2003. Aparicio resucita al PP

Á.M.
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La reválida del cambio se pasaba entre un PP volcado en renovarse y ofrecer a uno de sus políticos más contrastados como 'alcaldable' y el regreso de José María Peña, que a punto estuvo de convertirse en el juez de la legislatura

2003. Aparicio resucita al PP - Foto: Alberto Rodrigo

Pocas veces una campaña electoral ha estado tan marcada por el mandato inmediatamente anterior. El resultado de 1999, que acabó con un gobierno continuo de corte conservador, fue también una primera aproximación a la atomización del voto, pero en una clave local que acabó dejando escenas penosas para la historia de la ciudad y un periodo de dificultades en el que el alcalde saliente, Ángel Olivares, se enfrentó a un bloqueo total. Juan Carlos Aparicio, que venía con el marchamo de haber sido ministro de Trabajo con Aznar y de haber cosechado casi 60.000 votos en las generales, sacó petróleo de aquel contexto. Con eso y un incremento de la participación del 7%, el PP recolectó 15.000 votos que se había dejado en el 99 y volvió a la confortabilidad de la mayoría absoluta.

Sobre la mesa, variables muy jugosas que se aderezaron con encuestas, como la de este periódico, que señalaban que el PP acariciaba la mayoría absoluta pero no la tenía atada. El regreso de José María Peña y su Solución Independiente metió el miedo en el cuerpo a los ‘populares’. Restaba saber cómo se comportaría el voto con dos partidos que habían protagonizado el mandato previo, y no precisamente por dar una clase magistral de estabilidad.

Tierra Comunera, que hizo saltar por los aires el tripartito PSOE-IU-TC, perdió 6.000 de los 8.600 votos que lo convirtieron en un partido bisagra en el 99. Pero fue la APBI del hostelero Juan Antonio Gallego, cuyos concejales en el salón de plenos se dedicaron a la bufonada sistemática y a hacer la ingente cantidad de nueve propuestas en cuatro años, quien recibió la repulsa más clara de los electores. Pasaron de tener 9.700 votos a cuenta del ‘telepredicador’ y después prófugo de la Justicia Álvaro Baeza, a recibir apenas 1.000.

2003. Aparicio resucita al PP2003. Aparicio resucita al PP - Foto:

La incógnita de Peña hizo que muchos potenciales ‘concejalables’ del PP tomaran distancias. Así fue como Aparicio se presentó con una lista de jóvenes que acabarían protagonizando la política local en las décadas venideras. Regresó Javier Lacalle -con 33 años, por entonces- y entraron Gema Conde, Ángel Ibáñez o Diego Fernández Malvido, entre otros. Únicamente 10 ediles acabarían repitiendo foto en la Corporación.

Eran los tiempos en los que el presidente del PP, César Rico, prefería Madrid al Palacio del Espolón y en los que el cofundador de VOX José Antonio Ortega Lara formaba en un testimonial puesto 26 de los ‘populares’ pero hacía campaña activa por el Partido. Y eran días en los que la ciudadanía burgalesa, según señalaban las encuestas, tenía preocupaciones muy identificadas.

 

EL SUELO Y LA VIVIENDA. El primero de esos desvelos, para nada menos que el 61% de los consultados, era la vivienda. Los precios estaban en plena escalada y se exigían políticas públicas ciertas para promocionar viviendas de protección pública, pero los signos cruzados en los diferentes ejecutivos no ayudaban nada. Por ese motivo, el PSOE e IU defendían la necesaria intervención local del mercado del suelo.

El cierre de la circunvalación, el futuro del tren (aún se debatía si abortar el desvío), el proyecto del Museo de la Evolución Humana (la gran baza del PSOE) o la inestabilidad política municipal eran otras preocupaciones que cotizaban alto. Se hablaba de un nuevo mercado Sur y de cómo financiarlo, de la necesidad de establecer nuevos corredores interiores para el tráfico (penoso para una ciudad pequeña) y de hacer aparcamientos en Gamonal. El PSOE decía que eran necesarios dos: uno en la calle Vitoria y otro en Lavaderos. El PP intentaría dos años después hacer lo propio en Eladio Perlado con el resultado de los primeros disturbios registrados en Gamonal.

La regularización de las ducas entraba en juego, y con fuerza. Todos querían buscar una solución a miles de votantes. Perdón, de familias. Peña advertía de la necesidad de promover suelo industrial por la vía rápida (llegó a haber carestía de parcelas en los años venideros) y Aparicio se ofrecía como garante de una buena gestión. Las finanzas municipales estaban bien a los ojos de PSOE e IU, que habían logrado gobernar contra los elementos, mientras que para el PP eran un desastre. Ambos se verían abocados pronto a adoptar el discurso contrario.