La pandemia permite realizar testamentos sin un notario

F.L.D.
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El Código Civil lo prevé de manera excepcional en caso de epidemia, aunque notarios y abogados apuntan que es una modalidad que nunca se ha visto alerta sanitaria

La pandemia permite realizar testamentos sin un notario - Foto: Ángel Ayala

Hasta ahora sonaba raro hablar de epidemias o de pandemias y tal vez por eso la crisis sanitaria que estamos viviendo estos días nos ha pillado a contrapié, pero hace un siglo y medio era habitual, algo que entraba en los planes de la sociedad. Por eso las leyes contemplaban cualquier situación excepcional, como la posibilidad de tener que hacer un testamento sin necesidad de salir de casa para presentarlo ante un juez o, como en la actualidad, un notario. Esa modalidad sigue vigente en el Código Civil, concretamente en el artículo 701, lo que significa que si una persona tiene de repente la imperiosa necesidad de escribir o dejar constancia de sus últimas voluntades no sería una cuestión de peso para saltarse la cuarentena. Así lo explica José Ángel Basurto, de Aide abogados, en un blog en el que da algunas de las claves para entender esta singularidad jurídica. 

Un testamento en tiempos de epidemia -en este caso de pandemia- no es algo tan sencillo como aparenta. Para darle validez son necesarios una serie de requisitos, empezando por algo tan básico como que la persona que quiere redactar sus últimas voluntades esté en sus cabales. Eso sí, siempre y cuando lo firme en plenas facultades mentales, dará igual si unos meses más tarde las pierde. La segunda condición es tener al menos tres testigos mayores de 16 años que den fe.

Para esta cuestión no vale cualquier persona, sino que tienen que entender el idioma del testador y tener juicio suficiente para desarrollar su labor testifical. Y lo más importante, no pueden ser parte implicada, por lo que se excluyen los herederos, los cónyuges o los parientes cercanos como abuelos, hermanos, primos, nietos y cuñados. A partir de ahí, el legado se puede dejar tanto por escrito como por algún tipo de grabación de voz o vídeo y solo tendrá validez durante dos meses una vez que la epidemia haya concluido. En ese momento, ya será necesaria la participación de un notario que lo eleve a escritura pública. 

Basurto especifica que esta modalidad no implica que el testador esté en su lecho de muerte, ya que para esta situación "hay una forma específica también contemplada en el Código Civil". De hecho, ésta última suele tener más inconvenientes, aunque en la práctica son muy similares. "Antiguamente, como había más epidemias, el peligro de fallecer estaba más claro, pero hoy en día, aunque no tengas el coronavirus, puedes dejar tus últimas voluntades y tendría validez", recalca. 

El notario Fernando Puente reconoce que es algo muy excepcional, tanto, que no le suena que alguna vez se haya llegado a redactar un testamento de este tipo. "Es muy volátil, porque no hay ninguna seguridad de que sea la última voluntad de una persona, por eso, aunque esté contemplado en la ley, se tienen que cumplir una serie de trámites antes de elevarlo a escritura pública". 

José Ángel Basurto también se refiere a la rareza de esta tipología y confiesa que no ha llegado a encontrar sentencias sobre si estaban bien hechos o no, básicamente porque no ha habido epidemias en los últimos sesenta o setenta años. "La gripe española mató a muchas personas en 1918 y puede que fuera uno de los pocos momentos de la historia en los que se pudieron hacer", indica. 
TESTAMENTO OLÓGRAFO  

Puente nunca ha tenido que dar fe de legados en tiempo de epidemia, pero sí de testamentos ológrafos, es decir, aquellos que ha redactado una persona en su intimidad y que salen a la luz tras su fallecimiento. El trámite posterior, apunta, es el mismo: "Hay que acreditar que es la letra del testador y llegar al convencimiento de que recoge   sus últimas voluntades". Entre otros requisitos, éstos solo pueden estar escritos en papel y de forma que no puedan ser borrados; siempre de puño y letra del testador, por lo que no son válidos si están redactados a ordenador o por otra persona. Tampoco pueden presentar correcciones ni tachaduras y deben estar firmados y fechados. 

Basurto considera que el testamento ológrafo es una forma "menos problemática" de dejar constancia de las últimas voluntades que la contemplada en tiempos de epidemia.