Segundo Escolar rescata la mente atormentada

I.L.H.
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El CAB recupera las fotografías que el artista realizó a los internos del psiquiátrico de Bermeo en 1975. En octubre de este año esas imágenes tendrán forma de instalación junto a sus dibujos

Segundo Escolar rescata la mente atormentada - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Las dos primeras semanas no pudo sacar ni una sola foto. La impresión que le produjo las circunstancias en las que se hallaban los internos del psiquiátrico de Bermeo, en Vizcaya, le dejó paralizado. «Me invadió el ambiente», recuerda. Estamos hablando de 1975, cuando en los centros de salud mental se juntaba a enfermos con discapacitados psíquicos y excluidos sociales en condiciones de higiene, sanitarias y humanas que ya entonces fueron objeto de denuncia por parte de los médicos residentes. Los internos sufrían sus propias dolencias y las que les generaba una reclusión que les privaba de su autonomía personal y les conducía a la soledad y el olvido permanente.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
Segundo Escolar (Salamanca, 1944)pudo entrar en uno de estos centros gracias a la intermediación familiar. El artista quería fotografiar las rutinas de los internos con la intención de que las imágenes le sirvieran de documentación para realizar dibujos con los especiales rostros de «los diferentes», el modo que tenían de relacionarse, sus posturas espontáneas o el sufrimiento que reflejaban sus cuerpos. Con ese propósito y el compromiso de no hacer uso amarillista de las instantáneas -que puntualmente mostraba a la dirección- realizó más de doscientas fotografías.
La obra quedó décadas dormida por pudor y dolor ya que esa época fue desasosegante para Segundo Escolar porque le venían continuamente a la mente los olores, los gestos y los alaridos de los internos del centro, como repasa Belén Puente, su mujer: «Lo pasó muy mal. Me sorprende oírle hablar ahora de ello como si nada, pero fue muy duro. Venía desecho a casa». «Es que hoy la psiquiatría es otra cosa  -responde el artista desde su estudio en Belorado-. Yo conocí la jaula de hierro que usaban con algunos internos. Estaba aparcada, pero estaba ahí», apunta.

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