"Saldremos de esta sabiendo mejor cómo defendernos"

R. PÉREZ BARREDO
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María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, reflexiona desde el punto de vista científico sobre las causas y consecuencias de la pandemia

María Martinón, en imagen de archivo. - Foto: Alberto Rodrigo

Hace unos pocos días, María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana (Cenieh) trataba de desterrar la idea, asumida por tantos, de que la pandemia que tiene al mundo entero encogido no es una plaga bíblica, ni una maldición; que no hay culpas ni castigos, sino causas y consecuencias. "La causa evolutiva es nuestra gran densidad demográfica y nuestra movilidad. Para que una enfermedad infecciosa pueda propagarse necesita un vehículo que la disemine, que posibilite el contagio. Somos muchos y vivimos muy próximos, por lo que somos el ayudante necesario e involuntario, perfecto, para que los patógenos se propaguen. Además, la mayoría de las enfermedades infecciosas son zoonosis, es decir, provienen de los animales. Prácticas que implican una convivencia estrecha con animales, como la domesticación y la ganadería, favorecieron la aparición de estos cuadros a lo largo de nuestra evolución". 

¿Por qué ahora? ¿Por qué con esta virulencia? "Las pandemias son comunes en nuestra especie pero no continuas; suceden de tiempo en tiempo. Se está investigado si está relacionado con el consumo de fauna salvaje en China, cuál fue el origen de este brote concreto", señala Martinón. Las consecuencias, en cualquier caso, parecen imprevisibles para la sociedad, para la vida, para el ser humano... "No me gusta hacer pronósticos, pero no creo en apocalipsis. Hay luz al final del túnel, y la luz la portamos nosotros. Lamentablemente, lo único que realmente no podemos arreglar es la terrible pérdida de seres queridos. Eso es lo único que realmente no podemos cambiar. Por lo demás, como especie, saldremos de esta, con mejor conocimiento sobre cómo defendernos. Saldremos al mundo y miraremos todo con ojos nuevos.  A los que se han quedado atrás les debemos el esfuerzo por salir adelante, será el mejor tributo a su memoria", apostilla la científica.

Los virus, apunta, son una amenaza "que va asociada a nuestra existencia. Lo que hay que hacer es centrarse en aprender a defendernos de una manera más sistemática y más organizada. Lo que ahora se ha puesto en evidencia es que no estábamos muy organizados. No hay unidad en las medidas que se están adoptando en los países. Eso no tiene sentido. Esto debe servirnos para posibles amenazas futuras que, seguro, las habrá. 

Para la médica y paleoantropóloga la sociedad "está afrontando esta crisis de manera ejemplar. Hay algo surrealista, épico y valiente en la forma en la que la gente ha accedido a quedarse en su casa. Es un sacrificio sin precedentes, una decisión que individualmente no siempre es fácil de comprender y, sin embargo, al unísono, todo el mundo la ha aceptado por el bien común. No sé si nos damos cuenta la proeza que esto representa. Por no hablar del comportamiento extremadamente generoso de muchos profesionales, los sanitarios los primeros. La asistencia sanitaria al enfermo, además del tratamiento médico en sí, tiene un componente humanístico esencial igual de importante, especialmente en circunstancias tan severas como las que estamos viviendo. En las situaciones más difíciles, el personal sanitario de nuestro país ha derrochado humanidad. Confieso que me emociona. Ya sé que no somos perfectos, pero yo sí me siento orgullosa de nuestra especie".

Otra cosa, subraya, es si la clase dirigente está a la misma altura que la ciudadanía. "No me gusta generalizar, porque es evidente que hay y ha habido de todo. Pero creo que, cuando todo pase, el análisis y la lectura de la historia será bastante elocuente.". En este sentido, insiste en la necesidad de una mayor coordinación para afrontar una pandemia así "a nivel global. Porque la amenaza es global la respuesta debe ser global y coordinada. Es como un incendio con muchos focos: hay que atacarlos a la vez, porque si no estaremos perdiendo el tiempo. Habrá más epidemias y más enfermedades infecciosas, que seguirán siendo una de las principales amenazas para la salud de nuestra especie, pero cada vez más sabremos cómo defendernos, con una inversión más significativa en ciencia y prevención".

¿Cambio de paradigma? No cree Martinón que nuestra especie se halle ante un cambio de paradigma. "Todo lo que está sucediendo es muy ‘sapiens’ y se está afrontando de una manera muy ‘sapiens’. En realidad, nada de lo que nos pasa es nuevo. Desde finales del Pleistoceno, cuando se produjo la gran explosión demográfica de nuestra especie, somos vulnerables a las epidemias. Diría incluso que nuestro sentido y cohesión social, tan ‘sapiens’, saldrán reforzados. Las amenazas adquieren dimensiones globales, pero también las defensas ahora son globales. Tampoco considera la científica que esta pademia sea una llamada de atención al ser humano: "Yo creo que tenemos que desterrar esa idea de que esto es un escarmiento o un castigo. Personalmente creo que lo que nos sucede se explica dentro del marco de la biología y el darwinismo. No es la primera y probablemente no sea la última, pero gracias al conocimiento cada vez nos defenderemos mejor y estaremos mejor preparados. Eso no quiere decir que no se pueda aprender o reflexionar, y aprender algo de la experiencia vivida. Estoy segura de que esta situación tan límite, en la que estamos perdiendo a seres queridos y en la que además nos vemos confinados, todos hemos reflexionado sobre qué era importante y qué no en nuestras vidas, qué y a quién echamos de menos, qué de lo rutinario era esencial y qué no". 

Para la directora del Cenieh la reflexión más perentoria es la forma en que un parte de la sociedad "se ha referido a nuestros mayores por la crisis del COVID. Una población que no prioriza la protección de sus padres y sus abuelos, que se plantea incluso que sean prescindibles, no solo hace gala del mayor desagradecimiento, sino que atenta contra la esencia de su propia especie. Homo sapiens debe su éxito evolutivo, precisamente, a haber contado con el apoyo de una parte de la población que, aunque ya no estaba en el ciclo reproductivo, era esencial para que las crías salieran adelante. La mortalidad infantil descendió significativamente gracias a los abuelos. Estamos en deuda vital con ellos. Una especie desmemoriada es una especie sin raíces, que se desmorona. Es momento de pensar qué mensajes les transmitimos a nuestros hijos", apostilla.

Una difícil salida. La ciencia rescatará a la humanidad de la pandemia, defiende María Martinón. "Pero de la crisis, no. Necesitaremos algo más. Más que nunca las ciencias y las humanidades tienen que ir de la mano. En un sentido médico puro nos rescatarán los tratamientos y las vacunas. Pero para rescatarnos del desánimo y el pesimismo, por ejemplo, nos necesitaremos los unos a los otros. Pero, sobre todo, para salir de la crisis económica, necesitaremos capacidad, preparación y responsabilidad por parte de los gobernantes, que estén a la altura de las circunstancias". A este respecto, Martinón confía en que los políticos hayan tomado buena nota de la importancia de apoyar la ciencia, de invertir en la investigación científica. "Veremos si han aprendido la lección. Si no, deberemos exigírselo, concluye la directora del Cenieh.