El yacimiento de la ermita de San Nicolás será un museo

I.M.L.
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La excavación en La Sequera descubre el paradero de un arco prerrománico que se trasladó a la iglesia parroquial y el enterramiento «con cariño» de un feto en la necrópolis

Además del duro trabajo al sol sobre el terreno de la excavación, el equipo atiende a diario visitas de los vecinos de la localidad, dando sentido a la expresión de ‘arqueología comunitaria’. - Foto: Rodrigo C. León

El equipo del yacimiento de la ermita de San Nicolás en la localidad ribereña de La Sequera de Haza afronta la recta final de lo que es su cuarta campaña de excavaciones, en la que se está siguiendo la línea de investigación, consolidación y puesta en valor de los vestigios de lo que fue un asentamiento de población. Sobre el terreno, los investigadores están completando el trabajo iniciado en la necrópolis, con la vista puesta en el legado que se pretende dejar. «Hemos ampliado la zona de necrópolis para tener un conocimiento más amplio de su importancia y del grupo humano que vivió aquí, pero sobre todo es un trabajo de consolidación y de restauración, de preparar para plantear el año que viene la musealización», resume Francisco Reyes, uno de los directores de esta excavación, a la sombra del ábside de lo que fue el templo de este enclave, aventurándose a marcar un plazo de dos años para ver completado el proyecto de musealización de este entorno.

En concreto, el ábside «quedará como un espacio expositivo», especifica Reyes, añadiendo que «se cerrarán perimetralmente los huecos que hay en los muros con un sistema que no es lesivo, con unos perfiles y una tablazón que deje pasar el aire pero que simule lo que era el volumen total de la estructura». También se van a tratar con resinas las estructuras de los enterramientos y las fábricas que se encontraron en el interior de lo que fue la ermita para preservarlas y se adecuará todo el exterior del templo. «Se hará también esta campaña la iluminación tanto interior como exterior y se están haciendo nueve puntos de información, unos atriles que irán desde el pueblo hasta aquí que remiten tanto a los textos que se podrán leer como a unos códigos QR que remiten a la web del proyecto», concluye Francisco Reyes. 

En lo que se refiere a los descubrimientos de esta campaña de excavaciones, el otro director del proyecto, Alberto Polo, destaca que la ampliación del espacio estudiado de la necrópolis no arroja muchas novedades. «Osario, lajas e inhumación, el patrón que ya conocíamos», enumera, ya que cada una de las tumbas antropomorfas que componen este ancestral cementerio han sido muy reutilizadas «con hasta cuatro individuos en su interior» y siguen idénticos patrones de uso.

Eso no quita para que el trabajo sobre el terreno siempre tenga alguna sorpresa reservada para los excavadores. «Hemos encontrado un feto, un individuo que no había llegado a término de gestación, muy pequeñín y dentro de la fosa antropomorfa habían colocado tres piedras y habían hecho una cajita para poderle colocar con cariño», resalta Marta Merino, antropóloga.

En lo que se refiere a la estructura de la ermita, Polo destaca que «se ha abierto el lado sur, teníamos dudas si era puerta o no y hemos corroborado que era una puerta» para acceder a la zona de la necrópolis, y «también hemos despejado a dónde fue esa puerta, que fue a la iglesia parroquial, se la bajaron allí y la reutilizaron, está reconocible».

Lo que llama la atención cuando se va a este yacimiento es que la presencia de vecinos de La Sequera de Haza es habitual, dando sentido al concepto de ‘arqueología comunitaria’. «En clave arqueología, estamos reviviendo un espacio que para ellos tiene un significado, tanto por la parte antropológica como la que me toca más a mí, que es la de estructuras, al final estás recuperando la memoria de un lugar y lo haces con respeto», justifica Diana Morales, arqueóloga.