Burgaleses se ofrecen como temporeros en Caderechas

S.F.L.
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Los productores del valle prevén una buena campaña y calculan que recolectarán unos 200.000 kilos de fruta dentro de la Marca de Garantía. Las especies más tempranas madurarán en torno al 10 de junio

Las cerezas lucen un tamaño semejante al de un hueso de aceituna y podrían dañarse en caso de fuertes lluvias acompañadas de granizo. - Foto: S.F.L.

El estado de alarma en el país ha provocado que multitud de personas hayan perdido sus empleos o que sus jornadas laborales se hayan visto reducidas. La crisis que azota nuevamente a España ya ha comenzado a cobrarse víctimas y la búsqueda de empleo vuelve a convertirse en una carrera de fondo. El campo se convierte en una alternativa y los productores del Valle de Caderechas aseguran que las peticiones de temporeros para acercarse a la zona en época estival para la recogida de la cereza se ha incrementado notablemente y sobre todo las de burgaleses, que otros años eran inusuales.

Las explotaciones son pequeñas y la mano de obra para recoger el fruto suele ser familiar pero siempre se llevan a cabo contrataciones. Gente joven y viajera ha comenzado a contactar con los productores para que les tenga en cuenta en la campaña de recolección. «Antaño acudían a trabajar cuadrillas procedentes de otros puntos de la nación y del extranjero pero en las últimas temporadas ha crecido el interés de los burgaleses», manifiesta el presidente de la Asociación de Productores y Comerciantes del Valle de las Caderechas, Juan José Gandía.

La campaña viene buena y los expertos calculan que se necesitarán alrededor de 100 jornaleros para recolectar los 200.000 kilos del fruto más preciado del territorio que prevén que crezca este año. Los fruticultores, por el momento, no han lamentado grandes perdidas de producción pese a los más de veinte días de adelanto de la floración con respecto a otras campañas, en los que se registraron temperaturas de varios grados bajo cero e incluso una nevada.

Existen fincas que con las heladas de los últimos días de marzo y con el agua de abril han sufrido un merma en la cantidad de cerezas. No ha tenido que ver la zona de ubicación sino más bien la variedad de la fruta y la orientación de la huerta. «En algunas áreas que la flor se había adelantado más el frío dañó el fruto. Otras especies más tardías florecieron después y las lluvias han impedido que polinizaran bien, por lo que la cantidad de cereza es inferior», aclara el fruticultor. La energía del árbol también afecta. Si se mantiene fuerte y bien nutrido aguanta más las condiciones climatológicas extremas que otro que no lo esté.

Desde la asociación calculan que el 25% de los 50.000 cerezos ubicados en el espacio -y que pertenecen a la Marca de Garantía- sufrieron daños en la producción el mes pasado. «Nuestro sector depende totalmente del clima y aún corremos riesgo de perder más fruto», asegura Gandía. El miedo a las bajadas extremas de temperatura ha pasado, aunque los fruticultores son conscientes de que todavía pueden registrarse heladas. Cada mes entraña una preocupación y en mayo corresponde a las lluvias con ‘piedra’, que es como nombran al granizo los vecinos del valle.

En general, los árboles tanto de la zona baja como de la alta lucen un verde digno de admirar. La flor se fue para dar paso a la cereza, que actualmente presenta un tamaño semejante al de un hueso de aceituna.

Las especies más tempranas estarán listas para su recogida en torno al 10 o 15 de junio. A partir de entonces, todo irá en cadena hasta mediados de agosto, que es cuando finaliza la campaña.

Sobre la producción, las previsiones hablan de una mejoría en cantidad con respecto a la de otros años. En 2019 hubo productores que no recogieron ni una sola cereza certificada bajo la Marca de Garantía Cerezas del Valle de Caderechas. Todo un desastre para ellos y su economía. Desde hace cuatro años no han disfrutado de una cantidad rebosante -la cual alcanzaba los 500.000 kilos de cerezas- y pese a las penurias de 2020, marcado por el coronavirus, confían en que su situación de un giro positivo.

Igualmente, los expertos del sector consideran que lo ideal es que crezcan un kilo en un metro de rama y recuerdan que cantidad no significa calidad.

Trampas. La Asociación de Productores y Comerciantes de la Marca de Garantía del Valle de Caderechas ya ha puesto en marcha el proyecto para eliminar la ‘drosophila suzukii’, una especie invasora proveniente de Asia que perjudica de manera severa la cereza de la zona. Para ello, soltarán de manera progresiva una avispilla europea en la zona con el fin de facilitar su asentamiento y la eliminación natural de la mosca asiática.

El proyecto, en el que colabora la Junta, comenzó en 2019 con la instalación de unas 20 trampas que escondía en su interior un atrayente alimenticio. El control de los cepos ha arrancado esta semana y el ensayo se desarrollará en breve. El ingeniero y director técnico de las Marcas de Garantía de Caderechas, Eduardo Hernando, ya monitoriza cada trampa y afirma que ha detectado la presencia de mosca. «Hasta que no esté el conteo, de dos o tres semanas, resultará complicado calcular una cantidad media de la especie invasora», apostilla.