El Teléfono de la Esperanza duplicó su demanda en 2020

A.G.
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Esta entidad recibió 5.284 llamadas -12 por intentos de suicidio- durante el año de la pandemia, lo que a juicio de sus responsables significa que se trata de un servicio «aún necesario».

El Teléfono de la Esperanza sigue activo. Quien lo necesite puede llamar al 947 107 109 o entrar en su web, esperanzacyl.org. - Foto: Valdivielso

Desde hace varios años los responsables del Teléfono de la Esperanza de Burgos tienen sobre sí un sambenito del que reniegan con todas sus fuerzas -y lo hacen a base de datos- y es que están anticuados y que el servicio que prestan ya se está realizando por otras organizaciones más ‘al día’. El área de Servicios Sociales del Ayuntamiento le retiró por esta causa la subvención con la que esta entidad sostenía, por ejemplo, el alquiler de su sede, por lo que tuvieron que mudarse en el año 2018. Y como las desgracias nunca vienen solas, el Ministerio de Interior le quitó la consideración de entidad de utilidad pública por una cuestión burocrática, una decisión contra la que recurrieron y perdieron, por lo que han tenido que iniciar todos los trámites para recuperarla. Enrique Romans, psiquiatra del Teléfono, y uno de sus pilares más importantes, está convencido de que volverán a ser de utilidad pública «aunque ya nos han advertido que debido a la pandemia todo se está demorando mucho».

Así que mientras esperan esta acreditación, la organización saca pecho del trabajo realizado durante el año de la pandemia. En 2020, el Teléfono de la Esperanza de Burgos atendió 5.284 llamadas, lo que supone el doble de las que se recibieron en 2019, que fueron cerca de las 3.000. De ellas, 12 fueron de personas que expresaron su intención de terminar con su vida y en tres de esos casos fue necesario llamar a Emergencias. En los otros, la palabra al otro lado del teléfono consiguió conjugar los peores augurios.

«En estos casos procuramos establecer en ese momento una especie de terapia, las conversaciones son más largas que las habituales -que suelen rondar los diez minutos- y en ellas tratamos de empatizar con la persona, que nos cuente cuál es la motivación que le empuja a querer terminar con su vida, que suele ser emocional. Por eso, no se trata de razonar en ese momento con ella sino de motivar y empatizar. Y siempre decimos abiertamente la palabra suicidio, alrededor de la cual siempre ha habido un gran tabú, creemos que hay que hablar de forma directa de ello», explica Romans.

Por suerte, estos casos han sido muy pocos con respecto al total de llamadas, en las que el principal problema relatado ha sido la depresión (20%). A este le siguió la soledad (18%) y, después, en menor medida la angustia, la ansiedad y otros trastornos. «El confinamiento empeoró el estado de muchas personas que ya estaban diagnosticadas de depresión y la soledad no fue una buena compañera para muchas de ellas», añade este experto, que afirma que tuvieron dos picos con un elevado número de llamadas: en abril y entre octubre y noviembre.

Los problemas de convivencia han supuesto también un buen número de conversaciones con el Teléfono de la Esperanza. Para Enrique Romans, en muchas casas se creó «la tormenta perfecta» con relaciones de pareja ya deterioradas e incluso en proceso de separación que no pudo concluir con la separación física debido al confinamiento, el teletrabajo y la escuela a distancia de los hijos.

Otro de los programas de esta institución, el denominado Telesol, un servicio de acompañamiento telefónico para personas solas en localidades de la provincia -por lo que reciben una pequeña subvención de la Diputación- también se mantuvo durante los peores meses de la pandemia con 169 beneficiarios directos (con los que se realizaron 5.770 intervenciones) y 23 indirectos, familiares o allegados,  con quienes se hicieron 328 intervenciones.