Pequeños empresarios, de la incertidumbre al miedo

Agencias
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Muchos autónomos viven con preocupación el cese de su actividad y denuncian que las ayudas prometidas por el Gobierno para mantener sus negocios no llegan, por lo que tampoco saben si podrán hacer frente a sus deudas

Los bares en España están cerrados desde el pasado mes de marzo y desconocen aún cuándo podrán volver a abrir. - Foto: Ana M. DÁ­ez

Hace poco más de un mes miles de autónomos y pequeños empresarios cerraron sus negocios por el estado de alarma decretado por el Gobierno. Sus dudas de entonces han tornado ahora en inquietud, miedo o angustia por el paso del tiempo y la falta de certezas sobre el futuro.
Uno de estos emprendedores, Ángel, asegura que no sabía si tendría que hacer un ERTE en su bar del distrito madrileño de Carabanchel, cerrado para contener el avance del coronavirus.Vivía entonces en la incertidumbre de no conocer aún el plan de choque del Gobierno. 
Unas semanas más tarde, las medidas adoptadas ya se han hecho públicas, y Ángel remarca que, «llevo ya varios días poco inquieto, preocupado por el futuro». Finalmente, ha tenido que hacer un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) a su camarero y su cocinera, y afronta casi «250 euros diarios de gastos fijos del bar sin ingresar un céntimo» porque, según lamenta, «no ve que lleguen las ayudas económicas prometidas» por el Ejecutivo de coalición que conforman el PSOE y Unidas Podemos.
Cuenta que «todos los bancos» le han mandado mensajes para solicitar préstamos, pero que el «problema es que los créditos hay que pagarlos y no sabemos con garantías si una vez empecemos a trabajar será igual que antes». De hecho, es algo que ve «imposible por sentido común».
Optimista siempre, confiesa que lo que pasa es que «hay que ser realistas», y señala que es consciente de que su sector, y aquellos relacionados con el ocio, serán de los más afectados cuando todo esto finalice y hasta que no haya una vacuna para ganar «al bicho». La misma sensación constata entre sus colegas de gremio cuando charla con ellos por teléfono. «Ese jiji jaja de los primeros días ha desaparecido», remarca.
«Se nota bastante bajón, todos estamos más preocupados», reconoce. Enmarca la inquietud en que «solo se habla de ayudas», pero «no llega absolutamente nada», aunque subraya que no culpa al Estado «de que esto se retrase».
Para Víctor, socio en un centro de fisioterapia y pilates, la situación tampoco ha mejorado de marzo a abril. En su clínica también hicieron un ERTE alegando fuerza mayor, aunque siguen atendiendo a algún paciente que requiera tratamiento inaplazable y van a comenzar a hacer actividades de pilates online.
«Seguimos con una facturación muy baja, casi un 90 por ciento menos», subraya y, explica que son una actividad que no está «obligada» a cerrar en el estado de alarma al pertenecer al ramo sanitario, algo que también les genera mucha incertidumbre a la hora de pedir ayudas. «Eso nos crea inseguridad de cara a pedir luego apoyos oficiales, porque al no estar obligados a cerrar a lo mejor pueden alegar que hemos echado la persiana porque nos ha dado la gana», apostilla Víctor.
Para subsanar las pérdidas, han llamado a la puerta de varias entidades bancarias para conseguir liquidez a través de préstamos. «Hemos negociado con varios bancos por los créditos ICO y algunos se quieren aprovechar de la situación y vendernos productos financieros como contrapartida», denuncia.
«Imagino que poco a poco iremos subsanando la situación, pero va a pasar bastante tiempo hasta que todo se reactive», pronostica.

 

El miedo de la gente

De la misma opinión es Cassandra, peluquera autónoma, que teme que cuando pueda volver a abrir su negocio se merme el volumen del mismo por el «miedo de la gente».
Además, le parece «increíble», sostiene, que se haya pasado la cuota de autónomos de marzo y que los impuestos vayan a aplazarse, «pero con intereses». «Nos podemos acoger a las ayudas como trabajadores por cuenta propia, pero vamos, que no hemos visto nada aún», denuncia. El Gobierno ha insistido en que nadie se iba a quedar atrás, «pero estamos muy atrás, porque un mes después estamos sin comer».
«No hay lugar a poder enfadarte porque se hagan ERTE, o porque no te exista suficiente información, o porque el Estado todavía no te pague lo que te tenga que abonar. Nadie tiene la culpa, esto es nuevo para todo el mundo», opina, por el contrario, Rebeca. Ella aplicó un Expediente de Regulación Temporal de Empleo que se iba a extender en principio hasta el 26 de marzo en la escuela infantil privada de Madrid que regenta. Sin embargo, un día antes de la fecha fijada de reincorporación decidieron extenderlo hasta finales de mayo.
Señala que, al tratarse de un centro privado que abre todo el año «si nos tenemos que incorporar en julio, pues será en julio», aunque añade que ignora cuándo va a volver a trabajar «y en qué condiciones». «Hay que tener paciencia e intentar ser comprensivo con todo el mundo», afirma.
Comprensión para el sector es lo que pide Carmen que regenta una empresa de servicios culturales enfocada principalmente a museos. Unas instalaciones que les cancelaron su contrato, «sin un tiempo de aviso prudencial para organizarse de otra forma y avisar a sus trabajadores que también quedaron soprendidos». Un mes después, no ha tenido más noticias, ni ha visto respaldado del Gobierno al sector cultural. «Yo me hacía cruces porque todos los días salían en la televisión diferentes ministros y veía que el de Cultura (José Manuel Rodríguez Uribe) hacía mutis por el foro», recuerda.«Al final te das cuenta de que vives en un sector precario y que el mismo organismo que trata tus asuntos considera que bueno, tu realidad es así y hay que aguantarse», indica.
Carmen ve el regreso a la vida laboral «lejano, de cara a septiembre u octubre» porque en los museos, con sus aglomeraciones, fueron «los primeros» en marcharse y serán «los últimos en volver». «Nos tendremos que reinventar», augura.
En este contexto, consideran que, además de la reducción de ingresos que esperan en sus negocios, les preocupa el tema psicológico de los clientes que ya no se van a comportar como antes, por lo que se van a enfrentar a nuevas situaciones para las que quizás no estén preparados.