Vázquez-Figueroa con el ejemplo maravilloso de toda esa inmensa mayoría que está haciendo una ingente labor en esta crisis, desde los sanitarios a los de la limpieza, y que solapan a esa minoría que siempre se retrata en momentos así. "Siempre habrá hijos de perra malditos. Se veía en las guerras, en las crisis. Lo mejor y lo peor de la condición humana. En la vida misma. Porque es la vida misma", concluye.